La casa de Fidel Castro en México, inesperada protagonista de la Revolución

CIUDAD DE MÉXICO. Irma Vanegas posa con una fotografía donde aparece con Fidel Castro este martes 13 de diciembre 2016 en su casa. Si este piso hablara..., dice Irma, quien desde 1955 hasta 1956 convivió, en la que es su casa de siempre, con Fidel, Raúl Castro y Antonio Ñico López. (EFE)

MÉXICO. En la calle Penitenciaria, a pocas cuadras del centro histórico de la Ciudad de México, hay una casa detenida en el tiempo, reticente a olvidar el momento en el que se convirtió en una inesperada protagonista del futuro de Cuba con el encuentro entre Fidel Castro y el luchador Arsacio Vanegas.

La fachada blanca da paso al hogar de Irma Vanegas, de 84 años, y sus hijos; una estampa que no distaría de cualquier familia capitalina si no fuera porque hace seis décadas estas paredes sirvieron de refugio a 45 de los cubanos que más tarde embarcarían en el Granma.

“Si este piso hablara...”, dice a Efe Irma, quien desde junio de 1955 y hasta noviembre de 1956 convivió, en la que es su casa de toda la vida, con personajes como Fidel, Raúl Castro y Antonio “Ñico” López.

Durante esos meses, ella y su familia se convirtieron en cómplices mientras se preparaba el caldo de cultivo de la Revolución. Solo abrían la puerta cuando se oían los tres toques acordados; las vigas de madera del suelo escondían las armas.

La Policía, asegura Irma, nunca entró en la casa porque una de sus hermanas era novia de un agente que guardaba silencio cuando sus compañeros le preguntaban si el inmueble escondía alguna actividad inusual.

Lo que parecería una complicada convivencia no es considerada como tal por Irma, quien explica que la organización a la hora de dormir era simple: “el que alcanzaba catre, catre, el que no, pues al suelo”.

En la casa, replegado, todavía se conserva uno de los cuatro catres que se emplearon durante esos meses.

No es el único objeto que guardan de ese periodo; entre otros recuerdos, la familia todavía atesora una mochila que dejó Ernesto “Che” Guevara, así como su mate. También una camisa de Fidel de color azul oscuro e incluso su pijama.

La llegada de los revolucionarios a la casa no se habría dado si Arsacio Vanegas, hermano de Irma, no hubiese conocido al también luchador Dick Medrano y a su esposa, la cubana María Antonia González.

Gracias a María Antonia, Arsacio entró en contacto con los Castro. En un paseo por el Monumento a la Revolución, quedó forjada la alianza entre el mexicano y Fidel.