Somos Pueblo anuncia mañana, puño en alto, su apoyo al PLD en la persona de Gonzalo Castillo. (La información no tiene nada que ver con lo que trata la columna de hoy, pero explica tantas cosas que era imposible obviar el evento.) Habrá refrigerio y picadera, dice la invitación.

Pero hablemos de la ciudad. Santo Domingo es una ciudad complicada. Tan amigable como hostil, tan dura como acogedora. Tiene todo tipo de problemas, la mayoría sin resolver desde hace décadas. Y crece y crece...

Más o menos, calculan los urbanistas, un kilómetro cuadrado al año. Exactamente la superficie de la ciudad colonial, donde ocurrió todo durante 500 años.

Los problemas son ambientales, económicos, de seguridad, de servicios, de transporte... apunte en la lista lo que quiera. Por eso se agradece inmensamente que los que están a su cargo trabajen en colaboración.

Dos ejemplos muy recientes. La recuperación de la Plazoleta La Trinitaria ha sido excelente y han trabajado de la mano el Ministerio de Cultura (Selman), Efemérides Patrias (Balcácer) y la Alcaldía de Santo Domingo (Collado). Algo que desde fuera parece elemental pero que no siempre ocurre. En este caso incluso se involucró a la familia del escultor Prats Ventós para que aprobara la intervención en la escultura que la preside y que él diseñó.

Igual en el caso de Nuevo Domingo Savio. Un desalojo, aunque sea para preservar las vidas de los desalojados es un movimiento muy delicado. El que se llevó a cabo en La Ciénaga fue trabajado por el equipo social de URBE con experiencia y sensibilidad demostradas. Este proyecto, como el anterior de la Nueva Barquita, se ha hecho desde el gobierno central con el apoyo de los ayuntamientos involucrados. Y eso es lo que se necesita.

Más propósitos comunes y menos personalismos.

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