"Tuve el privilegio de saber qué es la maternidad"
Saraida De Marchena. "Mis hijos me dieron la paz espiritual que yo por años estuve buscando. Nada me perturba interiormente."
Saraida De Marchena, 39 años, vivió un año 2003 difícil. Como la gran mayoría tuvo que enfrentar la crisis económica que nos abatió a todos, la muerte de su padre y, en adición, perdió a sus trillizos. Peor golpe no pudo recibir. Es algo tan grande, como ella misma lo califica, que no han logrado ponerle nombre. Y así es. "Cuando se pierde al esposo una se queda viuda, cuando se pierde a un padre, una se convierte en huérfana, pero cuando se pierde un hijo…no hay una palabra que lo encierre. Es algo muy grande que siempre estará ahí", dice conmovida quien sólo accede a esta entrevista siempre que "mi testimonio de vida le pueda ser útil a cualquier persona para levantarse. Que ese sea el único propósito de concederla. Bendito sea Dios".
¿Qué tal fue el embarazo?
Los primeros meses fueron muy malos. Náuseas y vómitos. Entre los dos y cuatro meses perdí 25 libras. Después todo iba dentro de lo normal en un embarazo de trillizos.
¿Cuál fue tu reacción cuando supiste que eran tres?
Dije: Bueno Señor… tú sabrás, bendito y alabado.
¿Cuándo comenzaron las complicaciones?
El embarazo iba bien. Las sonografías indicaban que todo evolucionaba normal, pero al llegar a los seis meses y medio comencé a sentir las contracciones. Inmediatamente se procedió a inyectarme el medicamento para madurar los pulmones de los bebés. A mí se me controlaron las contracciones pero los esfuerzos fueron infructuosos.
Nacieron prematuros.
El 31 de diciembre a las dos y media de la tarde. Primero nacieron las niñas, Ivonne Clarisse y Sarah Victoria, y luego el varón, Sebastián Xavier. Pesaban aproximadamente dos libras cada uno. De inmediato entrarían a intensivo de neonatología para darle el cuidado propio de prematuros. Nacieron completitos.
¿Qué pasó?
El día primero de enero comenzaron las complicaciones. Ivonne Clarisse fue la primera en complicarse pero quien murió primero fue Sarah Victoria, para mi sorpresa, en la madrugada del día 2. El día 3 murió Ivonne, por complicaciones respiratorias y a Sarah tuvo que hacérsele transfusión de sangre.
¿Y Sebastián Xavier?
Iba evolucionando bien, llegué incluso a lactarlo por goteo. Me pasaba el día completo con él. Hizo una crisis intestinal, común en prematuros, la superó y hasta ofrecí una misa por su salud y por sus hermanitas. Le pedí tanto a Dios por él pero, el domingo 11 de enero a las dos y media de la tarde, murió a consecuencia de un derrame fulminante.
¿Cómo respondiste?
Quedé destrozada. Recordé al doctor José Joaquín Puello, quien había perdido un hijo, él dice que a uno se le va un pedazo del alma. A mí se me fueron tres pedazos. Eso está ahí. No se supera.
¿Cómo lograste levantarte?
Después de una semana refugiada en mi hogar junto a mi esposo y oficiada una misa por el Cardenal, nos propusimos que a partir de ese momento el dolor lo llevaríamos por dentro, que teníamos que seguir con nuestra vida de pareja y con todos nuestros proyectos a nivel profesional
¿Por qué crees que sucedió?
Nada sucede al azar. Todo tiene una razón de ser. Ellos tenían un ciclo de vida y ese fue. Tuvieron un propósito en nuestras vidas.
¿Cuál es ese propósito?
Eso se sabrá en algún momento de nuestras vidas. Nada es casual. Mis hijos me llenaron, me hicieron crecer, me hicieron ser más sensible y más fuerte a la vez.
¿Qué aspiras luego de esa experiencia?
Lograr la armonía perfecta, entre lo espiritual y todo lo que es mi entorno. La armonía interior.
Algún mensaje
Hay que buscar la fortaleza necesaria para seguir adelante y nunca perder la fe en Dios. Buscar la fortaleza donde creas poder encontrarla y aun con todo el dolor del mundo tratar de levantarte y asumir una actitud positiva.
¿Volverías a intentarlo?
Dios sabrá cuando será.
¿Cuál fue tu reacción cuando supiste que eran tres?
Dije: Bueno Señor… tú sabrás, bendito y alabado.
¿Cuándo comenzaron las complicaciones?
El embarazo iba bien. Las sonografías indicaban que todo evolucionaba normal, pero al llegar a los seis meses y medio comencé a sentir las contracciones. Inmediatamente se procedió a inyectarme el medicamento para madurar los pulmones de los bebés. A mí se me controlaron las contracciones pero los esfuerzos fueron infructuosos.
Nacieron prematuros.
El 31 de diciembre a las dos y media de la tarde. Primero nacieron las niñas, Ivonne Clarisse y Sarah Victoria, y luego el varón, Sebastián Xavier. Pesaban aproximadamente dos libras cada uno. De inmediato entrarían a intensivo de neonatología para darle el cuidado propio de prematuros. Nacieron completitos.
¿Qué pasó?
El día primero de enero comenzaron las complicaciones. Ivonne Clarisse fue la primera en complicarse pero quien murió primero fue Sarah Victoria, para mi sorpresa, en la madrugada del día 2. El día 3 murió Ivonne, por complicaciones respiratorias y a Sarah tuvo que hacérsele transfusión de sangre.
¿Y Sebastián Xavier?
Iba evolucionando bien, llegué incluso a lactarlo por goteo. Me pasaba el día completo con él. Hizo una crisis intestinal, común en prematuros, la superó y hasta ofrecí una misa por su salud y por sus hermanitas. Le pedí tanto a Dios por él pero, el domingo 11 de enero a las dos y media de la tarde, murió a consecuencia de un derrame fulminante.
¿Cómo respondiste?
Quedé destrozada. Recordé al doctor José Joaquín Puello, quien había perdido un hijo, él dice que a uno se le va un pedazo del alma. A mí se me fueron tres pedazos. Eso está ahí. No se supera.
¿Cómo lograste levantarte?
Después de una semana refugiada en mi hogar junto a mi esposo y oficiada una misa por el Cardenal, nos propusimos que a partir de ese momento el dolor lo llevaríamos por dentro, que teníamos que seguir con nuestra vida de pareja y con todos nuestros proyectos a nivel profesional
¿Por qué crees que sucedió?
Nada sucede al azar. Todo tiene una razón de ser. Ellos tenían un ciclo de vida y ese fue. Tuvieron un propósito en nuestras vidas.
¿Cuál es ese propósito?
Eso se sabrá en algún momento de nuestras vidas. Nada es casual. Mis hijos me llenaron, me hicieron crecer, me hicieron ser más sensible y más fuerte a la vez.
¿Qué aspiras luego de esa experiencia?
Lograr la armonía perfecta, entre lo espiritual y todo lo que es mi entorno. La armonía interior.
Algún mensaje
Hay que buscar la fortaleza necesaria para seguir adelante y nunca perder la fe en Dios. Buscar la fortaleza donde creas poder encontrarla y aun con todo el dolor del mundo tratar de levantarte y asumir una actitud positiva.
¿Volverías a intentarlo?
Dios sabrá cuando será.
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