Ahí está el mar Caribe

En algún momento del siglo 20 la capital dominicana se desenamoró de su malecón. Mientras ciudades marítimas de todo el mundo tienen en su costa el punto inmobiliario más caro, el principal centro de atención turística, su “plaza pública” más grande... Santo Domingo decidió mirar para otro lado.

El Paseo Marítimo que el alcalde Collado inauguró ayer tiene una intención bastante más ambiciosa que la de arreglar unos cuantos kilómetros de aceras y contenes o darle una mano de pintura a los bancos que jalonan la avenida George Washington.

Desde ayer el malecón pide y merece el respeto del que un día gozó. Se trata de volver a mirar al mar, de devolver a una ciudad que crece (no siempre de la mejor manera) su mejor recurso.

Usar el malecón es la mejor vía para cuidarlo. Así, la obra de esta gestión municipal pasa por colocar en los 3.5 kilómetros que van desde la calle Huáscar Tejeda hasta Montesinos , excusas para ir a ver el mar. Se han arreglado contenes, drenajes pluviales, imbornales. Adecuado zonas de ocio en seis microparques, circuitos deportivos (una vía cicloturística que ya es utilizada) y tres estacionamientos. El paseo termina en el todavía en obras monumento a Montesinos, con un planteamiento cultural y comunitario muy acertado. Elegir el grito por los derechos humanos como símbolo de la Ciudad Colonial es un gran acierto.

El malecón tuvo además, en sus mejores tiempos, una función social nada desdeñable: igualaba a los capitaleños. No había clase o grupo social que no sintiera que el paseo al borde del mar Caribe era parte de su vida.

Se ha dado un paso enorme y en la dirección correcta. Un nuevo malecón y la diversidad de usos traerá al sector privado de vuelta. Ya hay planes para los dos esqueletos hoteleros que quedaron en pie pero vacíos, y el tráfico se deberá resolver cuando se termine la circunvalación de la capital.

Ahí está el mar Caribe, para quien lo había olvidado.

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