El periquito de hablar dominicano

Si conocemos sus rasgos con consecuencias ortográficas, estaremos más atentos a posibles errores

En el español dominicano nuestra forma de hablar es tan nuestra como el aire que respiramos. (Shutterstock)

La mención del Caribe suele traer aparejado cierto grado de fascinación para quienes no son caribeños o no viven en las tierras bañadas por este mar, una imagen mítica de paraíso terrenal que hemos heredado históricamente.

Más allá de mitos muy aprovechables turísticamente, es una región preñada de historia y cultura. En el Caribe que habla español, esta historia y esta cultura han trazado una de las características que mejor identifica a un caribeño: su forma de hablar.

Ya sean las Antillas o las costas continentales, las variedades dialectales que se hablan en esta zona geográfica comparten un puñado de rasgos que, en su conjunto, les dan su personalidad propia.

El español hablado en el Caribe destaca por haber recibido, y seguir haciéndolo, una particular fusión de influencias en su léxico: las lenguas originarias y las lenguas de los esclavos africanos; migraciones de muy diverso signo, como la cocola; más reciente en el tiempo, pero no menos destacada, la de millones de caribeños hacia otros países del mundo, particularmente los Estados Unidos de Norteamérica.

Sin embargo, si hay algo que singulariza a un caribeño es su forma de pronunciar el español. El reto aparece a la hora de escribir.

No estamos solos en esto; también otras variedades dialectales de nuestra lengua comparten el desafío que representa aplicar correctamente una ortografía común cuando nuestra pronunciación no se corresponde con la escritura; para referirnos solo a algunas de estas variedades habladas en España, de eso saben bien andaluces, canarios o murcianos.

Nosotros barremos para casa y tomamos como ejemplo el español dominicano. Si conocemos sus rasgos con consecuencias ortográficas, estaremos más atentos a posibles errores. Les propongo un repaso rapidito.

El seseo, o igualar en la pronunciación lo que escribimos con ese, zeta y ce más -e o -i. Un dominicano pronuncia igual tasa y taza, sima y cima. Por lo tanto, ojo con estas tres letras en la escritura.

La aspiración o la eliminación de la ese a final de sílaba o palabra, esa forma de hablar «comiéndonos» las eses.

Quizás es esta la que presenta mayor dificultad a la hora de escribir, porque, si habitualmente no la pronunciamos, solemos olvidar o desconocer que la ese está ahí. Si pronunciamos igual pescado y pecado, no está nunca de más una especial aplicación al escribir.

El yeísmo, o igualar en la pronunciación lo que escribimos con ye y doble ele. Para un dominicano es idéntico el sonido de rallar y rayar. Cuando nos toque escribir estas letras debemos prestar atención.

La neutralización de la ele y la erre en posición final de sílaba, o lo que es lo mismo, eso a lo que llamamos comúnmente «hablar con la ele o con la erre». dependiendo de nuestra variedad.

Los dominicanos tienen un escollo con estas letras en la escritura porque para muchos alma y arma se pronuncian igual; unos dirán /alma/ y otros /arma/, pero la dificultad, y la atención que deberán prestar a la hora de escribir, es la misma.

Nuestra forma de hablar es tan nuestra como el aire que respiramos. Nuestra forma de escribir debe adecuarse a unas normas comunes, establecidas por la ortografía, que garantiza que en la escritura nuestra lengua siempre se represente igual.

¿Y es fácil?, me dirán. Algún periquito tenía que tener ser caribeño.

María José Rincón González, filóloga y lexicógrafa. Apasionada de las palabras, también desde la letra Zeta de la Academia Dominicana de la Lengua.