El teatro que encendió la independencia dominicana
Varios dramaturgos analizan cómo el escenario se convirtió en herramienta política en la gesta del 27 de febrero
A propósito de la celebración este viernes 27 de febrero del 182 aniversario de la Independencia de la República Dominicana de Haití, los dramaturgos Carlos Espinal, Giovanny Cruz, Basilio Nova y Fausto Rojas analizan el rol que jugó el teatro en la gloriosa gesta liderada por los padres de la Patria, Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella.
El siglo XIX: revoluciones, cultura y escenario
En el siglo XIX se produjeron grandes cambios sociales y literarios. En medio de revoluciones y transformaciones políticas, el teatro desempeñó un papel importante en lo que posteriormente sería la República Dominicana.
En la isla de Santo Domingo, el ejército napoleónico liderado por el general francés Jean-Louis Ferrand (1804-1809) impuso la cultura francesa para adoctrinar a los ciudadanos y mantener influencia y vínculos sociales bajo el pretexto de educarlos, una iniciativa que dio muchos resultados en Francia.
La huella francesa comenzó a desarrollarse en Santo Domingo con la instalación del primer teatro, creado por militares en 1804 en el convento Regina Angelorum, en la Ciudad Colonial.
En ese recinto, que era un almacén de artillería, se presentaban dramas y comedias dirigidos fundamentalmente a una clase social alta. Sin embargo, en otros estratos sociales, en plena ocupación haitiana (1822-1844), la juventud revolucionaria desarrollaba un teatro paralelo, liderado por Juan Pablo Duarte, utilizando la dramaturgia y la actuación para llevar el mensaje del movimiento patriótico La Trinitaria que desembocaría en la Independencia y el nacimiento de nuestra identidad.
Los gestores de ese teatro, al ser descubiertos por los haitianos, fueron perseguidos y sus espacios clausurados; sin embargo, la agenda continuó en la clandestinidad.
Las sociedades La Trinitaria (16 de julio de 1838), La Filantrópica (1840) y La Dramática (1842), fundadas por Juan Pablo Duarte, se convirtieron en los escenarios idóneos para el desarrollo del teatro, sustentado en la propaganda para la creación de la conciencia sobre la necesidad de lograr la separación de Haití. Sus actores utilizaban sus propios atuendos y, con una escenografía minimalista, llevaban el mensaje a pequeños grupos que posteriormente socializaban el contenido.
A pesar de la persecución de las autoridades haitianas, los gestores de la Independencia no se detuvieron y, a través de la sociedad La Filantrópica (ya habían cerrado La Trinitaria), la lucha política siguió; pero esta también fue clausurada, dando pie a la fundación de La Dramática, sala que existe actualmente en el Palacio de Bellas Artes. De acuerdo con investigaciones publicadas, allí se presentaban comedias, tragedias y se declamaban poesías patrióticas de Francisco de Paula Martínez de la Rosa, del dramaturgo italiano Vittorio Amedeo Alfieri, Antonio Saviñón Yánez y Eugenio de Ochoa (1835), entre otros.
Consolidación del teatro dominicanoTras la Independencia de 1844, el teatro dominicano comenzó a consolidarse con la creación de diversas sociedades culturales que impulsaron salas y espacios escénicos. En 1854, la Sociedad Amantes de las Letras estableció un teatro en un local rentado, donde se estrenaron las primeras obras escritas por dominicanos, como Antonio Duvergé, de Félix María del Monte, y El Conde de Leos, de Francisco Javier Angulo Guridi.
En 1859 se les concedió el exconvento de la Compañía de Jesús para instalar un teatro formal. Más adelante, el comerciante Manuel Guerrero acondicionó la antigua Cárcel Real como sala teatral con 300 butacas, palcos, balcones, platea y camerinos, respondiendo a la preferencia del público por espacios cerrados.
En 1867 surgió la sociedad La Republicana, que abrió un teatro propio en Santo Domingo, convirtiéndose en el principal escenario de representaciones dramáticas del momento. Entre 1877 y 1898 proliferaron compañías y salas en distintas provincias, como La Fraternidad, Amantes de Talia, Teatro Heureaux y Juventud, consolidando el teatro como símbolo de civilización, progreso y libertad en la República Dominicana del siglo XIX.
Tras la Independencia de 1844, el teatro dominicano comenzó a consolidarse con la creación de diversas sociedades culturales que impulsaron salas y espacios escénicos. En 1854, la Sociedad Amantes de las Letras estableció un teatro en un local rentado, donde se estrenaron las primeras obras escritas por dominicanos, como Antonio Duvergé, de Félix María del Monte, y El Conde de Leos, de Francisco Javier Angulo Guridi.
En 1859 se les concedió el exconvento de la Compañía de Jesús para instalar un teatro formal. Más adelante, el comerciante Manuel Guerrero acondicionó la antigua Cárcel Real como sala teatral con 300 butacas, palcos, balcones, platea y camerinos, respondiendo a la preferencia del público por espacios cerrados.
En 1867 surgió la sociedad La Republicana, que abrió un teatro propio en Santo Domingo, convirtiéndose en el principal escenario de representaciones dramáticas del momento. Entre 1877 y 1898 proliferaron compañías y salas en distintas provincias, como La Fraternidad, Amantes de Talia, Teatro Heureaux y Juventud, consolidando el teatro como símbolo de civilización, progreso y libertad en la República Dominicana del siglo XIX.
El teatro y la identidad dominicana
Sobre el tema, los dramaturgos Giovanny Cruz, Carlos Espinal, Basilio Nova y Fausto Rojas, quienes han tenido un rol destacado en las artes escénicas, abordaron la relación entre el teatro y la Independencia dominicana.
Giovanny Cruz: “La independencia nació en el escenario”
El experimentador Giovanny Cruz, dramaturgo, actor y director, explicó: “Nuestra revolución independentista es única, porque no existe otro precedente en la Historia de la Humanidad de un episodio de este tipo cuyos gestores se despojaron de túnicas romanas, de coturnos, de calzados y pertrechos militares de utilería, dejaron la ironía tras bastidores y abandonaron la quimera de escenarios para, exactamente desde allí, irse al combate por la patria en los escenarios reales de la guerra.
Si bien es cierto que Cristóbal Llerena es el primero en utilizar en el Nuevo Mundo el teatro como instrumento de protesta comprometida, corresponde a Duarte el primer uso dado al teatro en nuestro continente como un arma política y revolucionaria. Y más que el primero, ha sido el único en hacerlo en tal dimensión”. Duarte conformó la Sociedad Secreta La Trinitaria el 16 de julio de 1838, en la calle Arzobispo Nouel, frente a la Iglesia del Carmen, en el hogar de Juan Isidro Pérez de la Paz. Eran tan jóvenes los allí reunidos que a la revolución se le llamó “la revolución de los muchachos”. Duarte tenía apenas 18 años.
En 1840 se creó la Sociedad Filantrópica, cuyo fin real era adoctrinar y propagar las ideas nacionalistas. Funcionaba en la actual calle Pedro Alejandrino Pina y utilizaba el lema: Paz, Unión y Amistad. La conciencia definitiva recaería en la Sociedad Dramática.
Entre sus actores estuvieron Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandrino Pina, Félix María del Monte, Juan Evangelista Jiménez, Luis Betances, Tomás Troncoso, Joaquín Lluberes, Francisco Martínez de León, Remigio del Castillo, Fernando Serra, Silvano Pujols y otros.
Destaca el nombre de la actriz venezolana Cecilia Baranis, así como el actor José Ferrer, quien habría dirigido obras como Bruto o Roma Libre, Un día de octubre del año 1823 en Cádiz y La viuda de Padilla. “Llegado el momento, los actores se quitaron sus túnicas romanas y las botas españolas, abandonaron sus rifles de utilería y bajaron del escenario para gritar ‘¡Guerra!’ en el campo real”, afirmó Cruz. Y recordó los versos de Duarte: «Por Patria, por la cruz y su gloria denodados al campo marchemos, si nos niega el laurel la victoria del martirio la palma alcancemo".
Carlos Espinal: “Sin cultura no existe la patria”
El dramaturgo, actor y director Carlos Espinal subraya que el teatro no fue un simple recurso artístico dentro del proceso independentista, sino una herramienta estratégica para la formación de conciencia nacional. Para él, el movimiento escénico ha estado ligado históricamente a los momentos más determinantes del país.
“El teatro, como movimiento cultural, siempre ha estado muy de cerca y profundamente unido a todas las transiciones y a los momentos especiales y decisivos del pueblo dominicano. Tal es así, que, en el movimiento independentista, el teatro jugó un papel preponderante para llevar el mensaje a toda la población y transmitir la importancia de lograr nuestra independencia y conformar la nación que somos hoy día”, afirmó Carlos Espinal.
Destacó que los trinitarios, encabezados por el patriota Juan Pablo Duarte, siempre estuvieron muy conscientes de la importancia de la cultura en la formación de nuestra nación en todos los sentidos.
En ese proceso de construcción nacional, el movimiento teatral fue protagonista. Esto nos enseñó que sin cultura no existe la patria; no existe una nación. “Todos sabemos cómo los trinitarios incorporaron las obras de teatro y la representación escénica para llevar al pueblo el verdadero mensaje de independencia. De la misma manera, el teatro ha desempeñado una labor significativa en todos los momentos de crisis que ha vivido nuestra nación. Ha sido un vehículo para concientizar, para formar, para mostrar y para defender los valores de nuestra patria”, sostuvo. Manifestó.
“Como teatrista, esto representa un gran compromiso ante la patria y ante el público que cree y ama el teatro. El teatro, además de ser un vehículo de entretenimiento, cumple múltiples funciones. Me siento eternamente orgulloso y agradecido, porque gracias al teatro, en gran medida, se logró el propósito de nuestra independencia, razón por la cual hoy nos llamamos dominicanos”.
Para Espinal, el legado de aquella generación no solo se mide en hechos militares o proclamaciones políticas, sino también en el uso consciente del arte como instrumento de transformación social y afirmación identitaria.
Basilio Nova: “Duarte utilizó el teatro como eje estratégico”
Basilio Nova explicó que Duarte, tras viajar por Europa y Estados Unidos, comprendió el poder del teatro como instrumento de concienciación. “La Dramática fue un organismo cultural empleado por Juan Pablo Duarte para contribuir a la separación del yugo haitiano”, afirmó. Recordó que Duarte dirigía los espectáculos y también hacía de apuntador tras bastidores.
“La República Dominicana es el único país que ha contado con el instrumento fuerte del teatro como aliado estratégico para su independencia. Sin miedo a equivocarme, nuestra independencia nació en el escenario”.
Fausto Rojas: “Desde allí se abrieron las puertas a nuestra libertad”
“El teatro fue la herramienta que usó Juan Pablo Duarte para concientizar a la nación sobre la ocupación haitiana”, sostuvo Fausto Rojas.
Añadió que desde La Dramática se difundieron ideales independentistas a través de obras como La viuda de Padilla y Roma libre. “Este movimiento cultural y político fue crucial para la independencia nacional en 1844”.
Un escenario que sigue latiendo en la memoria nacional
- A 182 años de aquella noche del 27 de febrero, la historia vuelve a recordarnos que la Independencia no solo se proclamó en la Puerta del Conde. Antes hubo palabras ensayadas, símbolos compartidos y un público que aprendió a reconocerse como nación desde un tablado.
- El teatro fue aula, refugio y plataforma de conciencia en tiempos de ocupación. Lo que comenzó entre túnicas romanas y escenografías austeras terminó convirtiéndose en un compromiso real con la libertad.
- Los actores bajaron del escenario, pero el mensaje permaneció. Hoy, cuando se izan las banderas y se entonan himnos, también resuena esa otra memoria: la del arte que ayudó a formar ciudadanía y a darle voz al sentimiento patriótico. La Independencia dominicana tuvo muchos protagonistas; entre ellos, el teatro ocupa un lugar silencioso pero decisivo.
- Porque, como coinciden los dramaturgos consultados, la nación también se construyó desde la escena.