Fito, es decir, Rodolfo, Borges, Bukowsky y un piano

Fito Páez ofreció un concierto ovacionado la noche del martes en el teatro La Fiesta

Fito Páez, con guitarra.

SANTO DOMINGO.  Janio Lora abrió la noche de "Rodolfo" en el teatro La Fiesta. Más entusiasmo que otra cosa, tuvo claque que lo respaldó y al final regaló una canción de verdad "Cambiamos todos los ideales por botellas. Pero despierta, Santo Domingo, despierta". Casi todos comienzan siendo caricaturas de alguien y después evolucionan. Janio Lora es una caricatura de Fito Páez, pero lo odiará, se limpiará de sus ataduras y será, al fin, Janio Lora. Lo evidencia esa última y feliz canción desgarradoramente honesta.

Luego llegó Fito, salió inesperadamente por el lateral derecho. Señor de cincuenta y tantos, cabello cenizo, saludo de comediante. Piano primera versión de los Yamaha: "Bueno, parece más un restaurante que una sala de conciertos. Hagámonos de cuenta que estamos en un estudio, que no lo es. Hagámonos de cuenta que estamos en un concierto que no lo es. Hagámonos de cuenta que es un concierto diferente, que sí lo es", proclamó y empezó a cantar "miren todos, ellos solos, duelen más que el amor". Cuché empezó a gritar. Roger Zayas silbaba, Amaury Sánchez sonreía, José Antonio Rodríguez era un gato plácido.

Después cantó que "lo importante no es llegar, lo importante es el camino" y Sara Hermann recordaba sus años en La Habana, mientras Víctor Víctor aplaudía Canciones de Liberación.

Barba rala, piano domado, corbata gris y un atildado traje oscuro. "Te vi, yo simplemente te vi". Fito comenzaba las frases y el público las completaba. Que "yo no buscaba a nadie y te vi". Final de orquesta (apenas con un piano Yamaha, viejo, muy usado) y el público de pie. Ovación.

Francisco Méndez coreaba, cantaba y aplaudía. "Nadie sabe de quién soy/ ni yo lo sé muy bien", casi un poema de William Carlos Williams. Luego, Thelma y Luis. Y en "Giros", ese clásico de Fito, "Flaco, dónde estás/ aquí en Santo Domingo/ estoy buscando información". Después "Rayos de sol" (aplausos, algunos de pie). Para entonces lucirse a capella con el tema de León Gieco "Yo vengo a ofrecer mi corazón" (que me maten, gritaba un orate, la gente lo mandaba a callar). Fito reconoce que hay magia: "todo eso es vibración erótica que va a tenerse que descargar en algún momento", declara.

Circo beat

De Perú canta lo de la "calma el oro a la luna", o sea "El muro de los lamentos" (casi un vals, seis por ocho). A mitad del concierto se saca de la manga a Coqui Bernardi, un guitarrista rockero que canta una canción escrita por Fito viajando de Santo Domingo a La Habana. Historia de un enano feo que se enamora de una joven bella. Canción larga. Canción mala. Que Fito también las tiene.

Endereza en karaoke con  "La vida es la reina madre de la inmensidad", muy Borges. Luego inspirado en un libro de Bukowsky "Salió, salió, salió/ y se reía como loca".

Del clásico "Circo beat" pasó a algo más lento con un piano más lírico, de silencios y "Lo que fue y será" -José Antonio cantaba desde su silla, desde su silla Roger cantaba.

A la altura del tema 15 se olvidó de la letra a mitad de la canción, retomó el hilo: "Oigo tu sonrisa que ilumina el estudio y la cocina", (¿se acordó de Cecilia Roth?) "Abyecto y desalmado" provoca ovación, de pie, gracias che, dice. Guitarra en mano, rockea con Bernardi "Locos corazones". Se despide con aquello de "Yono sé lo que va, pero tampoco creo que sepas vos". Regresa, canta que Rosario siempre estuvo cerca. La tercera ñapa trajo al comisario y los ángeles. Y remata con "dar es dar, y no matar las ganas, simplemente es dar…" y no se va sin hacer la más clásica de todas: "Mariposa technicolor". Taína y Cavada satisfechos. Fito ni fue al camerino.