Birmania 'necesita reinventarse' para aceptar minorías como los rohinyás
Carlos Sardiña Galache
Bangkok, 5 nov (EFE).- Birmania necesita 'reinventarse para convertirse en un hogar para personas de diferentes razas, religiones y culturas' como los rohinyás, asegura el prestigioso historiador birmano Thant Myint-U en una entrevista con Efe de cara a las elecciones del domingo en el país asiático.
Autor del libro 'The Hidden History of Burma' ('La historia oculta de Birmania', 2019), Thant Myint-U cree que la premio nobel de la paz y líder de facto de Birmania, Aung San Suu Kyi, mantiene su popularidad entre la mayoría bamar del país debido a 'su historia de sacrificio personal', por lo que su victoria en los próximos comicios está casi asegurada.
Asesor del expresidente birmano Thein Sein entre 2011 y 2015, el historiador ocupa una posición privilegiada para analizar un país que, tras casi cinco decenios de dictadura militar, se embarcó hace nueve años en una transición democrática férreamente controlada por los uniformados.
En esta entrevista telemática, Thant Myint-U, nieto de U Thant -secretario general de la ONU entre 1961 y 1971-, analiza desde Londres los diversos conflictos y problemas a los que se enfrenta Birmania, país que, sostiene, 'precisa cambiar su sociedad' para hacer frente a los retos del futuro.
PREGUNTA: A pesar de algunas deficiencias del Gobierno de Aung San Suu Kyi y del aparente estancamiento del proceso de democratización iniciado en 2011, ella sigue siendo muy popular, al menos entre la mayoría bamar. ¿Cómo puede explicar eso?
RESPUESTA: Para la mayoría budista de habla birmana, ella representa ante todo un camino aparte de medio siglo de dictadura militar. Se la quiere por su firme resistencia al régimen militar y lo que es percibido como una historia de sacrificio personal extremo por el bien de la nación.
Ha habido una considerable decepción con su Gobierno entre la clase política, pero la mayoría de la gente la compara con los exgenerales, ve en ella a alguien en quien confiar y cree que es la primera líder en sus vidas que trabaja realmente para ellos.
P: En los dos últimos años, el conflicto entre el Ejército de Arakán (AA) y las Fuerzas Armadas birmanas se ha intensificado y el estado de Arakán (Rakáin) se ha convertido en el escenario de la guerra más sangrienta en este momento en el país. ¿Por qué diría que el conflicto se ha intensificado en esta coyuntura?
R: Ha sido una mecha de combustión lenta. Como muchas minorías, los miembros de la etnia rakáin se sienten discriminados por las élites birmanas y, además, perciben poco o ningún beneficio del Gobierno de la mayoría bamar. Arakán es una de las zonas más pobres de un país ya de por sí pobre.
Pero la escalada del conflicto ha sido dictada en gran medida por el Ejército de Arakán y su capacidad para explotar las quejas de la población local, la operación de contrainsurgencia del Ejército birmano, fallida hasta ahora, la detención de los líderes civiles rakáin y la ausencia de una estrategia política.
P: Debido a la guerra con el AA, las elecciones han sido canceladas en muchas zonas de Arakán. ¿Cómo cree que afectará eso a la credibilidad de los comicios?
R: Las elecciones serán legítimas en el sentido de que reflejarán el deseo de la mayoría budista de habla birmana, la mayoría del electorado, de que Aung San Suu Kyi continúe siendo la líder de facto del gobierno.
Pero no podrán participar más de dos millones de votantes, en su inmensa miembros de minorías étnicas. El sistema uninominal mayoritario hará casi imposible que los partidos de las minorías étnicas obtengan buenos resultados. En Arakan y en muchas otras regiones habitadas por las minorías, las elecciones no serán vistas como un reflejo legítimo de su voluntad democrática.
P: Después de la expulsión masiva de los rohinyás en 2017 por parte de los militares y el racismo hacia ellos que parece imperar en el país, ¿cuál cree que sería la solución al problema?
R: A corto plazo, lo que es necesario es la máxima protección para las personas vulnerables, especialmente los niños, ya sean refugiados en Bangladesh, los musulmanes que quedan en Arakan, no musulmanes afectados por el conflicto en curso o los pobres en general, que tiene que afrontar dificultades tan extremas todos los días.
A largo plazo, es difícil ver una solución que no implique cambios en Birmania en su conjunto y una reinvención del país para convertirse en un hogar para personas de diferentes razas, religiones y culturas. No será fácil. Creo que un gran punto de partida sería enseñar historia a los niños de una manera mucho más creativa y crítica, tanto desde perspectivas globales como locales.
P: Con respecto a los rohinyás, ¿cuáles son los puntos en común y las divergencias entre los generales y Suu Kyi?
R: Creo que Aung San Suu Kyi llegó al cargo con la esperanza de una 'solución' a la crisis de los rohinyás que estuviera en línea con las normas internacionales de derechos humanos, por lo que le pidió a Kofi Annan que estableciera la comisión que presidió entre 2016- y 2017.
Pienso que ella habría intentado implementar muchas de sus recomendaciones, sino todas. El Ejército estaba muy en contra de la participación de figuras internacionales como Kofi Annan y las recomendaciones de su Comisión.
Pero también creo que Suu Kyi y el ejército siempre han compartido la misma opinión de que los rohinyás no eran una 'minoría étnica genuina' y, por lo tanto, no pertenecían a Birmania de la misma manera que otras minorías. Y creo que estuvieron bastante unidos al rechazar la presión internacional desde finales de 2017 en adelante.
P: En su último libro ha hablado de las profundas desigualdades económicas imperantes en Birmania y de cómo prácticamente todos los políticos del país parecen ofrecer sólo 'soluciones' neoliberales. ¿Por qué cree que existe este consenso neoliberal en Birmania?
R: Porque las políticas socialistas de 1948-1988 se vieron envueltas en la guerra civil y el aislamiento internacional y se vio que habían fracasado. Porque ha crecido una generación que no ha conocido más que el sistema capitalista que comenzó en 1988.
Porque la principal oposición al régimen militar estaba encabezada por Aung San Suu Kyi y los exmilitares que se convirtieron en sus colegas más cercanos y cuyas opiniones eran instintivamente conservadoras.
Y porque los asesores internacionales que llegó después de 2011, enfocado a una mayor liberalización económica, tenía poca comprensión de la economía política real de Birmania y estaba completamente desvinculado de debates globales más amplios sobre los fracasos del capitalismo global.
P: Después de estar en la órbita de China durante los años dictadura militar entre 1988 y 2011, Birmania parecía inclinarse hacia Occidente al comienzo de la transición democrática. Ese acercamiento parece haberse detenido tras las operaciones militares contra los rohinyás en 2017. ¿Qué futuro augura a las relaciones entre Birmania y Occidente?
R: Es difícil ver cómo Occidente va a dejar de dar prioridad a la difícil situación de los rohinyás y va a tratar de que se rindan cuentas por la violencia.
Por otro lado, las élites birmanas desconfían instintivamente de China. Pero creo que su estrategia se centrará mucho más en fortalecer las relaciones con potencias regionales como Japón e India para evitar la dependencia de China, que en cualquier esfuerzo especial para mejorar las relaciones con Occidente.
P: Usted ha criticado a menudo las sanciones impuestas a Birmania por muchos países occidentales. ¿Qué cree que podrían hacer esos países para ayudar a Birmania en su proceso de democratización y desarrollo?
R: Deberían ser mucho más humildes. Ya no vivimos en un mundo en el que Occidente pueda microgestionar el cambio político en otros países.
R: ¿Cuáles diría que son los retos más importantes a los que se enfrenta Birmania en el futuro?
Birmania necesita convertirse en un país desarrollado. Puede que ése no haya sido el caso hace veinte o incluso diez años. Pero, a menos que desarrolle su economía, simplemente no tendrá los recursos para hacer frente al cambio climático y estará bajo el completo dominio económico de China.
El desarrollo significa construir capacidades nacionales en ciencia, tecnología y organización. Significa tener una política industrial. Y significa un sistema de estado del bienestar, con igual acceso para todos a la sanidad, la educación y la seguridad social básica.
Todo ello implica la transformación de la sociedad. Es una tarea difícil. Pero la alternativa es un descenso a una violencia mayor y a la pobreza en la era del cambio climático y con un futuro incierto para todo el mundo. EFE
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