El arte de la escultura: una visión dominicana del asunto
Abierta hasta el 30 de mayo, de 10:00 a.m. a 5:00 p.m.
Santo Domingo. Hacía falta aunque fuese un acercamiento breve a la escultura, como el que propone la empresa Avelino Abreu, para ver la potencialidad en el país de un arte que anda de capa caída en el mundo. La muestra forma parte de la tradición de la marca alemana de vehículos Audi y pone en la geografía de la plástica dominicana el nuevo Salón de Exhibiciones, sito en la avenida John F. Kennedy con Ortega y Gasset.
La exposición, inaugurada el 17 de mayo, muestra unas 25 obras de pequeño y mediano formato, donde coinciden diversos materiales, generaciones y lenguajes, que dan una idea de por donde se mueve la escultura.
Parece demasiado salón para tan pocas obras, y claro que los dos autos en exhibición casi se tragan el espacio. Tal vez en próximas ocasiones obras de mayor formato ayuden a llenar más el salón. Y es que la museografía de la actual exposición no favorece la muestra, amén de que alguna que otra obra no está a la altura de las propuestas que marcan la línea de salida: Bidó, Angulo y Bonnelly.
Sobresale la obra Muñecas pariendo, de Cándido Bidó, una mirada irónica y muy dominicana de los sarcófagos de las momias egipcias, donde el maestro demuestra que creatividad y pericia técnica van de la mano; lo que no ocurre con la Cabeza, fechada también en el 2004, una talla en madera que denota virtuosismo con la trincha, pero nada más.
Enrique Angulo saca al fin la cabeza, muy concentrado en otros mercados, y entrega Brisa, Sirena y Brisa y mar, tres obras de excelente factura y envidiable lirismo, que demuestran su alto nivel de virtuosismo técnico.
Johnny Bonnelly arma sus piezas con mucho ingenio y dominio de los metales y el arte de soldar: Cabeza de dragón y Estudio para cabeza de autosaurio, así lo demuestran.
En lo más profundo, del fallecido Sacha Tebó; Grupo familiar y De sueños y tesoros, ambos de Joaquín Ciprián y, por supuesto Las Infantas, de Prats Ventós, dan nivel a la muestra que vale la pena estimular para que se repita, sobre todo en una disciplina visual que está bastante huérfana en República Dominicana.
Sobresale la obra Muñecas pariendo, de Cándido Bidó, una mirada irónica y muy dominicana de los sarcófagos de las momias egipcias, donde el maestro demuestra que creatividad y pericia técnica van de la mano; lo que no ocurre con la Cabeza, fechada también en el 2004, una talla en madera que denota virtuosismo con la trincha, pero nada más.
Enrique Angulo saca al fin la cabeza, muy concentrado en otros mercados, y entrega Brisa, Sirena y Brisa y mar, tres obras de excelente factura y envidiable lirismo, que demuestran su alto nivel de virtuosismo técnico.
Johnny Bonnelly arma sus piezas con mucho ingenio y dominio de los metales y el arte de soldar: Cabeza de dragón y Estudio para cabeza de autosaurio, así lo demuestran.
En lo más profundo, del fallecido Sacha Tebó; Grupo familiar y De sueños y tesoros, ambos de Joaquín Ciprián y, por supuesto Las Infantas, de Prats Ventós, dan nivel a la muestra que vale la pena estimular para que se repita, sobre todo en una disciplina visual que está bastante huérfana en República Dominicana.
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