Medicamentos que sabotean las dietas
Si desea controlar su peso corporal y aprovechar sus esfuerzos para adelgazar, debe saber cuáles son los medicamentos que repercuten en la balanza.
Para perder peso de forma permanente conviene conocer cuáles son los fármacos que inducen el aumento de kilos y cómo contrarrestarlos.
Los psicotrópicos, antihistamínicos, antihipertensivos, antidepresivos y esteroides pueden ser los peores enemigos del mejor régimen para adelgazar.
Si está tomando medicamentos para la depresión, la ansiedad o cualquier otro trastorno nervioso, preste mucha atención a la balanza, porque a medida que se van aliviando los agobios de su mente pueden ir aumentando los kilos de su anatomía. Los fármacos para tratar la depresión figuran entre las drogas inductoras del aumento de peso más estudiadas, ya que son responsables del incremento de kilos en el 80 por ciento de quienes las toman.
Pero no son los únicos: existen decenas de principios activos que solucionan un problema, el trastorno o enfermedad para el que están diseñados, y crean otro, la denominada obesidad "atrógenas" o "atrogénica".
Los fármacos denominados eurolépticos, los tranquilizantes, los antidepresivos y los somníferos están en el origen de un 30 por ciento de los casos de sobrepeso.
Dentro de esta lista, el principal enemigo de la silueta son las sulpiridas, que si se toman en dosis altas y durante mucho tiempo, pueden causar un exceso de peso de entre 20 y 30 kilos.
El litio, un medicamento utilizado para el trastorno bipolar, también puede influir en el peso: se calcula que la mitad de las personas que lo consumen llegan a engordar, especialmente las mujeres.
Los tratamientos derivados de las hormonas que produce el propio organismo, suelen producir efectos similares a los del producto glandular del cual derivan. Por ello los relacionados con las hormonas sexuales, como los anticonceptivos orales, o con las glándulas suprarrenales o el páncreas, pueden producir obesidad.
Para tratar la diabetes se utilizan las sulfonilureas y la insulina mediante inyección subcutánea, dos medicamentos, que a largo plazo, producen un discreto pero claro aumento de peso.
Los fármacos ansiolíticos como el alprazolam, el sinequan o el adapin también figuran entre los "enemigos de la línea".
Pero a veces el incremento del peso se debe al aumento del bienestar del paciente, por ejemplo en el caso de aquellas personas que pierden su apetito cuando se hallan deprimidas, y que lo recobran una vez que la depresión ha pasado.
Los antihistamínicos mejoran los síntomas alérgicos actuando sobre el sistema nervioso central, pero pueden tener efectos no deseados en la parte del cerebro que controla el apetito.
Los nuevos antihistamínicos no sedantes como el astemizol o la loratadina parecen inducir en mayor medida un aumento de peso.
Si se sospecha que una droga de uso psiquiátrico puede estar haciendo que la persona gane peso, el primer paso será seguir el comportamiento del paciente una vez que su condición patológica se encuentre bajo control.
La actividad física regular destinada a quemar el exceso de calorías, resulta especialmente importante si la droga tiene un efecto metabólico.
Si ninguna de estas tácticas funciona se puede hablar con el médico la posibilidad de cambiar de fármaco, pero hasta que esto ocurra no hay que dejar de tomar el medicamento indicado.
La respuesta de cada persona a una droga varía de acuerdo a una serie de factores, desde la edad y el tamaño de su cuerpo hasta el funcionamiento del hígado y los riñones. Por ello, las reacciones a los fármacos son muy específicas y no se pueden predecir.
EFE Reportajes.
Pero no son los únicos: existen decenas de principios activos que solucionan un problema, el trastorno o enfermedad para el que están diseñados, y crean otro, la denominada obesidad "atrógenas" o "atrogénica".
Los fármacos denominados eurolépticos, los tranquilizantes, los antidepresivos y los somníferos están en el origen de un 30 por ciento de los casos de sobrepeso.
Dentro de esta lista, el principal enemigo de la silueta son las sulpiridas, que si se toman en dosis altas y durante mucho tiempo, pueden causar un exceso de peso de entre 20 y 30 kilos.
El litio, un medicamento utilizado para el trastorno bipolar, también puede influir en el peso: se calcula que la mitad de las personas que lo consumen llegan a engordar, especialmente las mujeres.
Los tratamientos derivados de las hormonas que produce el propio organismo, suelen producir efectos similares a los del producto glandular del cual derivan. Por ello los relacionados con las hormonas sexuales, como los anticonceptivos orales, o con las glándulas suprarrenales o el páncreas, pueden producir obesidad.
Para tratar la diabetes se utilizan las sulfonilureas y la insulina mediante inyección subcutánea, dos medicamentos, que a largo plazo, producen un discreto pero claro aumento de peso.
Los fármacos ansiolíticos como el alprazolam, el sinequan o el adapin también figuran entre los "enemigos de la línea".
Pero a veces el incremento del peso se debe al aumento del bienestar del paciente, por ejemplo en el caso de aquellas personas que pierden su apetito cuando se hallan deprimidas, y que lo recobran una vez que la depresión ha pasado.
Los antihistamínicos mejoran los síntomas alérgicos actuando sobre el sistema nervioso central, pero pueden tener efectos no deseados en la parte del cerebro que controla el apetito.
Los nuevos antihistamínicos no sedantes como el astemizol o la loratadina parecen inducir en mayor medida un aumento de peso.
Si se sospecha que una droga de uso psiquiátrico puede estar haciendo que la persona gane peso, el primer paso será seguir el comportamiento del paciente una vez que su condición patológica se encuentre bajo control.
La actividad física regular destinada a quemar el exceso de calorías, resulta especialmente importante si la droga tiene un efecto metabólico.
Si ninguna de estas tácticas funciona se puede hablar con el médico la posibilidad de cambiar de fármaco, pero hasta que esto ocurra no hay que dejar de tomar el medicamento indicado.
La respuesta de cada persona a una droga varía de acuerdo a una serie de factores, desde la edad y el tamaño de su cuerpo hasta el funcionamiento del hígado y los riñones. Por ello, las reacciones a los fármacos son muy específicas y no se pueden predecir.
EFE Reportajes.