El 'flamango' de Diego El Cigala se fue en aplausos

El gitano ofreció su concierto con tangos, boleros y sones, mezclados con flamenco

Cigala, palmas y cante jondo con tango, la noche del sábado. Alfonso Quiñones

SANTO DOMINGO. Tango más Flamenco: Flamango. Diego el Cigala intenta -y en algunos casos lo logra- esa fusión del compás de cuatro cuartos del tango con la amalgama de compases del flamenco que van del seis por ocho al tres por cuatro.

Mezclar no siempre se da, no siempre resulta feliz; por eso, en determinados momentos, le echa mano al son o al bolero (más cercanos al tango por aquello de que todos provienen de la habanera), para su propuesta.

El reinventor de "Lágrimas negras" irrumpió en escena con el clásico de Gorrindo y Grela "Las cuarenta" (con el fantasma de Roberto Ledesma colgado del alma); y enseguida se bajó otro clásico de la garganta "El día que me quieras". Hubo un solo de guitarra espectacular en "Soledad" (Soledad, fue una noche sin estrellas/ cuando al irte me dejaste/ tanta pena y tanto mal) de Enrique Fabregat Jodar, que Buika también interpreta por estos tiempos.

De Cadícamo y Cobián, El Cigala se cantó las "Nostalgias", que Hugo del Carril inmortalizó. Pero Diego, con cajón y la guitarra casi mágica de Diego el Morao, puso su voz y su filing, dándole al tango la pasión del cante jondo, con colores andaluces, y una revisitación memorable.

"Siga un consejo: no se enamore.../ Y si una vuelta le toca hocicar,/ ¡Fuerza, canejo! ¡Sufra y no llore,/ que un hombre macho no debe llorar!", cantó Cigala en "Tomo y obligo" de Romero y Gardel. Quedaron entonces violín, contrabajo, piano y percusión para la versión de la zamba de Ramírez y Luna que legara Mercedes Sosa: "Alfonsina y el mar".

Trenzó entonces quizás la mejor de las fusiones con los versos alejandrinos de "Sus ojos se cerraron" (Le Pera y Gardel) y entonces remató con "Youkali", un tango habanera de Roger Fernay y Kurt Weill (en el disco con un bandoneón piazzolano a reventar). Luego, piano, contrabajo y violín, para "En esta tarde gris" (Mores y Contursi), de verso menor, intenso y doloroso. Echa de menos uno el buen bandoneón del álbum, aún cuando violín y piano logran dar un color cercano.

Y llegó entonces su reinvención de "Niebla del riachuelo" (Cadícamo), de una densidad lírica como pocas de sus interpretaciones (de su disco con Bebo Valdés).

En "Dos mujeres a la vez" le dieron tres veces entrada y no atinaba. A pesar de eso y otras fallas casi imperceptibles, logró cerrar con "20 años" (de Guillermina Aramburu, según Nancy González, natural como María Teresa Vera y su amiga Guillermina, del mismo Guanajay, en La Habana); "Inolvidable" (del manzanillero Julio Gutiérrez); "Obsesión", de Pedro Flores; "Lágrimas negras" (de Matamoros) y "La bien pagá" (del gaditano Antonio Martín) ya en bis, con una descarga total de la banda, con notas sobresalientes para el contrabajista guantanamero Yesly Heredia. Y ovación.

Julia, dulce, pero sin picante

Julia Bermejo coloca bien la voz, se mueve eficientemente en los registros medios, y no la hace quedar mal. Tiene una buena presencia y se hace acompañar por bailarines que apoyan con movimientos -que a ella le faltan, lástima- lo que está cantando.

Para abrirle a El Cigala se cantó unos cinco temas que fueron casi todos redundantes en intención y modo, incluso en melodías. Destacó, eso sí en la interpretación de Si tú no estás aquí, de Rosana. Yo ella y me hubiese quedado ahí, con esos aplausos bien ganados. Ah, pero siguió cantando, con esa natural avidez de los bisoños. Y ya no fue lo mismo. Faltan riendas, management y ritmo.