"¿Por qué te asustas, ave sencilla?"

Rolita o tojosa (Columbina passerina). Fuente externa

SANTO DOMINGO. Uso este tierno decasílabo de Salomé Ureña como título, porque voy a contar la historia de un ave que, creo, fue la que inspiró a la gran madre-educadora su famoso poema, ya que cuando tiene polluelos, si alguien se acerca al nido se agacha y mira fijamente al intruso como aterrada.

Es, además, la historia favorita de mi hija Silvia, quien cuenta apenas cinco resplandecientes primaveras.

El ave de nuestra historia es la Rolita (Columbina passerina). Tojosa la llaman en Cuba y su nombre en inglés, Ground-Dove (Tórtola del Suelo), alude al mucho tiempo que pasa caminando en la tierra en busca de semillas y a veces de caracolitos que suplen sus necesidades de calcio.

Su nombre científico podría traducirse como "Palomita" parecida a un gorrión (Passer es gorrión en latín), en alusión a su reducido tamaño (6 a 7 pulgadas), pues es la más pequeña de las palomas silvestres de nuestra isla. Es muy común en la ciudad de Santo Domingo y otras ciudades del país.

El macho tiene el buche y la cara rosados y la cabeza y la nuca gris.

La hembra es toda gris y ligeramente más pequeña. Como todas las palomas, beben introduciendo el pico en el agua y succionando. Forman parejas permanentes, otro rasgo de la familia, que se distribuyen las tareas reproductivas. La hembra permanece en el nido mientras el macho transporta el material. Luego de la postura, el macho incuba durante el día y la hembra desde el atardecer hasta el alba. Una vez nacidos los pichones, ambos padres los alimentan, aunque los machos son, por así decirlo, más "maternales" que las hembras.

La historia que voy a contarles ocurrió a mediados de los ochenta, cuando trabajaba en el Museo de Historia Natural como investigador en etología. Un día llevaron un pichoncito de rolita que comenzaba a emplumar. Terminé de criarlo a mano  y lo puse en un amplio aviario.

Resultó ser una hembra y la llamamos Mima, por lo mimosa que era. Felizmente, cuando llegó a mis manos ya había abierto los ojos, de manera que no había temor de que se produjera la impresión o troquelado (imprinting), ese aprendizaje pre-programado presente en muchos animales, mediante el cual se les graba a las crías la imagen de lo primero que ven, experiencia que determina su forma de actuar en la fase adulta, e incluso puede afectar su capacidad de escoger pareja sexual.

Cuando Mima no había cumplido todavía su primer año, llevaron al Museo una rolita macho herida, víctima de los colectores de especímenes para la colección de aves disecadas de la institución. Hay que aclarar que esas colecciones de los museos juegan un papel de primer orden en la investigación de la fauna silvestre. Sin embargo, Bahoruco (Venía de esa región) logró escapar de  ese destino. Con la complicidad de un técnico del Museo, lo secuestramos y luego de curarle una herida que tenía en el ala, lo juntamos con Mima.

Fue amor a primera vista; aunque el macho no podía volar, ella lo buscaba y pasaba mucho tiempo con él en el suelo. Al poco tiempo ya eran pareja y copulaban cumpliendo el ritual de las palomas: la hembra introduciendo su pico en la boca del macho y éste alimentándola antes de la cópula, que es el origen de la creencia de que las palomas se besan.

El primer problema creado por la incapacidad del macho para volar surgió cuando Mima decidió hacer el nido en una mata de cacao que había en el aviario. El macho no podía subir el material al nido y ella se iba a morir esperando que lo hiciera. Fue entonces que decidí darle una ayudita a Mima. (Continuará) 

guerrero.simon@gamil.com