Ateneo Insular celebró su encuentro literario de abril

La actividad, celebrada en el Centro de Espiritualidad San Juan de la Cruz, rindió homenaje a la escritora Emelda Ramos por su trayectoria y su contribución al arte de la creación verbal

La escritora dominicana Emelda Ramos recibió una presea de reconocimiento en el encuentro de abril del Ateneo Insular. (Ateneo Insular)

Celebrado el sábado 11 de abril de 2026 en el Centro de Espiritualidad San Juan de la Cruz, ubicado en El Caimito de la Penda, esta nueva actividad del Ateneo Insular fue dedicada a la grandiosa escritora Emelda Ramos.

La narrativa de Emelda Ramos

Siempre tomando en cuenta que «los encuentros literarios del Ateneo Insular constituyen una plataforma operativa para fortalecer la formación intelectual, estética y espiritual, motivar el arte de la creación y promover la literatura trascendente a la luz del ideario estético del Interiorismo» —acotaciones del maestro Bruno Rosario Candelier en cada invitación—, las ponencias fueron asignadas y presentadas por los ensayistas con humildad esmerada.

Luis Quezada Pérez, por ejemplo, destacó de la novella Burn the river! (¡Quemen el rio!): «El “sitz im leben” (contexto vital) de la narrativa que nos ocupa, es la primera intervención norteamericana a República Dominicana, en 1966, contada 50 años después, en 1966, después de haber vivido la experiencia de una segunda intervención yanqui en 1965».

Dijo que «hoy, en el 2026, 110 años después de los hechos y 60 años después del recuerdo de los hechos, nos adentramos en una novela histórica, escrita por una excelente escritora de nuestro país, Emelda Ramos, nacida en Salcedo en 1948 y que en su haber narrativo cuenta ya con varias novelas y cuentos que la consagran como una excelente escritora creativa dominicana».

  • «Esta novela que analizamos hoy, de 105 páginas, impresa por Editora Búho en agosto de 2023, con diagramación y arte de portada de Ludwig Medina, está estructurada en 9 capítulos, donde el incendio que se acerca es el corazón de la novela. Presenta, asimismo, un índice de imágenes que preceden cada uno de los 9 capítulos narrados, cuya imagen central es Rio en llamas, simbolizando a “la gavilla luminosa”, en feliz expresión de Grey Coiscou Guzmán, citada por la narradora salcedense», apuntó Luis Quezada.

«En una nota aclaratoria que aparece al principio de la obra, la autora nos dice: “En esta breve novela, los nombres de los personajes son reales, todos vivieron, incluso algunos muy de cerca de quien ha cosido estos testimonios inéditos, de la época de la primera intervención norteamericana […]. Estamos pues ante una novela histórica, de raigambre existencial para la autora, pues se trata de “el reencuentro con la historia”, tal como titula su cierre en el capítulo IX».

Agregó que «estamos ante una novela guagüera, porque comienza y culmina con una guagua»: «La novela es un viaje en el tiempo. Una cita de Eduardo Galeano, en el cap. V es elocuente: “Con hilos de palabras vamos diciendo, / Con hilos de tiempo vamos viviendo (p. 63)”».

En la intervención de Vianibel Valerio, sobre De oro, botijas y amor, de Emelda Ramos, esta escritora manifestó: «Mientras leía, hubo una imagen que empezó a coquetear conmigo, la de aquello que muchos creen que está sepultado, pero que siempre encuentra la forma de manifestarse. Al reflexionar, entendí que esa reincidencia tenía una razón de ser: el libro parece recordarnos que en la tierra y en el agua se preservan, junto a sus elementos visibles, la historia, los deseos, la herencia y los misterios que siguen dando señales para ser encontrados».

Señaló que «Emelda Ramos toma la imaginación popular y la convierte en literatura a través de las ciguapas, las botijas, el oro, los cabellos y los parajes solitarios».

«Leerla es entrar en un espacio donde la tradición oral, el misterio y la sensibilidad del campo dominicano se cruzan para devolvernos, de forma poética, una parte viva de nuestra memoria colectiva. Desde esa perspectiva, la teoría de Carl Jung ofrece una vía fértil, pues permite entender que muchos de los símbolos que atraviesan la literatura remiten a contenidos más profundos de la experiencia humana». 

Valoración de Bruno Rosario Candelier

El título de la obra estudiada por Rosario Candelier nos sorprendió sobremanera: El despojo o por los trillos de la leyenda, de Emelda Ramos, y las tres facetas que identificó como destacadas en esta autora son «tres vertientes de la imaginación y el comportamiento de nuestro pueblo», agregando que estas «cortejan la ocurrencia de fenómenos mitificados: creencias, palabras y hechos». 

Manifestó que «Emelda Ramos retrata el panorama del Cibao a la luz de la imaginación insular plasmada en la creación mitopoética:

Era la única forma en que podía hacerlo, pero como no sabía escribir, la mayoría de sus rosarios de cuenta-versos retornaron a su generatriz: al clamor del viento, ese viento que a golpe de levedad borra las huellas en los trillos legendarios: Por los trillos de estos llanos /se oye aullar la leyenda/ de un animal feroz/con cabeza de luciérnaga/que aterra al más valentón /Su siniestra aparición / por la noche presagiaba, /tormentos desolaciones / plagas, nieblas y aflicciones/ a los seres que indefensos/desvelaron sus terrores.

/ Según se vive, se muere /y el ánima que se volvió/ Cocoej’nima y anda en sombra /fue la de algún desalmado /que mató, robó y dañó/ cosas, conucos y ganados /Sería un galipote o brujo /al que el diablo le encomienda / perder a los caminantes / y llevarlos muertos de miedo /por los trillos del averno” (Emelda Ramos, El despojo o por los trillos de la leyenda, p. 18)».

Este encuentro también fue testigo de la ponencia de Kenia Mata Vega: otra visión de la novela Quemen el río, de Emelda Ramos.

Otro momento emotivo del evento fue cuando el Ateneo Insular, de manos de su fundador y líder, don Bruno Rosario Candelier, junto a otros distinguidos interioristas, entregó una presea de reconocimiento a la escritora dominicana homenajeada, Emelda Ramos, «por sus aportes al arte de la creación verbal y a la palabra que edifica».