La historia de Lindsay Clancy, la mujer de EE. UU. que habría matado a sus tres hijos por una psicosis posparto
La historia de Lindsay Clancy refleja la lucha de muchas madres con problemas de salud mental y la falta de apoyo adecuado en momentos críticos
La historia de Lindsay Clancy comenzó como la de tantas mujeres que construyen, poco a poco, la vida que imaginaron desde niñas.
Desde la escuela secundaria, Lindsay sabía lo que quería. Ser enfermera y madre formaba parte de su proyecto de vida. Era una estudiante destacada, animadora competitiva, integrante de la Sociedad Nacional de Honor y una joven muy cercana a su grupo de amigas en Wallingford, Connecticut.
Quienes la conocieron durante esos años la describen como una persona tranquila y reservada con quienes no conocía, pero divertida, cariñosa y espontánea con sus amigas más cercanas.
Para Samantha, una de sus amigas desde la escuela intermedia, había algo que definía a Lindsay: su instinto natural para cuidar de los demás.
Después de graduarse de la secundaria, estudió Biología en Quinnipiac University y obtuvo su título en 2012. Años después conoció a Patrick, el hombre que se convertiría en su esposo.
Una de sus amigas recuerda que ambos tuvieron una conexión inmediata.
“Siempre decía que era el hombre más amable con el que había salido”, contó.
Parecía que la vida de Lindsay estaba tomando el rumbo que siempre había querido.
Se casó con Patrick y, en la Nochebuena de 2017, nació Cora, su primera hija. En septiembre de 2019 llegó Dawson, un niño.
Lindsay trabajaba como enfermera de parto y alumbramiento en el Massachusetts General Hospital. Para sus amigas, se convirtió además en esa persona a la que podían acudir cuando necesitaban un consejo sobre maternidad.
Cuando una de ellas tuvo su primer hijo, Lindsay era la primera persona a la que llamaba cuando necesitaba orientación o tranquilidad.
Pero la maternidad también comenzó a mostrarle un lado que nadie a su alrededor parecía poder dimensionar.
El nacimiento de su tercer hijo
En mayo de 2022 nació Callan, su tercer hijo.
Lindsay tenía entonces 32 años y una niña de cuatro años y un niño de dos. Para quienes la veían desde fuera, era una madre dedicada que intentaba sacar adelante a tres pequeños.
Durante la pandemia había participado en un grupo de ejercicios por Zoom creado para que madres se apoyaran mutuamente. Cuando estaba embarazada de Callan, asistía prácticamente a todas las sesiones, incluso cuando tenía siete u ocho meses de embarazo.
A veces Cora y Dawson aparecían en la pantalla junto a ella, intentando hacer ejercicio también.
- Para Chelsea, una de las mujeres que participaba en aquellas reuniones, Lindsay era una inspiración.
Después del nacimiento de Callan, sin embargo, dejó de conectarse.
Chelsea intentó comunicarse con ella, pero no recibió respuesta.
Pensó que estaba ocupada cuidando a un recién nacido y a dos niños pequeños.
Nunca imaginó lo que estaba ocurriendo.
Algo comenzó a cambiar
En los meses posteriores al nacimiento de Callan, Lindsay comenzó a mostrar señales de un deterioro emocional cada vez más profundo.
En mayo de 2021, antes incluso del nacimiento de su tercer hijo, una cuenta de Facebook que aparentemente pertenecía a ella había pedido consejos sobre cómo manejar las explosiones de Dawson, que entonces tenía 19 meses.
Lo describió como “el ser humano más difícil” que había conocido, aunque aclaró que lo decía con todo el amor que sentía por él.
Después de dar a luz a Callan, sus dificultades aumentaron.
En agosto de 2022 escribió en un grupo de Facebook dedicado a rutinas matutinas que había tenido a su tercer bebé dos meses antes y que estaba teniendo problemas para mantener sus actividades habituales.
“Algún día será más fácil”, escribió junto a una fotografía de sus tres hijos.
Pero aparentemente no estaba atravesando simplemente el cansancio habitual de una madre con tres niños pequeños.
Ansiedad, medicamentos y noches sin dormir
En septiembre de 2022, según contó Patrick a las autoridades, Lindsay comenzó a sentirse ansiosa ante la idea de regresar al trabajo.
A partir de entonces empezó a pasar de un psiquiatra a otro, probó diferentes medicamentos y llegó a ser internada en una unidad psiquiátrica.
En noviembre, una cuenta que aparentemente pertenecía a Lindsay publicó en un grupo dedicado a la depresión, la ansiedad y la rabia posparto que sufría insomnio extremo y que su depresión había empeorado mientras tomaba Zoloft.
También escribió que Ativan la había hecho sentirse nuevamente como ella misma, aunque sabía que no podía utilizarlo durante mucho tiempo porque podía generar dependencia.
Preguntó entonces por una alternativa que tuviera un efecto parecido.
Mientras intentaba encontrar una respuesta, Lindsay comenzó a registrar cuidadosamente sus medicamentos, las dosis y los efectos que cada uno le provocaba.
También escribió sobre sus emociones.
Y sobre pensamientos que empezaban a resultar mucho más preocupantes.
Según los fiscales, dejó constancia de pensamientos suicidas y en algún momento buscó en internet información relacionada con maneras de morir.
En uno de sus escritos expresó incluso la culpa que sentía por no poder conectar emocionalmente con sus tres hijos como deseaba.
Quería sentir amor y conexión con todos ellos.
La ayuda que no consiguió detener la tragedia
En diciembre de 2022, Lindsay acudió a una clínica especializada en salud mental perinatal y posparto en Providence, Rhode Island.
No fue diagnosticada con depresión posparto.
De acuerdo con documentos judiciales, los médicos consideraron que no presentaba síntomas de esa condición.
Pero poco después escribió en su diario que estaba experimentando pensamientos suicidas.
También le dijo a Patrick que había comenzado a pensar en matar a sus hijos y a sí misma.
Después de hablar con su psiquiatra, Lindsay tomó una decisión: ingresó voluntariamente en McLean Hospital, un centro psiquiátrico de Massachusetts.
Era el primer día de 2023.
Permaneció allí hasta el 5 de enero.
Cuando salió, según los documentos judiciales, negó tener pensamientos suicidas u homicidas y negó haber sufrido alucinaciones auditivas o visuales. El hospital tampoco había iniciado un procedimiento para internarla contra su voluntad por considerarla un peligro para sí misma o para otras personas.
Lindsay regresó a su casa.
Su familia había viajado desde Connecticut para acompañarla después de la hospitalización.
Patrick incluso le comentó a un amigo que su esposa estaba experimentando “los peores efectos secundarios posibles”.
Pero la tragedia ya estaba acercándose.
El 20 de enero
Lindsay buscó en Google:
“¿Se puede tratar a un sociópata?”
Cuatro días después, todo cambió para siempre.
El 24 de enero de 2023
Aquella tarde, Lindsay le pidió a Patrick que saliera de la casa para realizar una diligencia.
Él se fue.
Lindsay se quedó sola con sus tres hijos.
Cora tenía cinco años.
Dawson, tres.
Callan, apenas ocho meses.
Mientras Patrick estaba fuera, Lindsay estranguló a los tres niños utilizando bandas de ejercicio que estaban en el gimnasio de la casa.
Después intentó quitarse la vida.
Se cortó el cuello y las muñecas con un cuchillo, tomó medicamentos recetados y se lanzó desde una ventana del segundo piso.
Patrick regresó y encontró la escena.
Su llamada al 911 quedó registrada en los documentos judiciales. Los gritos del padre, según esos registros, se hicieron cada vez más fuertes y angustiados.
Cora y Dawson murieron en el hospital.
Los médicos consiguieron reanimar a Callan, pero las pruebas revelaron que no tenía actividad cerebral.
Tres días después, el bebé murió.
Lindsay sobrevivió a su intento de suicidio, pero quedó paralizada de la cintura hacia abajo.
¿Una asesina o una mujer enferma?
Desde entonces, la historia de Lindsay Clancy ha quedado dividida en dos versiones completamente opuestas.
En una, es una mujer que planeó y ejecutó deliberadamente el asesinato de sus tres hijos.
En la otra, es una madre que amaba a sus niños, pero cuya mente se encontraba gravemente alterada por una enfermedad psiquiátrica y que terminó cometiendo un acto inimaginable.
La Fiscalía sostiene la primera versión.
En la acusación, los fiscales señalan que Lindsay planificó los asesinatos, esperó a tener tiempo y privacidad para ejecutarlos y mató a cada uno de sus hijos dentro de la vivienda familiar. La acusan de actuar con premeditación y extrema crueldad.
La defensa sostiene la segunda.
Según los argumentos presentados por sus abogados, Lindsay buscó ayuda psiquiátrica 19 veces durante los meses anteriores a la tragedia.
Su abogado Kevin Reddington afirma que la sociedad ha fallado en el tratamiento de las mujeres que sufren depresión y psicosis posparto.
Para sus amigas, la mujer que mató a sus hijos no era la Lindsay que conocían.
“Esa no era ella”
Chelsea todavía recuerda a la mujer embarazada que hacía ejercicio frente a una pantalla mientras sus dos hijos mayores aparecían ocasionalmente a su lado.
Por eso, cuando supo lo ocurrido, no pudo entenderlo.
“Esto no tenía sentido”, recordó.
Después de años de seguimiento del caso, Chelsea llegó a su propia conclusión: Lindsay había sufrido una ruptura psicótica y no estaba en su sano juicio cuando mató a sus hijos.
Otra de sus amigas aseguró que la tragedia pudo haberse evitado si Lindsay hubiera recibido la atención adecuada.
“Lindsay era una madre maravillosa y presente”, afirmó otra amiga. “Desde que éramos niñas hablaba de querer una familia grande. Sus bebés eran su vida”.
Ahora, tres años después de aquella tarde de enero, Lindsay enfrenta un juicio por la muerte de sus tres hijos.
Y en el centro del proceso hay una pregunta que no tiene una respuesta sencilla:
¿Fue Lindsay Clancy una mujer que decidió matar a sus hijos o una madre cuya mente, afectada por una grave enfermedad mental, la llevó a hacer algo que nunca habría hecho en otras circunstancias?
Esa es la pregunta que deberá enfrentar el tribunal mientras la defensa intenta demostrar que detrás de la tragedia hubo una enfermedad y no la maldad deliberada que sostiene la Fiscalía.
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