Ejercicio físico y alimentación

Una dieta baja en grasas ayudará a mantener un peso saludable.

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La nutrición es uno de los elementos más importantes para mejorar el rendimiento deportivo, razón por la cual los deportistas siempre están buscando mejorar su rendimiento de todas las maneras posibles y, de esta necesidad, se aprovecha el mercado de productos "energéticos".

Lo que ignora un deportista es que sus necesidades nutricionales y alimenticias son casi idénticas a las de las personas sedentarias. Requieren carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas, minerales y agua en cantidades determinadas por la edad, estructura corporal y nivel de actividad.

Tales requerimientos se satisfacen sencillamente con una dieta básica y equilibrada, sin necesidad de recurrir a productos "mágicos" como suplementos y barras ¿nutritivas?

Es cierto que los deportistas pueden tener unas mayores necesidades nutricionales que los sedentarios. Se impone la lógica, quienes se ejercitan regularmente imponen grandes demandas a sus reservas corporales de fluidos y energía y, para asegurar un rendimiento óptimo, deben incrementar su dieta ordinaria con el fin de mantener estas reservas.

La orientación de un profesional nunca estará de más.

La clave que no falla, estriba en comer alimentos variados para obtener energía, proteínas, vitaminas, minerales y fibras necesarias para una buena salud y así reducir la posibilidad de hipertensión arterial, enfermedad cardiaca, accidentes cerebrovascular, ciertos cánceres y el tipo más común de diabetes.

1-Comer gran cantidad de vegetales, frutas y cereales, los cuales satisfacen las necesidades de vitaminas, minerales, fibra e hidratos de carbono complejos y favorecen la disminución de la ingesta de grasas.

2-Consumir azúcares con moderación. Una dieta con mucho azúcar contiene demasiadas calorías y escasos nutrientes para la mayor parte de las personas y contribuye al deterioro de la dentadura.

3-Consumir sal y sodio con moderación para disminuir el riesgo de presión arterial elevada.

La obesidad se asocia a múltiples problemas de salud como la sobrecarga del corazón, de las articulares, hipertensión arterial o diabetes. Por ello la reducción de peso está recomendada médicamente.

Debido a que hay tantos afectados por el problema de la obesidad, el American College of Sports Medicine ha establecido unas normas necesarias para un programa de pérdida de peso seguro y con éxito:

Proporcionar una ingesta calórica de al menos 1.200 kilocalorías por día para adultos sanos, en orden de satisfacer sus requerimientos nutricionales básicos.

Incluir comidas aceptables según los antecedentes socioculturales, hábitos, sabor, coste y facilidad de preparación y adquisición.

Proporcionar un balance calórico negativo (pero no mayor de 500 a 1.000 kilocalorías por día inferior a la ingesta normal recomendada) resultando en una pérdida de peso gradual sin alteraciones metabólicas. La pérdida de peso máxima será de 1 kilo por semana.

Incluir técnicas de modificación de conducta para identificar y eliminar hábitos dietéticos que soporten la nutrición inadecuada.

Incluir un programa de ejercicios de resistencia de, al menos, 3 días por semana, de 20 a 30 minutos por sesión, a un mínimo de 60% del latido cardiaco máximo.

Proporcionar nuevos hábitos de comida y actividad física que puedan continuarse de por vida para mantener la pérdida de peso lograda.