Belkys Ramírez

Belkys Ramírez era una artista incapaz de trabajar o existir de otra manera. Era artista siempre. Y no hacía otra cosa porque, probablemente, no hubiera sabido vivir de una forma diferente. Alegre y menuda, hablaba, reía, se movía y creaba con una viveza muy particular. Una entrevista a Belkys era un momento delicioso porque el mundo que la rodeaba parecía estar hecho a la medida de sus ideas e introducirse en su universo personal era sencillo y divertido. Cada detalle y objeto en su casa significaba algo. Todo con una historia detrás.

Extrovertida y muy directa, había que dirigir las preguntas una y otra vez porque siempre hablaba del trabajo de sus amigos artistas, a los que admiraba genuinamente. Hablaba de ellos más que de ella misma.

Quinta Pata, el colectivo que integró junto Pascal Meccariello, Jorge Pineda y Raquel Paiewonsky le proporcionó una de las grandes alegrías de su carrera artística: representar a República Dominicana en la Bienal de Venecia, precisamente, como ahora, un mes de mayo.

Tuvo el privilegio y la satisfacción de ver reconocido y valorado su trabajo. Muy apreciada también en otros mercados, colaboró con frecuencia con artistas caribeños en exposiciones, libros y proyectos de diseño.

¿Su estilo? Muy personal y tocando muchos registros. Un arte joven y curioso, que iba del grabado (donde se inició y por el que llegó al arte) a la instalación, del performance a la ilustración. Un arte de denuncia social muy sólida que despertaba la curiosidad por la forma y cuyo mensaje se entendía perfectamente. Poco improvisado, muy interiorizado, muy trabajado.

Feminista en la práctica y en la teoría, profundamente unida a su hermana Nancy, su universo artístico estaba lleno de mujeres fuertes. Se ha ido una artista muy, muy querida.

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