Ateneo Insular celebra su encuentro literario de mayo

La reunión, realizada el 16 de mayo, reunió a escritores y gestores culturales en una reflexión sobre el arte, la expresión creativa y el conocimiento desde diversas perspectivas

Interioristas en el encuentro literario de mayo del Ateneo Insular. (Ateneo Insular)

Esta reunión del Interiorismo fue celebrada el 16 de mayo de este 2026 (día y mes que resuena en nuestro cerebro como un requiebro que jamás pensamos se emanciparía, pues, otrora, los 16 de mayo llevaban la esperanza, cada cuatro años, a un genuino frenesí, y en ellos se ponía de manifiesto la palabra, que era emitida desde los diferentes colores de los podios y era entendida desde el conocimiento duro o frágil).

Las ponencias

Se estudiaron las obras literarias del mocano Persio Pérez y de la santiaguera Virginia de Peña de Bordas; además, fue leído un estudio del vegano Miguel Ángel Durán sobre el Interiorismo.

La actividad fue celebrada en el Centro de Espiritualidad San Juan de la Cruz, Las Lajas de El Caimito, La Vega.

Bruno Rosario Candelier estudió la obra de Persio Pérez Holocausto del silencio (Moca, edición del autor, 2016). Expuso que este poeta «intuye que las cosas hablan, y si hablan, sienten, y si sienten, viven en silencio el fluir de sus vivencias a la luz de los fenómenos».

Y explicó que «en su percepción singular de lo viviente el poeta capta el valor de las cosas, por lo cual puede crear y testimoniar sus intuiciones con el lenguaje de la poesía».

«Desde luego, el silencio se vive y se intuye, se siente y se valora, se capta y se pondera, como hace el poeta Persio Pérez, que sabe valorar el silencio, ponderar la palabra y honrar la creación, como lo revela este poemario, por lo cual forma parte de la pléyade de creadores mocanos que han enaltecido el arte de la creación verbal, desde Gabriel Morillo, pasando por Aída Cartagena Portalatín, hasta Carlos Salcedo Camacho», destacó.

Argumentó que «el pensador francés Henri Bergson, en Introducción a la metafísica, para crear recomendaba instalarse en el interior de la cosa, ya que es la vía para intuir el sentido, como lo entendió Persio Pérez; y el ensayista Alexis Carrel consignó en La incógnita del hombre que para entender el sentido de la vida es indispensable vivir en armonía con el alma del mundo, concepto que Persio Pérez recrea en este valioso poemario, fuente de singular reflexión sobre la vida y el destino que a todos nos aguarda».

«De ahí la conjunción del “dolorido sentir”, según Garcilaso de la Vega, y el “gozoso sentir”, según el postulado estético del Interiorismo»: «Al intuir el sentido que enaltece el silencio, Persio Pérez reflexiona y escribe:

¿Puede el hombre cuestionar el silencio de las cosas? ¿Preguntar al alba en la mañana sobre los presagios anunciando la caída del Cristo descalzo agonizando en las crepitaciones de la tarde o en los rezos abandonados en el camino para alimentarlos?

¿Cómo es posible que haya tanto dolor silenciado en las tablas o en los clavos de una casucha muriendo en las amarguras interminables en cada puesta de sol? El pan no llegó a la mesa para hacer el milagro. Que buena la ceguera de la esperanza” (Persio Pérez, Holocausto del silencio, p. 47)».

Miguel Ángel Lugo, interiorista vegano, manifestó que «un poeta de lo viviente, como es el caso de Persio Pérez, siempre habrá de estar fluido por el Poder místico»:

  • «De ahí que esa conexión directa tendrá que darse con la realidad última, con lo divino y con la unidad del universo, por su vivencia interior, la humildad, por su compasión», indicó.  

La obra que estudió Lugo fue Alas de tiempo y dijo que en ella «hay una conexión donde las palabras que la conforman, “alas y tiempo”, tienden a retroalimentarse, donde, al mezclarse, tienden a emparentarse y así conjugarse en un feedback entre ellas»:

  • «Y el abrazo es tan puro —agregó— que crea una metáfora cuasi perfecta y es así cómo este título “Alas de tiempo”, deja entrever cómo de rápido se esfuma o se extingue el tiempo».

«Es por ello —dijo, casi en susurro— que el ser debe de estar en acción a cada instante, construyéndose en la lejanísima ontológica de su propio ser, prendiendo su propio vuelo. De ahí que la obra en cuestión presenta en su título una simbología del paso rápido de la vida, extinguiéndose la existencia de la faz de la tierra».

Concluye que, «por lo tanto, el autor persigue que el ser debe transformarse en ese leve tiempo, volando alto a través de sus propias alas, haciendo los cambios necesarios (mutatis mutandis), como lo deja entrever en “Alas de tiempo”, que da el título a la obra:

La poesía / es ala de vuelo / para el hombre. / Es mucho más todavía. / Es corriente / de hilos plateados / tendidos a través del tiempo / por los senderos azulosos de / toda existencia. / Es mucho más todavía. / Es el aire / luz adormecida / despierta a la vida / en el vaivén indeciso / del temido y osado pensamiento».

Persio Pérez recibió una presea de reconocimiento por parte del Ateneo Insular, de manos de su fundador, don Bruno Rosario Candelier, junto a los demás regocijados interioristas.

Virginia de Peña y sus "Seis novelas cortas"

Vianibel Valerio estudió Seis novelas cortas, de Virginia de Peña de Bordas, y manifestó que «Seis novelas cortas, de Virginia de Peña de Bordas, es una obra publicada de manera póstuma en 1978 por Taller.

El volumen reúne seis historias: Atardecer en las montañas, Sombra de pasión, Magia de primavera, El fulgor de una estrella, La hora del destino y Romance mitológico: amores de Júpiter y Semele», dijo la interiorista.  

«Leída desde hoy, la obra permite rescatar una voz femenina dominicana que merece mayor atención. Virginia de Peña de Bordas convierte la emoción en atmósfera, el deseo en conflicto y el destino en una fuerza que revela la verdad del corazón. En su universo narrativo, amar no es simplemente sentir: es aprender a elegir, incluso cuando elegir resulta doloroso».

Explicó que «a primera vista, Seis novelas cortas podría parecer una lluvia de historias románticas empapadas por amores contrariados, celos, reencuentros, traiciones y desenlaces sentimentales. Sin embargo, detrás de esa apariencia romántica se esconde una preocupación aún más compleja, la autora examina una pregunta: ¿hasta qué punto somos libres cuando amamos?».

Indicó que la autora «convierte la obra en una reflexión sobre el libre albedrío afectivo, es decir, sobre la capacidad o incapacidad de los personajes para decidir con claridad cuándo sus sentimientos están atravesados por el orgullo, la presión social, el miedo, la culpa, la costumbre, la pasión o el destino».

«Por eso, el valor de la obra recae en la manera en que convierte el amor en una pregunta moral y existencial. Amar, en estas novelas, es enfrentarse a uno mismo. Es descubrir si lo que se siente es verdadero o si nace del orgullo, la vanidad, la inseguridad o la ilusión. Es aprender que la libertad en el amor consiste en comprender qué deseo merece ser seguido y cuál puede conducir a la pérdida», aseguró.

Consignó que «Virginia de Peña de Bordas nació en Santiago de los Caballeros el 11 de agosto de 1904 y murió joven, el 24 de septiembre de 1948» y «esta información resulta importante porque coloca su obra en un contexto donde la escritura femenina dominicana no siempre ocupó un lugar visible dentro del canon literario». He aquí uno de los textos que citó:

Fui ciega y torpe al no advertir que compartía tus sentimientos y ahora comprendo que solo porque había sido herida en mi vanidad de mujer, trataba de recuperar lo perdido sin advertir que no valía ya nada absolutamente para mí. Fue un ídolo de barro que se desmoronó entre mis manos… La hora del destino», Virginia de Peña de Bordas).

De su lado,Toeya, novela de Virginia de Peña de Bordas, fue presentada por Luis Quezada.

«El Interiorismo en las letras y en la música», por Miguel Ángel Durán

Una muestra del vasto estudio de este escritor la reproducimos aquí: «Hablaremos sobre la aplicación histórica, humanista y filosófica del concepto Interiorista —dijo—. Les adelanto que no es un tema fácil de abordar dada su subjetividad».

«Muchos hombres y mujeres, luego de ahondar en su yo interior y encontrarse con el caudal de “cosas” que alimentan su espíritu, prefieren no publicar su tesoro de experiencias contemplativas o reveladas, por diversos motivos. Esta condición pudiera explicarse en algunos casos de individuos que vinieron al mundo con cualidades especiales para percibir las corrientes negativas del mundo externo y las traducen en dolor y sufrimiento».

«En otros puede darse lo que yo llamaría un “confrontamiento espiritual”, un choque de emociones que los desvincula del medio y los empuja a profundizar y buscar una especie de “locura” como resultado de su búsqueda».

«Otros, entendiendo que deben compartir sus dotes y sus dones, liberarán sus tormentos, su angustioso rapto sagrado, expresando su legado a través de la poesía, de la narrativa, de la música… como impulso consciente y sagrado, y por querer reacondicionar el mundo existente, el desarreglado mundo en que vivimos, el inconcluso mundo del día a día, la otra esfera de defectos que conlleva la vida misma».

«El Interiorismo en las artes y las letras puede ser una vía sagrada de liberación porque va más lejos que un simple estilo de vida; es un llamado desde el interior a mejorar el imperfecto mundo que hemos heredado».