Los sapos, más útiles que los príncipes
París. Vuelvo a Jersey, la mayor de las islas británicas del Canal de la Mancha, invitado por la Fundación Durrell para la Conservación de la Vida Silvestre, a participar en un curso sobre Conservación de Anfibios que se realizará en el Zoológico de Jersey, institución manejada por la Fundación Durrell y cuyo objetivo principal es rescatar especies y ecosistemas en peligro. Me entero, camino al aeropuerto, de que uno de nuestros tantos organismos de ¿ornato? ¡está cortando todas las uvas de playa en la autopista Las Américas!. Pero no voy a hablar de eso ahora. Me hice el propósito de olvidarme de mi país y sus miserias durante el tiempo que durara el curso.
La casi totalidad de los animales que componen la colección del zoológico de Jersey forman parte de algún proyecto de conservación. Figuran entre sus logros la recuperación de especies al borde de la extinción como el Cernícalo de la isla Mauricio (Falco punctatus) del cual sólo quedaban dos parejas en estado silvestre cuando comenzó el programa de restauración; o la Paloma Rosada (Nesoenas mayery), también de Mauricio, que al iniciarse el programa sólo contaba con 10 ejemplares. En el 2004, las poblaciones silvestres de ambas especies oscilaban entre 1000 y 370 individuos respectivamente.
En el 2004 asistí a un curso sobre restauración o recuperación de especies amenazadas y ecosistemas degradados. El curso de este año está dedicado a la clase de los anfibios, así llamados porque algunos de sus miembros tienen "doble vida", ya que en la fase larvaria, cuando son renacuajos, viven en el agua, pero luego se transforman poco a poco (metamorfosis) y salen del agua, a la que regresan ocasionalmente o para desovar, pasando la vida adulta en ambientes terrestres. Son un grupo muy importante pues constituyen un eslabón entre los peces y los demás vertebrados (reptiles, aves y mamíferos), ya que fueron los primeros vertebrados que salieron del agua para vivir en tierra firme.
La Clase de los anfibios cuenta con más de cinco mil especies, y continuamente se descubren otras, especialmente en los trópicos americanos, donde vive el 44% de las ranas hasta ahora descritas. Muchas especies nuevas podrían ser descubiertas en un futuro próximo, si no son destruidas antes por la deforestación.
Los humanos tenemos una actitud ambivalente hacia los anfibios. A veces nos parecen repulsivos porque son fríos y húmedos, y otras veces les damos categoría de príncipes encantados. Se trata, sin embargo, de uno de los grupos más inofensivos y útiles para el hombre: no son agresivos, no dañan los cultivos de granos ni las frutas como los roedores y los pájaros, ni transmiten enfermedades como algunos invertebrados. Por el contrario, suelen ser muy beneficiosos ya que muchos de ellos, cuando viven el agua comen huevos y larvas de insectos como los mosquitos, y en su vida terrestre se alimentan de insectos adultos, algunos de ellos dañinos para la agricultura. Los anfibios son además muy útiles para evaluar la salud de los ecosistemas, pues son muy sensibles a la contaminación. La utilidad de los anfibios alcanza mayores dimensiones por el hecho de que se trata del grupo de vertebrado terrestre más abundante en los bosques tropicales húmedos.
Sin menospreciar a la monarquía, sistema político predominante en algunos de los países más civilizados de la Tierra, creo que el planeta saldrá ganando si ciertos príncipes fueran convertidos en sapos por algún hechicero ecologista.
La Clase de los anfibios cuenta con más de cinco mil especies, y continuamente se descubren otras, especialmente en los trópicos americanos, donde vive el 44% de las ranas hasta ahora descritas. Muchas especies nuevas podrían ser descubiertas en un futuro próximo, si no son destruidas antes por la deforestación.
Los humanos tenemos una actitud ambivalente hacia los anfibios. A veces nos parecen repulsivos porque son fríos y húmedos, y otras veces les damos categoría de príncipes encantados. Se trata, sin embargo, de uno de los grupos más inofensivos y útiles para el hombre: no son agresivos, no dañan los cultivos de granos ni las frutas como los roedores y los pájaros, ni transmiten enfermedades como algunos invertebrados. Por el contrario, suelen ser muy beneficiosos ya que muchos de ellos, cuando viven el agua comen huevos y larvas de insectos como los mosquitos, y en su vida terrestre se alimentan de insectos adultos, algunos de ellos dañinos para la agricultura. Los anfibios son además muy útiles para evaluar la salud de los ecosistemas, pues son muy sensibles a la contaminación. La utilidad de los anfibios alcanza mayores dimensiones por el hecho de que se trata del grupo de vertebrado terrestre más abundante en los bosques tropicales húmedos.
Sin menospreciar a la monarquía, sistema político predominante en algunos de los países más civilizados de la Tierra, creo que el planeta saldrá ganando si ciertos príncipes fueran convertidos en sapos por algún hechicero ecologista.
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