Realizan un coloquio sobre la mujer taína y la mujer dominicana

Antropólogos e historiadores abordaron el tema en el Museo del Hombre

Manuel García Arévalo, Cristían Martínez, Bernardo Vega y Fátima Portorreal.

SANTO DOMINGO. ¿Era la mujer taína más libre que la mujer dominicana de hoy? El tema en diferentes ángulos fue abordado por los especialistas Bernardo Vega, Manuel García Arévalo, Cristian Martínez y Fátima Portorreal en el conversatorio titulado "Paralelismo entre la mujer taína y la mujer dominicana", celebrado la noche del jueves en el Museo del Hombre Dominicano.

La antropóloga Fátima Portorreal subrayó el hecho de que de los tiempos de la sociedad precolombina no se conoce de violencia de género, y que no hay datos sobre el acoso sexual, lo que es apoyado por cronistas de Indias, según una nota de prensa enviada a Diario Libre.

Expresó en su exposición, que la mujer en la sociedad arahuaca vivía en una sociedad comunitaria, en la etapa del neolítico, donde tenía lugar el desarrollo de la horticultura y los bienes comunes.

"Se trataba de una sociedad libre donde no había tabúes en cuanto a la desnudez y el manejo de las relaciones sexuales, e inclusive se ha establecido que había casos lésbicos", dijo.

Mientras que el historiador Bernardo Vega estableció que en los llamados areitos participaban personas de ambos sexos, todos desnudos, excepto las mujeres casadas que tenían un atavío especial.

Los relatos del Padre Las Casas establecen que las mujeres cantaban en voz alta mientras cultivaban la tierra y bregaban atendiendo la ropa. Otras tareas eran el trabajo de la cerámica por el sector femenino que se ha mantenido en regiones del país con el paso del tiempo.

Los hombres sólo limpiaban el terreno, mientras que las mujeres eran las que sembraban y atendían la educación de los niños. El cacicazgo era heredado, el cual correspondía a los hijos de mayor edad, aunque hubieron casos notorios de cacicas como Anacaona.

Como dato curioso reveló que el Almirante Cristóbal Colón fue recibido por Guacanagarix y que entregó a su esposa y otras doce niñas como forma de hospitalidad, y que Anacahona se entregó varias veces a los españoles, según relatos de cronistas.

De su lado, Cristían Martínez, dice que la mujer era la cabeza del matrimonio, cuidaba de los hijos, la vivienda y cultivaba los productos de alimentación.

Para la herencia del poder político se tomaba en cuenta la línea materna, y así se daba continuidad a las tradiciones indígenas.

Se refirió al poder de Anacahona indicando que tenía 300 caciques subordinados o nitaínos. "Las niñas vivían completamente desnudas hasta la primera menstruación".

Manuel García Arévalo habló de la participación de la mujer en la vida política, y destacó que la participación de ésta en dicha área fue ciertamente muy significativa.