Pedro Medina convierte el arte en una experiencia para intervenir, equivocarse y dejar huella

La exposición, abierta hasta el 3 de septiembre en la Galería de la Alianza Francesa de Santo Domingo, propone una reflexión sobre las marcas que deja la vida y convierte al público en parte activa de la obra

César Peralta Suero, Pedro Medina y Nía Vargas. (Juan Guio)

¿Qué significa estar? ¿Qué significa permanecer? ¿Qué significa dejar huella? Estas preguntas atraviesan “Manuales de Permanencia”, la exposición de Pedro Medina que quedó inaugurada en la Galería de la Alianza Francesa de Santo Domingo.

Se trata de una propuesta curatorial de Nía Vargas y César Peralta que invita a repensar la relación entre el arte, la memoria y las marcas que cada individuo acumula a lo largo de su existencia.

Fue un encuentro interactivo. Medina invitó al público a crear, a ensuciarse  y, en ello, formar parte del proceso creativo de las obras. A convertirse en artistas invitados.

Uno de los aspectos distintivos de “Manuales de Permanencia” es la manera en que está concebido el espacio. La primera sala presenta las piezas desde una aproximación más cercana al resultado del proceso de grabado, mientras que una segunda área está destinada a funcionar como taller.

La intención es romper con la idea tradicional de que la obra artística debe presentarse únicamente en su estado final y perfecto.

Medina explicó que algunas de las piezas están concebidas como trabajos colectivos. A través de distintas matrices, los visitantes podrán utilizar sus manos y dedos, junto con tinta, para intervenir papeles que posteriormente evolucionarán como resultado de la participación de diferentes personas.

“No solamente se trata de que yo haga y se los muestre, se trata también de que ustedes hagan conmigo”, planteó el artista.

“Nos interesa el error, el juego, el poder interactuar”, explicó la curadora Vargas durante la inauguración, al destacar que la propuesta busca recuperar una dimensión esencialmente humana del proceso creativo: divertirse, experimentar, equivocarse y aprender.

Así, el taller se convierte en una extensión de la exposición y en un espacio donde el público puede intervenir directamente.

La propuesta convierte la exposición en un organismo en permanente transformación. Cada intervención añade una nueva marca y, con ella, una nueva historia.

El origen

Durante la apertura, Nia Vargas explicó que la exposición nació de una inquietud sobre la permanencia y de la necesidad de reconocer aquello que, como seres humanos, muchas veces intentamos evadir: la marca que dejan las experiencias.

La curadora relacionó esta idea con el grabado, técnica presente en la propuesta de Medina. Aunque una misma matriz permite realizar múltiples reproducciones, cada una adquiere características propias a través de las incisiones, la tinta y las intervenciones que se producen durante el proceso.

La metáfora se extiende a la vida. Las personas también son resultado de las marcas que reciben: la crianza, las palabras de los familiares, las experiencias religiosas, los vínculos y las circunstancias que van dejando incisiones en la identidad.

Desde esa perspectiva, la exposición aborda temas vinculados con la religiosidad popular, las tensiones y las contradicciones que forman parte de la experiencia humana.

El público como artista invitado

Para Vargas, permanecer no significa necesariamente quedarse inmóvil. Por el contrario, implica intervenir y, al mismo tiempo, aceptar que también somos intervenidos por los espacios, las personas y las experiencias que habitamos.

Por (Juan Guio)
Por (Juan Guio)

Periodista dominicana con una maestría en Comunicación Corporativa. Titulada en estilismo y asesoría de imagen. Es una apasionada del contenido sobre la salud, la belleza, el buen vivir y la cultura.