Viento a favor para jóvenes instrumentistas dominicanos
Hasta el sábado 30 de abril 50 jóvenes agotan un intenso programa educativo de la Fundación Sinfonía que incluye clases magistrales y prácticas de música de cámara.
SANTO DOMINGO. Corría el mes de marzo cuando Yoel Minaya revisaba su Facebook y se detenía en una publicación de la Fundación Sinfonía que invitaba a realizar una audición para ser uno de los 50 músicos que participarían en el Taller para Jóvenes Instrumentistas de Vientos (Maderas y Metales) 2016.
Yoel se emocionó al ver que las clases las impartirían seis profesores pertenecientes al programa Global Leaders de YOA, Orquesta de las Américas, y uno perteneciente a la Orquesta del Festival Musical de Santo Domingo. Como lo haría cualquier joven de 19 años, procedió a compartir la información en whatsapp, específicamente en el grupo de la Banda Musical de Mao. Allí sus amigos se interesaron en participar y tomaron la decisión de ayudarse entre sí con la grabación de sus audiciones.
La colaboración mutua rindió frutos: el correo de aceptación llegó para todos. Por eso hoy, 27 de abril, tanto Yoel como Danisselle Núñez, Alma Gómez y Starling Fermín forman parte de los instrumentistas de flauta, oboe, clarinete, trompeta, trombón, corno francés, fagot y tuba, beneficiados con este programa educativo desarrollado por la Fundación Sinfonía, patrocinado por la Embajada de Estados Unidos de América e impartido en las aulas del Conservatorio Nacional de Música.
Carmen Rita Malagón de Moya, directora ejecutiva de Fundación Sinfonía, explica que el proyecto se realiza desde 2012 y no implica ningún costo para los estudiantes: “Los chicos tienen la ventaja de que reciben mucha práctica en música de cámara y clases magistrales”.
Esta opinión es compartida por Andrés Vidal, profesor de trombón del Conservatorio, al afirmar que lo fundamental es la experiencia que transmiten estos maestros: “El que viene de fuera tiene otra visión, otra perspectiva, otros conceptos y se retroalimenta de lo que se hace en República Dominicana”.
Aulas llenas de pasiónEl sonido del oboe es lo primero que se escucha al subir al segundo piso del Conservatorio. Allí la maestra Sarah Balzer asegura que se siente satisfecha de haber regresado dos años después y descubrir el gran avance que han tenido sus estudiantes. Para ella es casi un privilegio ayudar de manera directa a Juan Benítez, Manuel Herrera y a Cristal Núñez.
Al lado de su aula, la profesora Brigid Babbish comparte emocionada sus conocimientos de fagot. Para ella la experiencia ha sido muy positiva, especialmente porque ha encontrado talento. Al decirlo señala a Arnel Rodríguez, un chico de 19 años que con solo seis meses de aprendizaje se ha defendido muy bien tocando en cuarteto junto a Ángela Peña (30 años) y Beatriz Herasme (26 años), quienes le llevan una década de ventaja.
Para Ángela el taller es una gran oportunidad, pues es raro que vengan fagotistas a enseñar a República Dominicana donde este instrumento es muy difícil de encontrar: “Aquí en el país no aparecen. Las piezas hay que pedirlas por internet y son bien costosas”.
De hecho, tanto ella como Beatriz utilizan los del Conservatorio, mientras Arnel usa el de la Sinfónica Juvenil. Carmen Rita y Andrés Vidal afirman que todos los instrumentos, especialmente los costosos como el oboe y el fagot, provienen de donaciones.
“En el campo de la música de República Dominicana los que estudian instrumentos comunes encuentran fácilmente trabajo en orquestas y agrupaciones populares, pero no así los instrumentos como corno, tuba, fagot, oboe que son muy limitados y en el país solo existe una Sinfónica Nacional. Hay que esperar a que esas personas se retiren para que puedan tener trabajo. Muchos se han incorporado a las bandas de música o a la orquesta del Conservatorio y como quiera se les recomienda su formación académica en el sentido de hacer otra carrera paralela a la música porque tienen que sostenerse, tienen que vivir, aunque el músico va a ser músico adonde quiera que lo pongas. Muchos se van del país, pero lo que queremos con este tipo de proyectos es formarlos y que se queden aquí”, explica Vidal.
La respuesta de Yoel, quien estudia música en el Instituto de Cultura y Arte (ICA), en Santiago, ante la pregunta de si ha pensado en vivir de la música confirma las palabras de vidal: “Muchas veces lo he hecho, pero estudio Medicina en la UASD”.
Un instrumento que es más fácil de encontrar es la trompeta. Por eso no es de extrañar que siete trompetistas escuchen atentos las instrucciones del maestro Dorival Puccini. Según sus palabras, vino por primera vez al país hace unos 15 años y conoció a muchos jóvenes músicos con talento, pero los de esta clase en particular le han encantado. “Este es mi primer día y la forma en que va su progreso es impresionante”, dice sonriente.
Para él lo más importante de este taller es que se pueden intercambiar ideas diferentes y válidas que permiten crear, además de que cada profesor ofrece nuevas herramientas que le son de utilidad para los estudiantes, quienes al final deciden cuáles utilizar.
Eso precisamente es lo que hace el maestro de trombón, tuba y bombardino, David López, al otro lado del pasillo: “Les recomiendo en su rutina diaria que saquen un libro, un estudio al azar. La lectura a primera vista es muy importante. Si mañana necesito a un tubista a las 10 de la mañana, quiero que sea capaz de leer las obras en media hora de ensayo”.
–¿Qué es leer a primera vista? –le interrumpimos.
–Es cuando tenemos una partitura y nunca hemos tocado la obra; no sabemos exactamente cómo funciona... es como abrir un libro que nunca hemos leído y empezamos a entender lo que estamos leyendo, así es leer música, leer cosas nuevas con el vocabulario que ya tenemos –explica con entusiasmo. A seguidas, culmina su ponencia como tubista experimentado con una de sus filosofías: “Si el director no se aprende mi nombre es porque estoy haciendo las cosas bien. Mientras menos me hable el director, mejor”. Los estudiantes asienten sonrientes. No hubo necesidad de nombrarlos.