Cuándo hacerse un chequeo de rutina
Para algunos es una cita a la que no se puede renunciar, para otros es una inútil pérdida de tiempo y de energía. El chequeo médico anual puede ser útil pero ¿cuándo es verdaderamente esencial?
Es costumbre que un paciente pregunte a su médico por su chequeo anual. Por un lado para sentirse tranquilo y por otro para tomar conciencia, porque muchas veces con este simple chequeo ponemos remedio a eventuales sorpresas negativas.
Muchas veces estas investigaciones se hacen de forma general y no siempre dirigidas a las reales necesidades del individuo, porque no incluyen aquellos estudios más particulares y específicos que lograrían un diagnóstico precoz de algunas enfermedades graves como el cáncer.
Pacientes y médicos
Un reciente artículo publicado en Archives of Internal Medicine habla justamente de esto. Esta costumbre surge y se desarrolla en las visitas a los médicos de cabecera. Del resultado del cuestionario que los autores del artículo hicieron a los médicos de cabecera nace un dato importante: de esta relación entre paciente y médico surge un contacto directo entre los dos que ayuda a tener una visión global de la situación clínica sobre la cual podrán discutir obteniendo grandes ventajas y beneficios para los dos.
Gracias a este chequeo rutinario el médico puede establecer cuál será la estrategia que tiene que usar con cada paciente para transmitirle ese sentido de responsabilidad. Evidentemente hacer este chequeo no podrá evitar siempre que surja un evento patológico agudo, como un infarto o un cáncer, pero ayudará a evidenciar y por lo tanto a modificar costumbres de vida equivocadas. Viéndolo de esta forma el chequeo debería ser programado por el médico y ser personalizado en base a determinados parámetros como el sexo, la edad, las costumbres alimenticias y las costumbres de trabajo para evitar exámenes inútiles y a veces demasiados costosos .
Verificar los parámetros
Un punto importante de este chequeo es cuanto los parámetros como glicemia y colesterol pueden indicar el riesgo de desarrollar una enfermedad como la diabetes o un infarto. La relación costo-beneficio de los diferentes exámenes que son parte de un programa de chequeo en pacientes asintomáticos es la base de las críticas que surgen en torno a este estudio. Una investigación diagnóstica debería ser utilizada como prevención solo cuando es suficientemente sensible, específica y capaz de reducir realmente el riesgo de una enfermedad con una aceptable relación entre riesgo y costo-beneficio.
De cualquier forma, algunos de estos test pueden lograr una prevención dirigida o permitir una diagnosis precoz haciendo más eficaz el tratamiento y disminuyendo la mortalidad. Es suficiente saber que hasta los años 80 la primera causa de muerte en los países industrializados eran las patologías cardiovasculares (infarto , ictus) , hoy en día gracias a la prevención ligada al monitoreo de los valores de la presión arterial, de los valores de glicemia y del colesterol en la sangre, la publicidad contra el tabaco, este triste primado pasó a otras patologías como el cáncer.
Y cuánto se puede prevenir
Solamente ocho enfermedades sobre cien son prevenibles y esto puede hacer pensar que al final hacer con regularidad un chequeo no sea para nada útil. A pesar de que es difícil saber con anticipación si algo anda mal, en muchos casos el diagnóstico precoz es vida: como en el caso del cáncer del cuello uterino, el colon o el seno.
Es fundamental la competencia del centro al que nos dirigimos, por esto es muy importante verificar bien las estructuras de este centro.
Exámenes por edad
Las investigaciones que se realizan en estos chequeos tienen que ser escogidas según los perfiles de riesgo, las predisposiciones genéticas y por esto la necesidad de que el médico tenga conocimiento de las costumbres de vida de sus pacientes.
La persona sedentaria debe ser estudiada más desde el punto de vista del riesgo cardiovascular (colesterol, triglicéridos y glicemia) que por su tendencia a un metabolismo disminuido y facilidad a perder peso. Quien fuma deberá ser estudiado sobre todo desde un punto de vista respiratorio pero también desde un punto de vista vascular chequeando la sangre y los valores de la presión arterial. El paciente con exceso de peso no puede olvidar los exámenes relativos a la diabetes (glicemia, hemoglobina alicata) y aquellos sobre el riesgo cardiovascular. El paciente estresado tendrá que hacer exámenes específicos para evaluar la respuesta del organismo a un estadio de tensión como el registro de la presión arterial y el latido cardiaco durante 24 horas, un electrocardiograma de esfuerzo y en edades más avanzadas el ecocardiograma y ecodoppler a las carótidas.
Las personas deportistas deberían hacer evaluaciones periódicas en centros especializados de la resistencia de su organismo a los esfuerzos. Hasta los 35 años debería ser controlada periódicamente la presión arterial y el peso corporal con el Body Mass Index, mientras que la mujer, desde que comienza su vida sexual tiene que realizarse su papanicolau.
Hasta los 45 años cada año se repiten los chequeos de presión y peso, mientras que es obligatoria una visita médica general a la que se añaden los exámenes de sangre que comprenden la glicemia, la funcionalidad hepática y renal, el número de los glóbulos rojos y hemoglobina, el colesterol y los triglicéridos.
Para hombres y mujeres que ya hayan llegado a los 50 años es importante una colonoscopia como prevención al cáncer de colon que surge como simples polipoides benignos.
Llegando a los 60 no podemos olvidarnos del oído y la vista que necesitan de chequeos cada 3-4 años con un examen audiométrico y un chequeo de la presión ocular para reconocer con anticipación el glaucoma.
Después de los 60 años la presión arterial se revisa con frecuencia.
Un reciente artículo publicado en Archives of Internal Medicine habla justamente de esto. Esta costumbre surge y se desarrolla en las visitas a los médicos de cabecera. Del resultado del cuestionario que los autores del artículo hicieron a los médicos de cabecera nace un dato importante: de esta relación entre paciente y médico surge un contacto directo entre los dos que ayuda a tener una visión global de la situación clínica sobre la cual podrán discutir obteniendo grandes ventajas y beneficios para los dos.
Gracias a este chequeo rutinario el médico puede establecer cuál será la estrategia que tiene que usar con cada paciente para transmitirle ese sentido de responsabilidad. Evidentemente hacer este chequeo no podrá evitar siempre que surja un evento patológico agudo, como un infarto o un cáncer, pero ayudará a evidenciar y por lo tanto a modificar costumbres de vida equivocadas. Viéndolo de esta forma el chequeo debería ser programado por el médico y ser personalizado en base a determinados parámetros como el sexo, la edad, las costumbres alimenticias y las costumbres de trabajo para evitar exámenes inútiles y a veces demasiados costosos .
Verificar los parámetros
Un punto importante de este chequeo es cuanto los parámetros como glicemia y colesterol pueden indicar el riesgo de desarrollar una enfermedad como la diabetes o un infarto. La relación costo-beneficio de los diferentes exámenes que son parte de un programa de chequeo en pacientes asintomáticos es la base de las críticas que surgen en torno a este estudio. Una investigación diagnóstica debería ser utilizada como prevención solo cuando es suficientemente sensible, específica y capaz de reducir realmente el riesgo de una enfermedad con una aceptable relación entre riesgo y costo-beneficio.
De cualquier forma, algunos de estos test pueden lograr una prevención dirigida o permitir una diagnosis precoz haciendo más eficaz el tratamiento y disminuyendo la mortalidad. Es suficiente saber que hasta los años 80 la primera causa de muerte en los países industrializados eran las patologías cardiovasculares (infarto , ictus) , hoy en día gracias a la prevención ligada al monitoreo de los valores de la presión arterial, de los valores de glicemia y del colesterol en la sangre, la publicidad contra el tabaco, este triste primado pasó a otras patologías como el cáncer.
Y cuánto se puede prevenir
Solamente ocho enfermedades sobre cien son prevenibles y esto puede hacer pensar que al final hacer con regularidad un chequeo no sea para nada útil. A pesar de que es difícil saber con anticipación si algo anda mal, en muchos casos el diagnóstico precoz es vida: como en el caso del cáncer del cuello uterino, el colon o el seno.
Es fundamental la competencia del centro al que nos dirigimos, por esto es muy importante verificar bien las estructuras de este centro.
Exámenes por edad
Las investigaciones que se realizan en estos chequeos tienen que ser escogidas según los perfiles de riesgo, las predisposiciones genéticas y por esto la necesidad de que el médico tenga conocimiento de las costumbres de vida de sus pacientes.
La persona sedentaria debe ser estudiada más desde el punto de vista del riesgo cardiovascular (colesterol, triglicéridos y glicemia) que por su tendencia a un metabolismo disminuido y facilidad a perder peso. Quien fuma deberá ser estudiado sobre todo desde un punto de vista respiratorio pero también desde un punto de vista vascular chequeando la sangre y los valores de la presión arterial. El paciente con exceso de peso no puede olvidar los exámenes relativos a la diabetes (glicemia, hemoglobina alicata) y aquellos sobre el riesgo cardiovascular. El paciente estresado tendrá que hacer exámenes específicos para evaluar la respuesta del organismo a un estadio de tensión como el registro de la presión arterial y el latido cardiaco durante 24 horas, un electrocardiograma de esfuerzo y en edades más avanzadas el ecocardiograma y ecodoppler a las carótidas.
Las personas deportistas deberían hacer evaluaciones periódicas en centros especializados de la resistencia de su organismo a los esfuerzos. Hasta los 35 años debería ser controlada periódicamente la presión arterial y el peso corporal con el Body Mass Index, mientras que la mujer, desde que comienza su vida sexual tiene que realizarse su papanicolau.
Hasta los 45 años cada año se repiten los chequeos de presión y peso, mientras que es obligatoria una visita médica general a la que se añaden los exámenes de sangre que comprenden la glicemia, la funcionalidad hepática y renal, el número de los glóbulos rojos y hemoglobina, el colesterol y los triglicéridos.
Para hombres y mujeres que ya hayan llegado a los 50 años es importante una colonoscopia como prevención al cáncer de colon que surge como simples polipoides benignos.
Llegando a los 60 no podemos olvidarnos del oído y la vista que necesitan de chequeos cada 3-4 años con un examen audiométrico y un chequeo de la presión ocular para reconocer con anticipación el glaucoma.
Después de los 60 años la presión arterial se revisa con frecuencia.