En los callejones de la moda
Llegar al aeropuerto de Los Ángeles, más conocido por las siglas LAX, es como llegar a la antesala de Oriente pero en versión latina.
Los flujos migratorios han hecho confluir a orientales, principalmente coreanos, con mexicanos, llegando a tener ambas regiones casi una terminal sólo para sus vuelos.
La ciudad surge imponente en medio de una explanada en la que conviven las casas bajas de las afueras con un gran núcleo de torres de oficinas y hoteles en el centro. Ahí me dirijo al downtown, bautizado como Fashion District, un punto donde se cuece la moda día a día.
Me hospedo en el hotel Bonaventure, en el 404 de Figueroa Street, conformado por cinco torres de cristal, un lago interno y, en el último piso, un restaurante con una vista de 360 grados de la ciudad.
En Los Ángeles amanece temprano. Desde primeras horas de la mañana en la zona de Altos de San Pedro se pueden recorrer los cientos de pequeños laboratorios de moda ubicados uno al lado del otro, todos con propuestas similares pero diferentes. Unos callejones en los que en la mañana ves estilos que en la tarde ya han cambiado. El ritmo de la moda es frenético.
Un continuo movimiento de coreanos diseñando, comprando telas y complementos apoyados por los mexicanos como fuerza laboral; se hace difícil ver americanos puros, hasta los policías y "wachimanes" son asiáticos.
Hago un alto a media mañana y me tomo mi capuchino en una pequeña cafetería (la única) en los Altos de San Pedro. La coreana que la lleva es una vieja refunfuñona que apenas habla inglés, mucho menos español, pero a golpe de látigo lingüístico te logra sacar un café y un croissant. A pesar del trato, vive llena...
Regreso a las callejuelas, popularmente conocidas como zona de Alleys, un mercado que mueve diariamente millones de dólares. Alrededor de 500 factorías de las que surge la moda que se exporta a todas partes del mundo. Marcan la pauta, los estilos y las tendencias que se van a llevar en el futuro inmediato de la moda urbana.
Todo un mercadillo de pequeñas tiendas al detalle de toda clase de artículos, donde sigue estando Mr. Submarino, regentado –cómo no– por un pequeño coreano que bajo una enramada sirve los hot dogs más sabrosos de la zona.
Llega el mediodía y después de convivir demasiado con comida rápida tex-mex, tortillas, burritos y sushi, un día al menos hay que comer con los pies debajo de una mesa. Ningún sitio mejor que el restaurante O’Mamamia en South San Pedro 220. Un restaurante italiano con una rica decoración y un menú muy aceptable en términos calidad-precio. El café lo tomo en una terracita próxima, con pocas mesas, Café Sproud, y disfruto de la caída del sol, siempre acompañada por las típicas palmeras que tantas veces hemos visto en las películas.
En la tarde noche, después de una dura jornada de trabajo, y si las piernas nos siguen acompañando, se puede ir de shopping al Glendale Mall que tiene una gran cantidad de firmas internacionales y encuentras de todo.
Si aún goza de algún día extra Los Ángeles ofrece muchísimas otras posibilidades como visitar Universal Studios, Beverly Hills, el Staples Center, donde juegan los Angeles Lakers y se celebran cientos de conciertos, el Museo de J. Paul Getty o las famosísimas playas de Santa Mónica.
En Los Ángeles amanece temprano. Desde primeras horas de la mañana en la zona de Altos de San Pedro se pueden recorrer los cientos de pequeños laboratorios de moda ubicados uno al lado del otro, todos con propuestas similares pero diferentes. Unos callejones en los que en la mañana ves estilos que en la tarde ya han cambiado. El ritmo de la moda es frenético.
Un continuo movimiento de coreanos diseñando, comprando telas y complementos apoyados por los mexicanos como fuerza laboral; se hace difícil ver americanos puros, hasta los policías y "wachimanes" son asiáticos.
Hago un alto a media mañana y me tomo mi capuchino en una pequeña cafetería (la única) en los Altos de San Pedro. La coreana que la lleva es una vieja refunfuñona que apenas habla inglés, mucho menos español, pero a golpe de látigo lingüístico te logra sacar un café y un croissant. A pesar del trato, vive llena...
Regreso a las callejuelas, popularmente conocidas como zona de Alleys, un mercado que mueve diariamente millones de dólares. Alrededor de 500 factorías de las que surge la moda que se exporta a todas partes del mundo. Marcan la pauta, los estilos y las tendencias que se van a llevar en el futuro inmediato de la moda urbana.
Todo un mercadillo de pequeñas tiendas al detalle de toda clase de artículos, donde sigue estando Mr. Submarino, regentado –cómo no– por un pequeño coreano que bajo una enramada sirve los hot dogs más sabrosos de la zona.
Llega el mediodía y después de convivir demasiado con comida rápida tex-mex, tortillas, burritos y sushi, un día al menos hay que comer con los pies debajo de una mesa. Ningún sitio mejor que el restaurante O’Mamamia en South San Pedro 220. Un restaurante italiano con una rica decoración y un menú muy aceptable en términos calidad-precio. El café lo tomo en una terracita próxima, con pocas mesas, Café Sproud, y disfruto de la caída del sol, siempre acompañada por las típicas palmeras que tantas veces hemos visto en las películas.
En la tarde noche, después de una dura jornada de trabajo, y si las piernas nos siguen acompañando, se puede ir de shopping al Glendale Mall que tiene una gran cantidad de firmas internacionales y encuentras de todo.
Si aún goza de algún día extra Los Ángeles ofrece muchísimas otras posibilidades como visitar Universal Studios, Beverly Hills, el Staples Center, donde juegan los Angeles Lakers y se celebran cientos de conciertos, el Museo de J. Paul Getty o las famosísimas playas de Santa Mónica.