Maya Plisétskaya, sin pelos en la lengua
"Casi no he conocido artistas auténticos en ballet", dice
Madrid. Icono del ballet durante el régimen soviético, con el que nunca comulgó, Maya Plisétskaya (Moscú, 1925), reside en Munich y se encuentra en Madrid ofreciendo clases magistrales. La revista LaCultura.es publica una entrevista realizada por Daniel Utrilla, en la que la ganadora del Premio Príncipe de Asturias 2005 habla de lo humano y lo divino en el mundo del ballet clásico.
Preguntada acerca de la posibilidad de que en la actualidad se den bailarinas con intuición y sensibilidad, como se autodefine en sus memorias "Yo, Maya Plisétskaya, explica: "La expresividad la concede Dios o no la concede. Enseñarla es imposible".
Afirma que la escuela rusa del ballet continúa existiendo, "pero ahora es igual en todas partes. Todo el mundo ya sabe bailar bien y ya no está claro de qué escuela es alguien. Yo, por ejemplo, no puedo saber donde estudiaba una bailarina", dice quien afirma tajantemente que nunca bailó algo que no le gustara.
Nunca bailó el Giselle, sobre ello manifestó: "No me arrepiento. Podría arrepentirme, por ejemplo, de no haber ido a la escuela de Vagánova. Ella era supergenial. Cómo enseñaba a bailar, cómo entrenaba el cuerpo... Podía convertir a cualquiera en una bailarina. Durante las pruebas podría estar sentada una chica con mala figura, pero después salía y bailaba de forma genial porque le enseñaba Vagánova. No ha existido otra como ella".
Plisétskaya rememora los duros años del stalinismo y también se lamenta que hoy día no hay prodigios. " Hay bailarines destacados, de primera clase, que antes no había. De esta clase como los hay ahora se pueden nombrar a veinte o treinta... Yo fui presidenta del jurado en Roma en un concurso semi-infantil, y allí una rusa bailó el pas de deux del Lago de los cisnes tan bien que se me salieron los ojos de las órbitas. Y es una desconocida para todos que no ha encontrado lugar en ningún sitio. Probablemente, va a trabajar en Berlín. Se llama Ludimila Konovalova. Me conmovió cómo bailó la variante más difícil de El lago. Ligera, sin ningún esfuerzo. Antes, había bailarinas muy interesantes en la compañía de Béjart, pero pasaba lo siguiente: Béjart apostaba por ellas, pero luego todo era Béjart, Béjart y Béjart... ".
Nunca bailó el Giselle, sobre ello manifestó: "No me arrepiento. Podría arrepentirme, por ejemplo, de no haber ido a la escuela de Vagánova. Ella era supergenial. Cómo enseñaba a bailar, cómo entrenaba el cuerpo... Podía convertir a cualquiera en una bailarina. Durante las pruebas podría estar sentada una chica con mala figura, pero después salía y bailaba de forma genial porque le enseñaba Vagánova. No ha existido otra como ella".
Plisétskaya rememora los duros años del stalinismo y también se lamenta que hoy día no hay prodigios. " Hay bailarines destacados, de primera clase, que antes no había. De esta clase como los hay ahora se pueden nombrar a veinte o treinta... Yo fui presidenta del jurado en Roma en un concurso semi-infantil, y allí una rusa bailó el pas de deux del Lago de los cisnes tan bien que se me salieron los ojos de las órbitas. Y es una desconocida para todos que no ha encontrado lugar en ningún sitio. Probablemente, va a trabajar en Berlín. Se llama Ludimila Konovalova. Me conmovió cómo bailó la variante más difícil de El lago. Ligera, sin ningún esfuerzo. Antes, había bailarinas muy interesantes en la compañía de Béjart, pero pasaba lo siguiente: Béjart apostaba por ellas, pero luego todo era Béjart, Béjart y Béjart... ".
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