Carrasco admite que le soprendió tener miedo de otros seres humanos

Andrea Caballero

Madrid, 19 may (EFE).- La reportera Mayte Carrasco, codirectora junto a Marcel Mettelsiefen del documental “Vidas Confinadas” sobre el impacto de la pandemia del Covid-19 en España, admite que le extrañó tener miedo de otros seres humanos en un rodaje 'muy extraño, parecía zona de conflicto, estaba todo completamente desierto'.

Admite que le resultó raro trabajar en su propio país con el Ejército y explica que a los militares también les extrañaba el despliegue en su propio territorio.

La corresponsal de guerra y vocal de Reporteros Sin Fronteras en España, con numerosas coberturas en los conflictos más recientes como Siria, Libia o Afganistán, recibió junto a Mettelsiefen, el encargo de documentar el impacto del coronavirus en los españoles para una televisión alemana.

'El problema es ver a los seres humanos con esa distancia y con ese miedo, algo que yo no había vivido nunca en una zona en conflicto' expone al revivir lo inexplicable que fue la sensación al entrar junto al Ejército en una residencia de ancianos

PREGUNTA: Ahora que hay tanta información sobre el coronavirus, ¿por qué quiso hacer un documental sobre la pandemia? ¿Cómo surgió la idea de este proyecto?

RESPUESTA: Fue un encargo de la televisión alemana, pero en realidad fue muy difícil porque normalmente cubrimos conflictos bélicos y estoy acostumbrada a ir a zona de conflicto, no a estar en mi país.

Trabajar aquí en España fue muy difícil porque parecía una zona de conflicto. Estaba todo completamente desierto, había check points... Solo que aquí era la Policía española, la Guardia Civil, los Mossos d'Escuadra, el Ejército español... Era muy extraño ver el Ejército en las calles, que nos comentaban que tenían la misma sensación, que era extraño estar trabajando en casa.

En zona de conflicto puedes controlar dónde está el enemigo, porque sabes dónde está el francotirador, qué ciudad está siendo bombardeada o en qué posición está cierta parte del Ejército enemigo. Pero en este caso no sabíamos dónde estaba el enemigo porque es invisible. Personalmente pasé miedo porque no sabía dónde estaba ese enemigo invisible,no puedes controlarlo de la misma manera y además te puede afectar a ti y a los tuyos.

P: ¿Le afectó de alguna manera el estar en primera línea y en zonas de riesgo como las residencias o los hospitales?

R: Estuvimos grabando en una residencia de ancianos en Madrid y allí habían fallecido 8 ancianos. Acompañamos al Ejército y, cuando entramos, ellos se cubrieron por completo.

Pudimos entrar cuando desinfectaron las habitaciones y descubrimos que las cuidadoras no tenían ni mascarillas, no tenían con qué cubrirse. No tenían batas, las iban limpiando con lejía. Entramos en esa residencia como si fuese un campo de minas, intentando no tocar nada.

El problema es ver a los seres humanos con esa distancia y ese miedo, algo que yo no había vivido nunca en una zona de conflicto. Todos los seres humanos se convertían en portadoras de un virus que te podía hacer daño, y esto era algo absolutamente nuevo para nosotros, que trabajábamos sin ninguna protección. Nos tuvimos que hacer nuestra propia protección.

P: A lo largo del documental se van plasmando distintas vidas de varios personajes. Uno de ellos es Christian, que opina que se deberían ver las noticias solo 10 minutos al día por la sobreinformación. ¿Qué opina usted del tratamiento mediático que está recibiendo la pandemia?

R: Yo creo que hay una clara desinformación, creada por el propio gobierno. En vez de militares tendría que haber habido médicos en las ruedas de prensa.

Creo que esa falta de información al principio sobre el virus ha creado bulos y fake news, que ahora quieren combatir eliminando programas, o dando pie a que en programas como “Sálvame” se pongan a hablar como expertos.

A pesar de las medidas que se anuncian no está totalmente claro para la población qué va pasar. Esa incertidumbre es lo que da pie al miedo. Y el miedo es una cosa muy peligrosa, que puede llevarnos a zonas donde la extrema derecha se sienta cómoda, porque se nutre mucho de esos miedos, sobre todo del miedo a la libertad.

P: Muchos de los personajes cuentan cómo creen que va a ser la vida después de la pandemia, ¿cómo cree usted que va a ser el mundo post-coronavirus?

R: El documental visto ahora queda anacrónico, porque fue grabado en un momento de la historia muy particular. Es muy interesante rever el documental y ver cómo pensábamos hace cuatro semanas, porque todo va tan deprisa... Todos regresamos a la misma normalidad, que es comprar muchísimo, comprar billetes de avión para viajar en verano.

A lo mejor vivíamos momentos extraños en los que teníamos la esperanza de que algo iba a cambiar y yo no creo que vaya a cambiar tanto. No creo que la pandemia vaya a cambiar nuestro modo de consumir ni nuestra forma de pensar sobre el sistema capitalista. Tienen que suceder cosas peores para que la gente cambie, porque las revoluciones solo se dan cuando la gente no tiene nada que perder, y eso en España no ha sucedido todavía.

P: ¿Cuál es la anécdota que más recuerda?

R: Me quedaría en el momento en el que llegamos a Madrid porque estaba todo vacío.

Había mucha gente encerrada, ni siquiera en los balcones, y tuvimos una sensación como de hecatombe. La sensación fue de terror, algo inesperado que no había visto nunca. Las calles desiertas y vacías. El miedo podía olerse en el ambiente. Es la anécdota que más recuerdo, el sentimiento de miedo que se respiraba en el ambiente. La sensación de que puedes tocar cualquier cosa y te puedes contaminar. Ducharte, limpiarte constantemente.

P: En los medios de comunicación hemos visto que es frecuente utilizar, para definir el coronavirus, lenguaje bélico, con ejemplos como batalla, ejército, lucha, guerra... Usted que ha estado cubriendo conflictos, ¿qué opina de la utilización de estos términos?

R: Yo creo que se han equivocado. Ha sido Macron, aquí Sánchez, los que han utilizado la palabra guerra. Incluso altos mandos del Ejército han dicho que todos somos soldados. Ese tipo de lenguaje no debería haberse utilizado porque una guerra no tiene nada que ver con lo que hemos estado viviendo.

Esto es una crisis sanitaria, pero en ningún caso es una guerra. Pero creo que la utilización del lenguaje bélico es útil para implementar medidas que recortan nuestras libertades de movimiento, de expresión, de información...

Ese tipo de lenguaje no creo que haya ayudado a la población, sino que nos ha tratado como a un ejército cuando somos civiles. En ningún caso estamos en una guerra y ese tipo de lenguaje no solo es equivocado, sino que nos pone en una posición de igualdad con esas personas que no están viviendo ni mucho menos el sufrimiento que están viviendo ellos. EFE

ac/alf

(vídeo)

( Recursos de archivo en www.lafototeca.com. Código: 5346695 )

Fehaciente, fidedigno y fácil. Agencia de noticias multimedia en español.