Cómo hacer que el dinero dé felicidad, no solo alegrías
Para lograrlo, es clave dejar de invertir en satisfacciones momentáneas y empezar a apostar por decisiones que construyan bienestar a largo plazo
En un mundo donde lo material y lo que mostramos da a algunos tantas alegrías es difícil pensar que eso no es felicidad.
Por otro lado, el ranking de los países donde las personas son más felices está basado en cosas que no son tanto de alegrías.
Para mí, por ambos lados hay fallas. Sé que las recompensas, que es el sistema en que está basada gran parte de la crianza y motivación de hoy, causan alegrías, pero pocas veces son duraderas.
Si vemos que el ranking de felicidad mide, por ejemplo, la percepción de la corrupción, nos es difícil pensar que eso se pueda relacionar con estar alegres.
Sí, el PIB por habitante también es medido en ese ranking, pero que sea grande no lleva a las personas a estar alegres. Mucho menos cuando sabemos que ese dinero se concentra en menos manos, y que donde más se gana, todo es más caro.
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Las claves
Sea como sea, lo que deseo dejar aquí es la intención del título, convertir el dinero que recibimos en alegrías duraderas.
Lo podemos lograr teniendo en cuenta lo que nos causa felicidad real y perenne. Y creo que para cada uno es ligeramente diferente; entra en juego la percepción, edad, crianza, posición social, responsabilidad, autoestima, etc.
Una vez escribí sobre la felicidad que da ser frugal. Vemos personas con mucho dinero que viven estresadas y hasta con ansiedad. Por ejemplo, puede ser que tengan que producir todo el tiempo para poder mantener la clase social. O quieren seguir subiendo en dicha escala.
Hablo de la importancia de la edad porque una persona con hijos pequeños tiene unas prioridades de felicidad que no son las mismas que alguien que está en sus jóvenes años asistiendo aún a la universidad. Ni decir de una persona ya retirada.
Lo que sí quiero dejar claro con relación al párrafo anterior: cada etapa la construimos con las acciones de las etapas anteriores. Llegar al retiro y poder disfrutar de los nietos teniendo ingresos suficientes no es lo mismo que cuando al terminar de trabajar nos hacemos económicamente dependientes de los hijos.
Por lo tanto, la felicidad es un estado mental y depende de una construcción perenne. Esa vida feliz tiene que ser visualizada y perseguida. Para ello tendremos que dejar de gastar en alegrías de corto plazo e invertir mejor en los planes de largo plazo.
Cuando vemos la meta a la que deseamos llegar, o las metas cumplidas, podemos ser felices, disfrutando de lo logrado. Siempre y cuando, retorno al principio básico, lo logrado sea principal y lo por lograr solo sea una buena motivación para no paralizarnos en una estrecha zona de conformidad.
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