Daniel Mordzinski: “Convertirme en lector militante fue mi salvación”
Mordzinski lleva casi medio siglo poniéndole rostro a las letras. Su alfabeto de escritores no deja de crecer, un archivo vivo que ya abraza a músicos, cineastas, actores, periodistas, cronistas y líderes mundiales
El lente de Daniel Mordzinski estará presente en la segunda edición del Festival Internacional de Literatura Mar de Palabras, a celebrarse el este fin de semana en el hotel Kimpton Las Mercedes en la Ciudad Colonial, Santo Domingo. El viernes 19 de junio presentará su último libro: Silvio Rodríguez, Diario de un Trovador.
En esta sección, “el fotógrafo entre escritores”, nos comparte sus preferencias lectoras.
El rostro de las letras
Antes de ser fotógrafo, Daniel Mordzinski era lector. De niño soñaba con ponerle rostro a sus autores preferidos.
Este anhelo se hizo realidad una mañana de abril a finales de los años setenta en su Buenos Aires natal gracias a la sintonía entre un golpe de suerte, su incursión temprana en el mundo del cine y su innata habilidad de mirar donde otros solo ven.
Contaba apenas con 18 años de edad, una vieja cámara Nikormatt prestada por su padre y dos días de trabajo en un rodaje dedicado a Jorge Luis Borges, el gran poeta ciego, uno de los más grandes autores de Argentina y del mundo.
La ficción se reveló ante sus ojos con rostro propio ese día y no perdió tiempo para atraparla en un ingenioso clic.
Convencido de que un escritor le puede decir no a un fotógrafo, pero jamás a un apasionado lector, cámara en mano hizo de Borges su cómplice; lo adentró en su mundo, lo captó fuera de su marco literario tradicional. Con esta primera foto, inauguró en 1978 su infinito abecedario de retratos de escritores.
A la primera letra la nombró Aleph en honor a Borges. Le siguieron las de Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sábato, Osvaldo Soriano y la de un sinnúmero de escritores argentinos de esa época.
Un año después, cansado del peso de la opresión militar en su país y animado por las lecturas de “su amado autor”, Julio Cortázar, marchó a París mochila al hombro y con miles de sueños por cumplir. El primero de ellos se realizó al poco tiempo.
Daniel apostó de nuevo a la empatía innata entre un escritor y su lector, buscó en una ajada guía telefónica el teléfono y se atrevió a invitarlo a su primera exposición fotográfica. La suerte intervino una vez más; Cortázar aceptó sin conocerlo. Lo demás, es historia.
En la actualidad, Daniel Mordzinski es reconocido internacionalmente con el nombre de “el fotógrafo de los escritores”, título ganado por su ingenioso, divertido y respetuoso estilo de plasmar en una foto la esencia de cientos de escritores en el mundo fuera del marco de la labor literaria.
Su trabajo es inseparable de su pasión lectora. Su bagaje lector y su fe en ese pacto de amor y no agresión entre fotógrafo y escritor se condensan en el cambio de una preposición: Daniel prefiere que lo llamen “el fotógrafo entre escritores”.
Su mapamundi de las letras incluye tanto a escritores Nobel como a autores consagrados cuyas obras han cruzado fronteras.
Con la mayoría de ellos, además de la complicidad, ha compartido una sincera amistad. Un lazo “que tiende puentes entre creadores, lenguas, territorios y corazones”. Ha sido testigo, cómplice y parte de festivales literarios en diferentes países a lo largo de los años.
Daniel Mordzinski lleva casi medio siglo poniéndole rostro a las letras. Su alfabeto de escritores no deja de crecer, un archivo vivo que ya abraza a músicos, cineastas, actores, periodistas, cronistas y líderes mundiales.
Pero su verdadera pasión y avidez lectora se confirman cuando confiesa con una amplia y picaresca sonrisa: cuantos más escritores retrato, más escritores me quedan por retratar. ¡Vaya suerte!
—Describe en pocas palabras tu encuentro con el libro.
Convertirme un lector militante a los 16 años, durante la dictadura militar argentina, fue mi salvación: un mecanismo de escape; la lectura como una ventana de Magritte donde se podía descubrir un mundo diferente a todo color.
—¿Cuál es tu personaje literario preferido?
Tal vez Horacio Oliveira, porque Rayuela es muchas cosas esenciales al mismo tiempo: Cortázar, Paris, el exilio, los primeros amores, la bohemia literaria, mis primeros retratos literarios, el inicio de mi carrera de fotoperiodista y mis primeros pasos secretos en la escritura.
—¿Qué libro regalarías a ciegas?
“Hotel Chile”, publicado por Tusquets, porque es la mejor introducción a la vida y la obra de Luis Sepúlveda y porque lo siento profundamente mío, una creación en la que la amistad y el amor por las letras son el gran mensaje.
—Menciona tres escritores que hayan ejercido fuerte influencia sobre ti.
Disculpa, pero van cuatro: sin duda Cortázar, García Márquez, Juan José Saer y Mario Vargas Llosa.
—Cuando escribes, ¿tú decides el tema o este te elije a ti?
Digamos que nos encontramos el uno al otro como una pareja de baile.
—¿Cuáles son los géneros que sobresalen en el conjunto de los libros que posees?
Novela, poesía, ensayo y claro, muchos libros de fotografía.
—Si una tormenta tomara por asalto tu biblioteca y solo pudieras rescatar cinco obras, ¿cuáles serían estas?
Me ahogaría decidiendo...
—¿Qué libro de los que habitan en ella te hubiese gustado escribir?
Cualquiera de Roberto Juarroz.
—Borges expresó: “La lectura es una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”. ¿Crees que esa felicidad se puede contagiar?
Retraté a Borges con 18 años, fue en 1978 y fue en en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, desde entonces, siempre regreso al poeta ciego; en lo que respecta a la lectura como forma de felicidad, no creo en el proselitismo, pero sí en la educacion, en dar el ejemplo.
Yo leo porque veía leyendo a mi papá y mi hija dirige un club de lectura posiblemente porque nos veía leyendo a su madre y a mí.
—¿Si fueses un libro, como te llamarías?
"CLICK".
—¿Qué eslogan propondrías para una campaña nacional de lectura?
Libro que te quiero libre.
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