Solly Durán impulsa el teatro de improvisación en RD y transforma la comunidad artística

The Studio, fundado por la actriz, ha crecido de un experimento a un fenómeno cultural en solo cuatro años, atrayendo a cientos de asistentes cada semana

En un espacio que parece más la sala de una abuela que un escenario convencional, la actriz dominicana Solly Durán ha logrado lo que pocos proyectos culturales consiguen: construir comunidad, formar talento y redefinir la experiencia teatral contemporánea en República Dominicana.

Ese espacio se llama The Studio, y más que un lugar, es una declaración de principios.

El origen: una alfombra, unas sillas… y una intuición.

No hubo estrategia de lanzamiento, ni inversión inicial, ni siquiera un plan claro. Hubo, en cambio, intuición.

“Esto comenzó súper improvisado. Yo busqué una alfombra de mi casa, sillas de casa de mi abuela… porque no tenía nada planificado. Era como un test”, recuerda Durán.

Aquella prueba, casi íntima, convocó a unas 30 personas en su primera noche. Para la siguiente semana, el número se había multiplicado. Luego vendrían jornadas de hasta 100 asistentes, muchos llevando sus propias sillas ante la falta de mobiliario.

Lo que inició como un experimento doméstico se transformó, sin proponérselo, en un fenómeno cultural sostenido. Cuatro años después, The Studio se mantiene activo de manera ininterrumpida, algo que la propia actriz reconoce como una hazaña dentro del ecosistema artístico.

Ni teatro ni bar

Definir The Studio en términos tradicionales resulta insuficiente. No es teatro, pero tampoco deja de serlo. No es un bar, aunque lo habita la informalidad social de uno.

“Es una academia, pero los miércoles se transforma en otra cosa”, explica. “Es como un bar-teatro, pero súper chill… un espacio donde la gente va a jugar a improvisar, sin presión”.

El concepto rompe con la solemnidad escénica y propone una experiencia horizontal: actores profesionales, principiantes y curiosos comparten el mismo terreno creativo. No hay jerarquías rígidas, ni expectativas formales. Solo el acto de crear en tiempo real.

La referencia constante de Durán, “la sala de tu abuela”, no es casual. Habla de cercanía, de confianza, de un arte despojado de artificio.

El nacimiento del proyecto no puede desligarse del contexto global que lo precede. Tras la pandemia, muchos artistas se enfrentaron a la incertidumbre. Durán, en cambio, encontró un punto de partida.

“Dicen que cuando hay cambios drásticos, uno saca la creatividad”, afirma. “Yo vine al país, abrí la academia sin saber qué iba a pasar… y gracias a Dios fue un éxito”.

A partir de ahí, decidió ir más allá: crear algo que no existía en el panorama local, ni siquiera en formatos similares a nivel internacional: un espacio abierto de improvisación donde cualquiera pudiera participar.

Así nacieron los “Miércoles de Improv”, hoy columna vertebral del proyecto.

Impacto real

El éxito de The Studio no se mide únicamente en asistencia, sino en transformación.

El proyecto ha contribuido a visibilizar la improvisación como disciplina artística en República Dominicana, ha generado una nueva comunidad de intérpretes y ha servido como plataforma de lanzamiento para talentos emergentes.

Pero quizá su mayor logro es humano.

“Tengo personas de 60 o 70 años cumpliendo su sueño de actuar por primera vez”, cuenta Durán. “Gente que cambió su vida gracias a la improvisación. Eso es lo que más me llena”.

En un país donde el acceso a las artes escénicas suele estar limitado por estructuras formales, The Studio introduce una democratización radical del arte: cualquiera puede entrar, participar y descubrir una vocación.

La experiencia dentro del espacio llevó a Durán a identificar una carencia estructural en la industria: talento sin visibilidad.

Lejos de limitarse a la formación, decidió intervenir en el siguiente eslabón de la cadena: la representación.

“Yo veía tanta gente con talento que no tenía visibilidad… y dije, en vez de quejarme, voy a ser parte del cambio”.

Así nació su agencia, desde donde ha impulsado carreras que ya comienzan a insertarse en producciones cinematográficas y televisivas, tanto locales como internacionales.

Abrirse paso en EE. UU.

La historia de Durán no comienza en The Studio. Su trayectoria internacional incluye participaciones en producciones estadounidenses, entre ellas la aclamada serie Orange Is the New Black.

Pero llegar ahí implicó atravesar un camino marcado por la precariedad y la exclusión.

“Cuando me fui a Nueva York, no conocía a nadie, no dominaba el idioma, el dinero no alcanzaba… había días que comía la mitad de una ensalada para guardar la otra mitad para la noche”.

A esto se sumaba un problema estructural en la industria: la representación limitada de actores latinos.

“Antes los papeles eran muy estereotipados: sirvienta, prostituta, la latina sexy… pero eso ha cambiado mucho”.

Series como Orange Is the New Black marcaron un punto de inflexión al ofrecer personajes más complejos y diversos, abriendo nuevas posibilidades para intérpretes latinoamericanos.

En la actuación, el rechazo no es eventual: es sistemático.

“Vas a recibir 200 ‘no’ y un ‘sí’. No es personal”, afirma con contundencia. “A veces es por físico, por perfil… hay que entender eso para poder seguir”.

Su visión desmonta la idea romántica del éxito artístico y la reemplaza por una lógica de resistencia y constancia.

Cada audición, más que una evaluación definitiva, es una oportunidad acumulativa.

Vas a recibir 200 ‘no’ y un ‘sí’. No es personal. A veces es por físico, por perfil… hay que entender eso para poder seguir Solly Durán Actriz dominicana que ha triunfado en EE. UU.

La lección de Vin Diesel

Una de las anécdotas que más la marcó proviene de su interacción con el actor Vin Diesel.

Según relata, al inicio de su carrera, Diesel enfrentaba una problemática similar: no encajaba en categorías raciales claras para los procesos de casting.

Su respuesta fue radical: crear su propio contenido. “Eso me enseñó que si no te abren la puerta… tú la rompes”.

La filosofía resuena directamente con lo que Durán ha construido en República Dominicana: espacios que no existían, oportunidades que no estaban dadas.

El cine dominicano

Sobre la industria local, su mirada es equilibrada.

Reconoce avances significativos impulsados por la ley de cine, especialmente en la llegada de producciones internacionales y la diversificación de contenidos, pero también señala que aún queda camino por recorrer.

“Ha crecido mucho… pero todavía falta. Lo importante es que estamos evolucionando”.

El futuro inmediato de Durán se mueve en dos direcciones: internacional y local.

Por un lado, adelantó su participación en una nueva película internacional que se rodará en República Dominicana, con un elenco de alto perfil.

Por otro, prepara nuevas propuestas para The Studio, prometiendo formatos innovadores aún inexistentes en el país.

“Tengo varios conceptos guardados que voy a lanzar este año”.

Cuando se le pide definir su legado, no duda. “Impacto”.

No se trata únicamente de una aspiración, sino de una constatación. A través de su trabajo, en escenarios, aulas y espacios alternativos, Solly Durán ha logrado algo que trasciende la actuación: transformar vidas desde el arte.

Y en ese proceso, también ha redefinido lo que significa crear en el Caribe contemporáneo.

Periodista dominicano con un máster en Comunicación Integral Avanzada y Marketing Digital cursado en Madrid, España. Actualmente se desempeña como redactor senior en Diario Libre. Cuenta con una sólida trayectoria en coberturas nacionales e internacionales, representando al país en eventos realizados en Corea del Sur, México y España. Su experiencia profesional también abarca la TV y la participación como jurado en eventos de relevancia cultural, entre ellos el “Festival de Cine Fine Arts: Hecho en RD”.