Yokaira Martínez, la doncella del acordeón que apuesta por la educación en la música típica
La artista, que comenzó a los 13 años de la mano de su padre Ramón Martínez, ha escrito doce libros y pide al Ministerio de Educación incluir el acordeón en las escuelas
Yokaira Martínez tenía apenas 13 años cuando decidió que su vida estaría ligada para siempre al merengue típico.
Marcada por la influencia de su padre, el músico Ramón Martínez, abrazó el acordeón como su instrumento y hoy es una de las protagonistas del género primario del merengue dominicano.
Conocida artísticamente como La Doncella del Acordeón, no solo ha desarrollado una carrera como intérprete, cantante y compositora, sino que también ha asumido la enseñanza musical como una misión.
Junto a su padre, y con el respaldo de familiares y amigos, dirige labores formativas en la comunidad de Bayona a través de la Escuela de Música Perico Ripiao, donde niños, niñas y adolescentes reciben formación.
“Yo comencé a la edad de 13 años, de la mano de mi padre, Ramón Martínez, en la Escuela de Música Perico Ripiao. Mi padre siempre ha sido mi norte a seguir”, cuenta en una entrevista concedida a Diario Libre.
La artista explica que de él aprendió no solo el acordeón, sino también la disciplina y el compromiso con la enseñanza musical. Esa herencia la ha llevado a escribir doce libros dedicados al aprendizaje del instrumento y del merengue típico.
Educación musical
Consciente de la importancia de la educación para preservar la cultura nacional, Martínez desarrolló su propio método de aprendizaje musical con el acordeón. Antes impartía clases con un manual elaborado a partir de ideas de otros autores, pero decidió estructurar su propio sistema pedagógico.
“Yo tengo que hacer un manual con mis propias ideas”, recuerda que pensó en ese momento.
Al acercarse al Ministerio de Educación antes de concluir el libro, recibió una respuesta que la marcó: le indicaron que el merengue típico era una música empírica, sin maestros ni libros que la enseñaran formalmente. “Es verdad, tienes razón, le dije. No había maestros preparados ni había libros”, admitió.
Hoy la realidad es distinta. La Escuela de Música Perico Ripiao cuenta con docentes formados y el método ya está disponible. Lo que falta, sostiene Yokaira, es la articulación entre la escuela, el libro y el Ministerio para que el acordeón sea incorporado formalmente en las bandas escolares.
“Deben incluir la música típica dominicana, nuestro Perico Ripiao, e integrar el acordeón. Ya los libros están preparados”, afirma.
En la escuela, ubicada en la calle Evangelista Encarnación número 11, en Bayona, las clases se imparten cada domingo de 9:00 de la mañana a 12:00 del mediodía. El único requisito para ingresar es tener el instrumento e inscribirse. Y aceptan niños desde que aprenden a leer.
“Todo el sector de Bayona aprende a tocar. Yo digo que desde el vientre de su madre, porque están escuchando la música típica desde la barriga”, comenta con orgullo.
Alcance internacional
Más allá del aula, Yokaira Martínez ha llevado el merengue típico a escenarios internacionales. Ha viajado a Francia, Canadá, México y Colombia. En este último país participó en un congreso de mujeres acordeonistas organizado por la Fundación de Cuplun.
“Cada vez que viajo fuera, la gente se vuelve loca con el merengue típico porque es un ritmo muy alegre, muy contagioso”, señala.
Para ella, el auge actual del género se debe en gran medida a las redes sociales y al internet. Considera que plataformas como YouTube han impulsado la difusión de un ritmo que durante años tuvo escasa presencia en los medios tradicionales.
“Actualmente estamos en el mejor momento para la música dominicana”, sostiene.
En los próximos meses tiene prevista una nueva invitación a Colombia, al Festival de las Mujeres, a celebrarse en Valledupar.
Carrera y liderazgo
En el plano artístico, la acordeonista asegura atravesar su mejor etapa. Además de intérprete, es cantante y compositora. Ha grabado alrededor de 20 canciones de su autoría y trabaja actualmente en un nuevo tema titulado Amores, una fusión del ritmo típico con el vallenato colombiano.
“Mis canciones se caracterizan por tener un estilo propio, sin perder la tradición dominicana, sin perder esa esencia del merengue típico, pero con letras positivas y buena música”, explica.
En sus presentaciones, dice, el público acude a escuchar sus propias composiciones, entre ellas Ay qué gustico y Lo quiero para mí, además de otros merengues típicos que ha grabado.
Martínez también ha asumido la gestión directa de su carrera. Coordina entrevistas, actividades y proyectos. Asegura que no ha sido un camino difícil, en parte por el acompañamiento constante de su padre.
“Yo pienso más en lo que es la carrera artística y en la difusión del merengue típico”, indica, al explicar que prioriza el crecimiento cultural por encima de lo económico.
Al hablar de referentes, menciona con admiración a Fefita La Grande. Para ella, la veterana artista abrió puertas en un género históricamente dominado por hombres.
“A ella las mujeres le debemos mucho, porque anteriormente decían que solo los hombres podían tocar. Ella rompió todos esos obstáculos”, afirma.
Yokaira Martínez continúa así su doble apuesta: consolidarse como figura del merengue típico y, al mismo tiempo, garantizar que nuevas generaciones aprendan el acordeón con método, disciplina y orgullo por la identidad cultural dominicana.