Sobre el béisbol, un país unido y las batallas personales
Desde la psicología sabemos que los eventos deportivos tienen una capacidad extraordinaria para activar lo que llamamos identidad social compartida
En palabras muy dominicanas: NADIE NOS QUITA LO BAILAO. Estos últimos días le hemos dado al mundo una muestra fehaciente de la sazón de la República Dominicana.
De un pueblo que pone a Dios en primer lugar, un pueblo que acoge y que abraza, que se levanta para celebrar unido y, también, un pueblo que sabe sostenerse cuando llega la derrota.
¿Y en serio perdimos?, ¿En realidad qué fue lo que se perdió?
Si en este espacio hemos hablado antes del duelo colectivo, esa emoción compartida que se instala cuando algo importante termina o no ocurre como esperábamos, también debemos hablar de las muchas formas en que se fortalece el sentido de pertenencia, de patria, el orgullo profundo de ser parte de algo más grande que uno mismo.
¿Alguna vez te rompiste de verdad?
Apoyo unido
Existen momentos tan maravillosos como los que vivimos en los últimos días, en los que todo parece ponerse en pausa porque hay que apoyar a un equipo que lo está dejando todo, dando de qué hablar frente al mundo. Ese sentido de pertenencia nos forma y nos fortalece.
Somos una mejor nación cuando estas batallas nos recuerdan que “hay un país en el mundo, en el mismo trayecto del sol”.
Desde la psicología sabemos que los eventos deportivos tienen una capacidad extraordinaria para activar lo que llamamos identidad social compartida. Durante estos días no éramos individuos aislados viendo un juego; éramos un país completo latiendo al mismo ritmo.
La gente se abrazaba sin conocerse, celebraba en la calle, en la oficina, en la casa. El béisbol nos recuerda algo que a veces olvidamos en medio de la rutina: que pertenecemos.
La emoción se comparte
Y ese sentimiento de pertenencia tiene un poder enorme sobre nuestra salud emocional. Nos recuerda que no estamos solos, que nuestras victorias se celebran en colectivo y que nuestras derrotas también pueden ser sostenidas entre muchos.
Cuando una nación se reconoce en un mismo símbolo, una bandera, un uniforme, un equipo, ocurre algo profundamente humano: la emoción se comparte y el peso se hace más ligero.
Quizá por eso el béisbol nos toca tan hondo. Porque en cada juego también vemos reflejadas nuestras propias batallas personales: el intento, la caída, la disciplina, la resiliencia, el volver a pararse después de un error.
Cada entrada, cada turno al bate, es un recordatorio de algo que todos conocemos: que la vida también se juega inning por inning.
Así que no, no todo se mide en el marcador final. Lo que vimos estos días fue a un país recordándose a sí mismo quién es. Un país que celebra con música, que sufre junto, que se levanta rápido y que nunca pierde la capacidad de apoyar al suyo.
Por el respeto, gracias equipo. Porque NADIE NOS QUITA LO BAILAO.
Y mientras exista ese orgullo de ser dominicanos, ese calor humano que se siente incluso en la derrota, siempre habrá un próximo turno al bate para volver a intentarlo.
Deja que tu mente hable en voz alta.
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