Concierto de apertura Temporada Sinfónica 2021: Brahms y Schumann

Es un diálogo constante y perfecto entre dos figuras gigantescas y divinas, solista y orquesta

El maestro José Antonio Molina. Fuente externa

El miércoles 25 de agosto se inaugura la Temporada Sinfónica 2021. El programa es formidable. Escucharemos obras de dos magníficos compositores alemanes, iniciando con Johannes Brahms (1833-1897) y a continuación Robert Schumann (1810-1856) ambos rebosan el más puro romanticismo.

A pesar de la diferencia de edad, la vida los une en una gran amistad, admiración y en el amor hacia una misma mujer, la extraordinaria pianista y compositora Clara Wieck o Schumann.

Brahms, muy joven, se convierte en el apoyo de Schumann en sus depresiones y tristezas, acompaña a Clara en las horas oscuras cuando Schumann es internado en un sanatorio y es al único a quien se le permite visitarlo hasta su muerte.

Una novela del mundo musical

En el pódium tendremos al maestro José Antonio Molina, titular de la Orquesta Sinfónica, a quien bien conocemos y quien como siempre nos dará lo mejor de sí y conducirá su orquesta con pasión y conocimiento. Nos tiene acostumbrados a siempre dar “la milla extra”.

Al piano, Antonio Pompa Baldi, solista que seguro nos regalará una interpretación memorable. Pompa Baldi, italiano, ganador de varios concursos, entre ellos Cleveland y el Van Cliburn, que lo trajo por primera vez a Santo Domingo para una de las siempre extraordinarias Galas Van Cliburn, auspiciadas por la Fundación León Jimenes.

Su exitosa carrera continúa extendiéndose por los cinco continentes. El New York Times describió su forma de tocar como "increíblemente hermosa". En nuestro país ha sido profesor de la Cátedra de Piano Manuel Rueda, auspiciada por la Fundación por la Música que dirige Margarita Auffant y es profesor Distinguido del Cleveland Institute of Music.

Pompa Baldi aportará el virtuosismo y elegancia característicos al concierto, sabia elección para esta noche. Se abre con el Segundo Concierto para piano de Brahms. El compositor mismo actuó como solista en su estreno en 1881.

La obra merece ser escuchada por lo que es, un gran concierto romántico para piano y orquesta. No es un concierto clásico, no es una sinfonía con piano y no es la reencarnación de un concierto para piano de Beethoven.

El concierto es por derecho propio una obra maestra dentro de la literatura de conciertos. Este concierto rompe con la forma tradicional de concierto de tres movimientos. La composición tiene cuatro movimientos llegando a una escala verdaderamente sinfónica. Si Brahms dejó al público perplejo con su primer concierto, el segundo también rompió moldes, es el concierto más grande escrito hasta ese momento en términos de longitud, esta pieza va aún más lejos al agregar un movimiento scherzo, que Brahms.

Coloca entre el primer movimiento épico y el delicioso Andante (tercer movimiento) que se abre con una de las melodías de violonchelo solo más gloriosas de toda la música orquestal. Da muestra del ingenio silencioso de Brahms, una faceta de su carácter que con demasiada frecuencia se pasa por alto.

Brahms más tarde describiría en broma la pieza como un "diminuto concierto para piano con un diminuto y diminuto hilo de scherzo". Claramente quiso decir esto en broma: nada en la partitura es pequeño, desde los expansivos cuatro movimientos hasta la dificultad de la parte de piano.

Es un diálogo constante y perfecto entre dos figuras gigantescas y divinas, solista y orquesta.

Sinfonía Nº 4

Respiramos profundo pues nos aguarda a seguidas la “Sinfonía Nº 4 de Robert Schumann. Esta sinfonía finalizada en 1841 fue estrenada ese mismo año con la orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, dedicada a su esposa Clara como “Sinfonía Nº2”.

En 1851 Schumann hizo una revisión de la obra publicándola como “Sinfonía Nº4”. Se estrenó en Düsseldorf en 1853. La versión que más se escucha es la de 1851. Presenta una forma muy homogénea, creada por los temas y sus variantes, que van pasando de uno a otro movimiento.

Los temas principales reaparecen a lo largo de toda la sinfonía. Schumann creó secciones de enlace entre los diversos movimientos, indicando que debían interpretarse sin interrupción.

A pesar de conservar en el fondo la forma clásica, el desarrollo de los movimientos es muy libre. Sus cuatro movimientos se enlazan unos con otros sin descanso, sin respiro.

La Sinfonía termina jubilosa y llena de optimismo algo poco común en la música de Robert Schumann.

Recuerden usar sus mascarillas, respetar todas las medidas sanitarias. Solamente así podremos seguir disfrutando de los conciertos que tanto hemos extrañado.

Leonard Bernstein dirige la Sinfonía No. 4 de R. Schumann, un tesoro.

Estudió artes liberales. Es curiosa y le encanta escribir. La lectura y la música son su pasión. Esa pasión le ha llevado a estudiar y tratar de profundizar en un océano lleno de notas inacabables y pleno de placer.