Filipinas, casino virtual de China y nuevo territorio de sus mafias

Sara Gómez Armas

Manila, 17 mar (EFE).- Dinero ilícito, blanqueo de capitales, explotación laboral, secuestros, extorsión y prostitución son algunos de los delitos que han arraigado en Filipinas al calor de la apertura de casinos virtuales enfocados al público de China pero instalados en suelo filipino.

Estas entidades, conocidas como POGOs (Philippine Offshore Gaming Operators), gestionan páginas web donde se puede jugar a la ruleta, al póker o las tragaperras en versión digital y son legales en Filipinas desde 2016, cuando llegó al poder el presidente Rodrigo Duterte.

Desde entonces han crecido de manera vertiginosa, pero gran parte de sus actividades se han desarrollado lejos del radar de las autoridades.

Además de agudizar sentimientos antichinos y racismo, esta nueva situación ha generado un intenso debate social en Filipinas, donde el Senado ha puesto en marcha una comisión que investiga la laxa legalidad que rodea a estos casinos virtuales y la necesidad de intensificar los controles o incluso suspender sus licencias.

AUMENTO DE LA CRIMINALIDAD

'El tejido moral de la sociedad filipina se está dañando por la corrupción, la prostitución y el tráfico ilegal por la afluencia de trabajadores de POGOs en el país', lamentó el senador Richard Gordon, impulsor de la investigación en la Cámara Alta.

Siete asesinatos, 73 secuestros y diez redadas en prostíbulos con el rescate de 200 trabajadoras sexuales -173 de ellas chinas- es el saldo de las actividades criminales interceptadas por la Policía vinculadas a los POGOs desde 2017, que acabaron con el arresto de 60 sospechosos de nacionalidad china.

La Embajada China en Manila ha afirmado que las actividades delictivas son 'hechos aislados' y ha criticado que se relacione a sus ciudadanos con el aumento del crimen en Filipinas. No obstante, consciente de que gran parte de la fuga de capitales de China acaba en estos casinos virtuales, la embajada también ha exigido al Gobierno filipino que aumente los controles sobre los POGOs.

Desde 2016, se han otorgado 59 licencias, la mayoría en manos de firmas de China, donde el juego está prohibido, pero se estima que hay otras 200 operando ilegalmente. La falta de regulación en el sector, convierte a estas empresas opacas en instrumento para el blanqueo de capitales.

DINERO NEGRO

Aunque es difícil determinar cuánto dinero sucio mueven estos casinos online, el Consejo contra el Blanqueo de Dinero de Filipinas investiga unos 280 millones de dólares 'sospechosos' de un total de 1.070 millones detectados en transacciones entre 2017 y 2019.

'Puedo asegurar bajo el juramento que hice como presidente electo por vosotros, que los POGOs están limpios', declaró la semana pasada el mandatario filipino como respuesta a las acusaciones.

Duterte es el principal defensor de los casinos virtuales extranjeros, actividad que, según él, emplea a unos 20.000 filipinos y ha aportado al país beneficios por 336 millones de dólares, reinvertidos en proyectos de infraestructuras.

Sin embargo, sus críticos alegan que el gobierno sólo ha recaudado unos 100 millones de dólares desde 2016 en impuestos a los POGOs, un escaso 10 % de lo que deberían haber generado.

Aunque dan trabajo a filipinos, estas empresas contratan sobre todo a chinos, ya que dominan el idioma de los jugadores de la China continental, y realizan trabajos relacionados con el marketing, la atención al cliente o el soporte técnico.

Unos 130.000 chinos trabajan en esa industria con permiso de trabajo, según datos del Departamento de Empleo, aunque expertos en el sector aseguran que la cifra real podría ser el doble, ya que la mayoría entra como turista y trabaja ilegalmente.

GUETOS CHINOS

El influjo de chinos ha modificado el paisaje urbano de Manila, donde estos trabajadores han copado edificios y condominios casi completos en los distritos de Makati, Pasay y Parañaque, donde se concentra el mayor número de oficinas de estos casinos online.

Restaurantes chinos, teterías taiwanesas, carteles en mandarín, tiendas de productos típicos del país donde se puede pagar con Alipay o We Chat -que nadie usa en Filipinas- permiten adivinar la ubicación de las oficinas de las POGOs, que operan casi en la clandestinidad.

Estos pseudo-guetos chinos han despertado la animadversión de los filipinos, que se quejan de la subida de los alquileres, ya que estas empresas pagan a sobreprecio, en metálico y un año por adelantado para cobijar a decenas de empleados en apartamentos de dos o tres habitaciones.

En la comisión del Senado también han participado vecinos del Multinational Village de Parañaque, un tranquilo y familiar barrio residencial de casas unifamiliares, 'abarrotado ahora por más de 200 chinos que sobrecargan la red eléctrica y acumulan montañas de basura', se quejó su portavoz Mel Marquez.

Además se está denunciando explotación laboral. El caso más famoso es el de Lai Yu Cian, una taiwanesa de 23 años que trabajaba en un casino online donde le habían confiscado el pasaporte, aunque logró escaparse en febrero y denunció públicamente a sus empleadores por maltrato físico y abuso sexual.

Según contó al Senado, la empresa para la que trabajaba estaba protegida por 'alguien muy poderoso dentro del gobierno' que identificó como Michael Yang, el mismo nombre de un empresario chino vinculado al entorno de Duterte y que llegó a ser el asesor económico del presidente durante varios meses. EFE

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