Una investidura explosiva, el día más bajo de la democracia estadounidense

La ceremonia en la escalinata oeste del Capitolio concentrará en pocos metros al nuevo presidente, senadores, donantes, empresarios y otros miembros del selecto grupo

Un soldado de la Guardia Nacional espera en un vehículo militar cerca del edificio del Capitolio de Estados Unidos en Washington (EE.UU.), este sábado 16 de enero de 2021. (EFE/Justin Lane)

La investidura de Joe Biden esta semana es una de las pruebas de fuego más decisivas para la democracia estadounidense, con la tensión en cotas máximas ante una ceremonia cerrada al público y abarrotada de militares en lugar de las multitudes festivas de otros tiempos.

La ceremonia en la escalinata oeste del Capitolio, escenario hace menos de dos semanas del mortal asalto de los seguidores de Donald Trump, concentrará en pocos metros al nuevo presidente, senadores, donantes, empresarios y otros miembros del selecto grupo de los mandos de la nación más poderosa del mundo.

La inteligencia estadounidense no quiere repetir los errores del 6 de enero, después de que la Fiscalía haya recopilado pruebas de que algunos de los participantes del asalto buscaban 'capturar y asesinar', al tiempo que se conocen detalles de como hasta propusieron ejecutar a un policía con su propia arma reglamentaria.

El FBI consideró en una circular enviada la semana pasada que el asalto al Capitolio ha envalentonado a grupos de 'extremistas violentos dométicos' que consideran son la mayor amenaza 'terrorista' para el país durante 2021 y se están tomando muy en serio el peligro en los días previos y durante la investidura del día 20.

El enemigo en casa

Provocar una guerra civil

Durante sus cuatro años de presidencia, Trump ha dado coartada con mentiras como el robo de las elecciones por parte de los demócratas, a grupos extremistas y dos décadas después del 11S ya no son las montañas de Tora Bora o la lucha contra extremistas islámicos donde se necesitan tropas, si no en la mismísima explanada del National Mall para hacer frente al terrorismo interno.

Los foros de extrema derecha de grupos como los Proud Boys o los Oath Keepers, arrinconados en las pocas redes sociales que les quedan, no dudan en calentar el ambiente previo a la investidura del miércoles. La semana pasada, aprovechando que miles de nuevos seguidores se han sumado a su canal semioficial en Telegram hicieron una encuesta: ¿queréis una guerra total? El 75%, equivalente a varios miles de usuarios, contestó afirmativamente.

En medio de este ambiente de tensiones, la inteligencia estadounidense ha detectado esfuerzos por parte de actores rusos, chinos e iraníes para echar leña al fuego de la retórica violenta entre los grupos más radicales, que hasta el momento se han identificado con Trump, pero ocupan un espectro mucho más siniestro que llega hasta grupos neonazis.

'Vemos un gran volumen de conversaciones online preocupantes sobre varios eventos alrededor de la investidura (...) Estamos vigilando las protestas armadas (...) y la posibilidad de que individuos armados se acerquen a funcionarios y edificios gubernamentales', señaló este jueves el director del FBI, Christopher Wray, en una reunión con el vicepresidente saliente, Mike Pence, y otros responsables de seguridad nacional.

Varias convocatorias distribuidas en internet animan a simpatizantes de extrema derecha a concentrarse armados no solo en Washington, sino también frente a los capitolios de todos los estados del país, así como frente otro tipo de sedes administrativas, lo que mantiene a las autoridades alarmadas.

'Pese a que mucho del contenido que promueve la violencia ha sido eliminado de las grandes plataformas sociales, la rabia persiste -señala Jones-. Siguen proliferando canales que acogen a los extremistas. Este va a ser un problema a largo plazo en Estados Unidos'.

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