Fábricas abandonadas y trajes plateados frente al coronavirus en Yemen
Jaled Abdala
Saná, 7 may (EFE).- En una vieja fábrica textil abandonada de la capital del Yemen, Saná, alrededor de 80 mujeres cosen mascarillas protectoras mientras el coronavirus se expande sin ser detectado por este país devastado por un lustro de guerra.
La fábrica, un proyecto público que arrancó en 1967 y se paró en 2000, ahora produce 7.000 mascarillas diarias que salen de unas máquinas que no habían cosido nada en casi 20 años.
En la parte interior de estas mascarillas de tres capas hay una lámina polipropileno y la parte exterior es recubierta por papel de cocina. Es la mejor solución que hay ante la falta de abasto de mascarillas.
UNA PRODUCCIÓN EN ALZA FRENTE A UN VIRUS INVISBLE
El director de la fábrica, Abdul-Elah Shaiban, asegura a Efe que no había otra opción que arrancar las máquinas y poner el esfuerzo de todos para producir mascarillas sanitarias.
'Compramos los materiales del mercado local siguiendo las especificaciones aprobadas por la Autoridad Superior para Medicinas”, explica.
Shaiban espera elevar la capacidad de producción a 30.000 mascarillas en breve. También quiere comenzar a fabricar monos de protección pronto.
'Es importante echar una mano para el control de la pandemia”, dijo, agregando que las mascarillas van a los hospitales y centros médicos.
La ONU ha advertido de que hay un “probabilidad muy real” de que la COVID-19 esté circulando sin ser detectado por el país.
Hasta el momento se han detectado apenas 25 casos y 5 muertos por coronavirus en cinco provincias. El primer caso fue registrado el 10 de abril, hace casi un mes.
Los yemeníes temen las consecuencias de la expansión de una enfermedad por un país golpeado por la guerra y con un sistema de salud muy debilitado e incapaz de detectar, aislar y tratar a pacientes infectados con esta enfermedad.
Apenas la mitad de los hospitales están funcionando en un sistema ahogado por la divisiones que marcan los bandos enfrentados, los recursos limitados, la insuficiencia de personal y la falta de equipamiento básico
UNA MISIÓN PATRIÓTICA
Muchas de las mujeres que trabajan como costureras se enteraron a través de las redes sociales de que la fábrica necesitaba manos para producir mascarillas.
Una de ellas es Yusra al Madhbahi, una profesora universitaria con un máster en historia islámica que disfruta de la costura como un pasatiempo.
'Recibí un mensaje en una red social sobre que se necesitaban costureras en la fábrica así que decidí venir”, dice Al Madhbahi sentada ante una máquina de coser que da puntadas por el contorno de una mascarilla.
'Me siento orgullosa de hacer mascarillas, tan necesarias para todos. Siento que es una tarea patriótica”, explica a Efe esta profesora que trabaja 10 horas diarias y logra hacer 150 mascarillas por turno.
Junto a ella está Hana al Najlani, una subdirectora de escuela que se ve a ella misma y a sus compañeras como heroínas en una misión patriótica.
'Estamos en una misión nacional. Enseñar o hacer mascarillas es un servicio a la nación”, manifiesta mientras otras mujeres están ocupadas cortando y preparando las láminas de tela y los cordones elásticos o empacando las unidades terminadas en bolsas de plástico.
“Cuanto más hago, mejor me siento”, añade Al Najlani.
MASCARAS Y TRAJES PLATEADOS
En medio de la creciente demanda, sastres y productores textiles de la ciudad han decidido hacer y vender mascarillas en un mercado en alza.
En el escaparate de una tienda en la calle Zubaira de Saná se pueden ver mascarillas de una y dos capas. En el interior aguarda a los clientes Ammar Ahmad que hace y vende productos de protección.
“Dan buena protección y pueden ser lavados y reutilizados”, dice el hombre.
Fuera de la tienda, tiene colgados trajes de protección plateados y botes de desinfectante.
'Hacemos trajes de protección porque importar no es posible en las actuales circunstancias”, explica a Efe Ahmad.
'La demanda es enorme pese al alto precio”, dice.EFE