El dilema de la víctima

El “dilema del prisionero” es uno de los problemas fundamentales de la teoría de los juegos.

El juego, dicho de manera simple, consiste en lo siguiente: dos personas son apresadas por cometer un delito, pero las autoridades no tienen pruebas suficientes. Los separan y les ofrecen un trato: el que confiese primero sale ganando, pero podrían ganar más si cooperan y no confiesan. El dilema es que ninguno está seguro de que el otro no lo traicionará y, por tanto, lo perjudicará.

En nuestro país, la ineficiencia del sistema judicial y su corrupción, han creado el “dilema de la víctima”, que consiste en la decisión que debe tomar la víctima de un delito de perseguir al criminal y correr el riesgo de salir con las manos vacías o negociar con éste para lograr algo y salir, material y éticamente perjudicada.

Lo peor que le puede pasar a una persona en este país que fue lesionada con un delito es acudir a la Justicia.

Primero son los malos tratos en el destacamento policial correspondiente o en la Fiscalía. Luego vienen los reenvíos interminables (y cada vez que hay una audiencia hay que pedir permiso en el trabajo, pagar pasaje y comida, aguantar la presencia y la sonrisa burlona del “presunto” delincuente y regresar a casa con la frustración de otro día perdido).

Ahí es cuando le ofrecen un “arreglo” (sobre todo cuando el “presunto” tiene dinero, o si es un “tíguere”, luego de amenazas de muerte para usted y su familia).

Y ahí es cuando se presenta el “dilema de la víctima”, pues es altísimo el riesgo de quedarse solo con el muerto, sin condena y sin que el daño sea resarcido.

Lo acabamos de ver y todo el mundo sigue tranquilo...

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