Manual del buen banquero

Procura también conocer las legislaciones que impactan tu negocio, como la Ley Monetaria y Financiera, sus reglamentos e instructivos y, en estos tiempos, la Ley de Prevención de Lavado de Activos.
$!Manual del buen banquero

Son más de 40,000 los profesionales que trabajan en el sector financiero dominicano, velando y custodiando el ahorro nacional, que bajo su responsabilidad excede los RD$1,500 mil millones, además de que en sus manos tienen las llaves para abrir, y cerrar, la compuerta de más de RD$1,200 mil millones en crédito bancario.

Esos banqueros, o empleados bancarios (por aquello de que no son dueños de bancos), tienen sobre sus hombros no solo esas responsabilidades, sino también el capital invertido por los accionistas de sus entidades, además de que el crédito externo de todo el país también dependerá de su buen manejo.

Comparto, a manera de decálogo, y basándome en la experiencia y las vivencias que acumulé durante mis años en el sector, desde un simple “trainee” hasta vicepresidente de un banco global, algunas reflexiones del comportamiento de un buen banquero.

Respeta el dinero ajeno

Seas un encumbrado gerente bancario o un simple cajero que paga cheques y recibe depósitos, verás muchos miles de millones pasar por delante de tus ojos. Recuerda que ese dinero no es tuyo. Tampoco lo es de los dueños del banco. Es de quienes ahorran en la entidad donde trabajas, depositando su confianza en ella y en quienes, como tú, trabajan para ella.

Si tú, o quienes trabajan contigo, le faltan a esa confianza, el daño no es solamente sobre sus reputaciones y los del banco, sino que contagiará a todos que dedican sus vidas al negocio bancario.

Nadie está obligado a hacer lo mal hecho

Aunque sea por “ordenes superiores”, aunque lo que manden a hacer lo tengas por escrito, aunque te quieran obligar para que hagas algo, si ese “algo” entiendes, en tu criterio, no es correcto, no lo hagas. Y si por no hacerlo pierdes esa promoción o aumento al que aspirabas, o incluso hasta si te amenazan con perder el empleo, que no te quepa la menor duda de que estás haciendo lo correcto.

Tarde o temprano, todo se sabe. Mejor es quedarte desempleado por un tiempo, sacrificar tu bienestar económico momentáneamente, a exponerte a perder tu reputación en el mercado y el legado de lo correcto y lo honesto que desees dejarle a tu descendencia.

Si eres banquero, sé banquero

No veo que el oficio de ser empleado, mucho menos funcionario bancario, a tiempo completo te permita dedicarle enfoque o recursos a otro tipo de actividad que no sea la que paga tu sueldo.

El que trabaja para un banco debe derivar su sustento del banco y no de otro sitio. Aparte de las complicaciones en cuanto al manejo de tu agenda y tus prioridades, la realidad es que son demasiadas las situaciones de conflictos de interés que pueden surgir entre tu responsabilidad como banquero y otro tipo de emprendimiento al que te puedas dedicar.

Conoce las reglas

Son muchas y son cada vez más las normas y regulaciones del quehacer bancario. A veces pienso que son demasiadas. Pero te corresponde conocerlas. Empieza, por ejemplo, con el código de conducta o de ética de la entidad bancaria para la que laboras. Conoce tus responsabilidades en detalle, casi siempre desglosadas en los manuales y políticas de procedimiento del departamento para el que trabajas.

Procura también conocer las legislaciones que impactan tu negocio, como la Ley Monetaria y Financiera, sus reglamentos e instructivos y, en estos tiempos, la Ley de Prevención de Lavado de Activos. Procura, sobre todas las cosas, aplicar las reglas del sentido común. Esas que aprendiste en tu hogar, como aquella de que no todo dinero se gana.

¿Qué hace un buen banquero?

A mí me lo enseñó mi padre hace años. El buen banquero conoce el negocio de sus clientes casi tan bien como el suyo propio en la entidad financiera. Solo conociendo las realidades, las necesidades y las oportunidades de tus clientes, lograrás identificar los productos y servicios que mayor valor aportará tanto a ellos como a tu empleador. Gánate la confianza de ese cliente poco a poco, demostrándole con buena fe por qué quieres conocer mejor su negocio.

Protege a tus clientes

Vela por su salud financiera tal como si estuvieras velando por la salud de la entidad financiera para la que trabajas. Al final, es lo mismo. Por ejemplo, de nada sirve venderle a una empresa un crédito que luego no podrá pagarte, afectando así, más temprano que tarde, su sostenibilidad, pero también la solvencia de tu propia entidad.

Ofrécele las mejores condiciones posibles que puedas a tus clientes, pues si no lo haces tú, eventualmente lo hará tu competidor y en ese momento les abrirá los ojos a quienes antes confiaron en ti y que quizás luego se darán cuenta de que te aprovechaste de ellos por su falta de conocimiento o de su situación coyuntural.

Conoce tus limitaciones

Un buen banquero no tiene por qué conocer, resolver o responder todo. No dudes en admitir aquello que no entiendas en el momento, así estés frente al cliente. Lo importante es que sepas identificar quién dentro de tu organización puede atender el reto que tu cliente y tu identificaron.

Con el tiempo aprenderás de tus colegas bancarios y tendrás un mejor dominio del negocio. Hasta tanto, se humilde, pero inteligente y proactivo. Pocos serán los retos que un buen banquero resolverá por si solo. Siempre, o casi siempre, lo trabajará en equipo

No te dejes llevar

El mundo financiero es fascinante, complejo y dinámico. También es propenso a los excesos y a los extremos, a lo superfluo y a lo material. Alguien dijo que la vanidad es el peor de los pecados. Cuídate de ella. Que lo monetario, el tener o el aparentar, no defina tu perfil como profesional y mucho menos como ser humano. Créeme: Es más fácil decir, escribir o pensar esto que hacerlo. Ojo con quién o quiénes socializas, dentro o fuera del banco, pues ellos definirán mucho de quién serás y de lo que valorarás.

Aprende a decir que no

El rol de un buen banquero es el de racionalizar (hasta discriminar) cuáles proyectos, personales o empresariales, son sujetos de crédito y cuáles no.

Si trabajas con crédito y no otorgas un préstamo, que no te tiemble el pulso en rechazar esa solicitud. Hazlo, eso sí, dando las razones del por qué no estás de acuerdo con ese desembolso y qué puede hacer el cliente, o su oficial, para viabilizar esa operación de crédito. Ahí te habrás convertido en el real educador financiero. El cliente, en su momento, te lo agradecerá.

Apréndete el negocio

Hazlo de forma integral. Quizás seas muy buen analista de crédito, pero proponte también ser un buen oficial de crédito o de negocios. Comparte con tus colegas de operaciones, con los de finanzas y tesorería, con los de mercadeo y cumplimiento. En definitiva, asegúrate de conocer todos los distintos rincones de la entidad para la que trabajas. Tu desarrollo profesional, tu banco y tus clientes, te lo agradecerán.

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