La vida en la última frontera del Karabaj

Pablo González

Martuní (Nagorno Karabaj), 7 oct (EFE).- En la pequeña localidad de Martuní todos están acostumbrados al ruido de la guerra. El runrún de la artillería azerbaiyana es constante, pero unos pocos hombres han decidido quedarse atrás para proteger sus propiedades, su tierra y la memoria de sus antepasados.

'Aquí están nuestras madres y hermanos, los cementerios con nuestros hijos caídos en la guerra ¿Cómo podemos dejarlo todo atrás?', comentó a Efe Garik, de 63 años.

LA ÚLTIMA FRONTERA

Son los últimos de Martuní, pequeña ciudad ahora casi abandonada desde la que se pueden divisar los resplandores del impacto de los misiles en el frente que separa a armenios y azerbaiyanos.

Llegar a esta zona es una pequeña odisea, ya que la travesía exige cruzar la cordillera que conduce, a unos pocos kilómetros de Martuní, a la frontera del enclave de Nagorno Karabaj y al infierno de la guerra.

El peligro está en las bombas, lanzadas por baterías, aviones, lanzaderas o drones, pero también la metralla que puede pinchar los neumáticos de los automóviles y en los problemas de suministro, cada vez más acuciantes.

Una gasolinera es la última esperanza, pero el corte del suministro eléctrico ha inutilizado los surtidores.

Una hora de camino después de 40 kilómetros de baches y curvas, y uno puede apreciar la magnitud de la destrucción.

UNA VIDA ENTRE RUINAS

Casi no hay casas que no hayan sido destruidas en Martuní o, al menos, afectadas por los obuses de la artillería azerbaiyana.

Aquí fue donde se produjeron las primeras víctimas civiles, una mujer y una niña de 6 años, de la tercera guerra entre armenios y azerbaiyanos que estalló el 27 de septiembre.

'Disparan contra todo lo que se mueve, niños y ancianos', aseveró Garik.

'¡Son turcos, terroristas!', añade otro vecino airado.

Las tiendas están en ruinas o cerradas, por lo que sus habitantes viven de la ayuda humanitaria. Apenas hay luz, agua o gas.

La familia de Nelson, de 53 años, está en el refugio. Los sótanos están habilitados, pero basta una ojeada para entender que uno no puede vivir eternamente en esos habitáculos subterráneos con el aire viciado.

NI UN PASO ATRÁS

'Queremos la paz. Que todo esté en su lugar. Luchamos por el derecho a vivir. Nada más. Lucharemos hasta el final', añade.

Un vecino le interrumpe para apuntar que las actuales hostilidades son peores que las de 'hace 30 años'.

'Pero no tenemos miedo', agrega.

Casi todos los habitantes de Martuní se han ido a la capital, otras localidades del enclave separatista o a Armenia. Pero Nelson dice que él 'no tiene adónde ir'.

'No tengo elección. ¿Adónde ir? Queremos que todo el mundo sepa la verdad. No necesitamos nada más', insiste.

Son casi todos veteranos de la primera guerra, en la que Armenia derrotó a Azerbaiyán, y ahora se dedican a cuidar de sus casas, reparar desperfectos o ayudar con suministros a los soldados.

'¿Que cómo vivimos en el frente? Ven y te enseño dos proyectiles', responde Valeri.

Pese al panorama desolador, tiene tiempo de invitar al reportero a unas cervezas.

'¿Irme?¿Adónde? Esta es mi patria, mi tierra, tengo que defenderla', sentencia.

GRAN TRAGEDIA, SEGÚN PUTIN

Mientras los bombardeos seguían lloviendo sobre Stepanakert y Shushá, el presidente ruso, Vladímir Putin, calificaba de 'gran tragedia' la guerra, al tiempo que pedía un cese del fuego.

'Nos afecta mucho. Porque Azerbaiyán y Armenia, Nagorno Karabaj, son todos territorios en los que viven personas que no nos son ajenos. Basta con decir que viven unos 2 millones de azerbaiyanos en Rusia y más de 2 millones de armenios, según nuestros cálculos', afirmó Putin a la televisión pública.

Antes de hablar por teléfono con los líderes armenio y azerbaiyano, Putin resaltó que 'la gente está muriendo y hay pérdidas grandes en ambos lados'.

'Esperamos que este conflicto termine en un futuro muy cercano. Pero si no se resuelve de manera definitiva (el conflicto), aparentemente esto está lejos, en cualquier caso instamos a un alto el fuego. Y hay que hacerlo cuanto antes', dijo.

En cuanto a una posible intervención rusa, matizó que 'las acciones bélicas, muy a nuestro pesar, continúan hasta hoy, pero no se llevan a cabo en el territorio de Armenia', sino en el territorio no reconocido de Nagorno Karabaj.

Mientras, ha aparecido el primer halo de esperanza con la reunión mañana, jueves, en Ginebra de los copresidentes del Grupo de Minsk de la OSCE para el arreglo del conflicto -Rusia, Francia y EEUU-, a la que acudirá el ministro azerí de Exteriores, Jeihun Bayrámov.

El próximo lunes se prevé que Moscú acoja una segunda ronda de negociaciones a las debería asistir el jefe de la diplomacia armenia, Zohrab Mnatsakanián. EFE

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