Come on baby, light my fire!

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Al leer este clásico estribillo de una de las canciones más emblemáticas de todos los tiempos, pensamos en lo sensual y erótico del tema y en la majestuosidad de la vocalización. Al encender las pasiones de un mortal surgen sensaciones que sólo pueden describirse con el pleno disfrute de la actividad; las palabras sobran.

Al encender un puro debemos de seguir ciertas reglas para llevar el ritual a un exitoso término. No debemos apresurar "la candela" ya que podríamos quemar la punta del cigarro y convertir su sabor y aroma en carbono. Esto daría una sensación de "ahumado" hasta el final de la calada y no dejaría apreciar sus cualidades. Para llevar a buen término el tórrido romance, que empieza con el encendido y termina dejándose morir en el cenicero, hagamos lo siguiente: • No deje que la llama toque el puro; lo quema. • No sostenga el puro con la boca; manténgalo agarrado por la perilla en un ángulo de 45 grados. • Dé vueltas al puro en lo que lo enciende; esto le dará un tiro uniforme y "Come on baby, ligth my fire!".

Luego del encendido no se desespere y "tire" bocadanas ligeras al tiempo que gira el puro. Encenderlo es un arte sutil y no debe hacerse sin prestar la atención debida a los detalles.

Con el rito del encendido, el fumador muestra respeto y aprecio por la pieza artesanal que le ofrecerá el más gratificante instante de placer.

Como los animales con "pedigree", poseedores de razas con casta, los cigarros demuestran su calidad a través de la ceniza. Esta es el resultado de la combustión natural luego del encendido, que puede tornarse de diferentes formas y si el puro está bien enrollado, ésta puede llegar a medir, sin desprenderse, tres pulgadas.

También el color que toma es importante a la hora de medir la calidad del puro. La ceniza debe ser del más claro gris y no debe tomar diferentes tonos oscuros ya que esto demuestra que la mezcla de las hojas no tenía la calidad deseada.

Otro indicador de la calidad es el resoplado, un puro de calidad superior puede permanecer por intervalos de tres a cinco minutos sin necesidad de tiro y mantener las cualidades ardientes. Si se apaga no se asuste, quizá excedió el tiempo del tiro. En este caso, reinicie la parafernalia del encendido sacudiendo las cenizas y calentando el pie del puro, para de nuevo "Come on baby, ligth my fire!". Siempre que haga esto recuerde no dejarlo para el otro día ya que el cigarro "trasnochado" pierde todas sus cualidades.

Para hacernos expertos en el arte de encender nuestros puros, debemos tener los instrumentos de fuego necesarios. Podemos hacerlo con fósforos largos que no contengan azufre y con encendedores de llama a presión, ya que no destilan el olor a bencina. No use velas.

Al dar vida al puro tras encenderlo, recuerde que la pasión y la sensualidad son factores que enloquecen tanto al puro como a los seres humanos.