Los periodistas paquistaníes, entre palizas y ceses por criticar al Ejército

La paliza propinada a un periodista y la suspensión de un reconocido presentador de televisión por señalar al Ejército han demostrado una vez más lo peligroso que es informar en Pakistán, una situación denunciada este martes por la principal organización de derechos humanos del país.
“El Gobierno y los poderes establecidos (eufemismo con el que se hace referencia al Ejército) tienen una agenda que viola los derechos humanos y quieren silenciar a la sociedad civil”, dijo a Efe Hina Jilani, la presidenta de la ONG Comisión de Derechos Humanos de Pakistán (HRCP), que publicó hoy el informe “Fin al miedo y la censura”.
“Es el Ejército”, afirmó la abogada y activista, alejándose de los eufemismos.
El Ejército paquistaní ha gobernado el país la mitad de su historia y en los periodos democráticos ejerce un gran poder sobre política exterior y seguridad.
Los despidos, las acusaciones en los tribunales, los asesinatos o las palizas son los medios con los que se silencia o se trata de silenciar a los informadores en el país asiático, según el informe.
Ese fue el caso del periodista Asad Ali Too que recibió una paliza en su casa de Islamabad la semana pasada. El informador es conocido por cuestionar el papel que juega el poderoso Ejército en la política del país en su canal de Youtube.
Toor declaró en su denuncia que uno de los hombres que le apalearon en su casa se presentó como un agente de la Agencia de Interservicios de Inteligencia (ISI), la principal agencia de espionaje de Pakistán.
Tras ello, Hamid Mir, quizás el presentador de televisión más reputado del país, anunció que el canal Geo le apartaba del programa “Capital Talk” que dirige por señalar al Ejército por la paliza a Toor.
“Me apartaron dos veces en el pasado. He perdido dos trabajos. He sobrevivido intentos de asesinato, pero no puedo dejar de elevar la voz por los derechos que se conceden en la Constitución”, afirmó Mir tras su suspensión.
La paliza a Toor y la suspensión de Mir se suman a una larga lista de ataques contra informadores en el país. En abril, el periodista Absar Alam recibió un disparo cuando paseaba cerca de su casa en Islamabad.
Un mes antes, Ajay Lalwani murió de un disparo en la cabeza cuando se cortaba el pelo en la ciudad de Sukkur, en la sureña provincia de Sindh.
Jilani cree que se trata “de una nueva ola de ataques contra periodistas” para silenciar a la prensa resultado de la “frustración” de los poderes establecidos.
Los organismos internacionales coinciden con el análisis de Jilani.
En su último informe acerca de la libertad de prensa, Reporteros sin Fronteras (RSF) situó a Pakistán en el puesto 145 de 180 en su ránking y señaló a los poderes establecidos.
“Los medios paquistaníes se han convertido en un objetivo prioritario del 'estado profundo', un eufemismo para hacer referencia al Ejército y a la Agencia de Interservicios de Inteligencia (ISI), y que ejercen un significativo control sobre el poder ejecutivo”, subrayó RSF.

EFE