Miles de tunecinos se saltan las restricciones en la mayor protesta en meses

Túnez, 6 feb (EFE).- Miles de personas se manifestaron hoy en Túnez pese a las restricciones por la Covid-19 y la represión de la policía, para honrar la memoria del político de izquierdas Shoukri Belaid, asesinado a tiros en 2013 al parecer por un salafista radical, y exigir que se le haga justicia.

Desde primera hora de la mañana, cientos de efectivos de la Policía, unidades antidisturbios, gendarmes urbanos y agentes secretos levantaron un cordón en torno a la avenida Mohamed V, una de las arterias de la capital, para intentar evitar que se produjera una concentración multitudinaria, algo prohibido desde hace meses por la pandemia.

Sin embargo, a media mañana eran miles los ciudadano que habían logrado sortear los cordones y concentrarse tanto en la calle como en los puentes que circunvalan el centro de la capital, al grito de 'no vamos a ceder nuestra libertad', 'justicia para Shoukri y para el resto de los políticos acosados'.

Al frente de la marcha, la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), el sindicato más poderoso y una de las organizaciones nacionales más influyentes. Al contrario de lo que ha venido haciendo respecto a otras manifestaciones, en este caso la UGT optó no solo por apoyar la marcha sino por liderarla.

REGRESO A 2013

A la marcha se unieron, además, partidos de izquierda con representación en el Parlamento, como 'Attayar', en un nuevo episodio de la grave crisis política que amenaza con desestabilizar la nación norteafricana.

'Estamos aquí por la memoria de Shoukri, pero también porque estamos asustados. Estamos asustados porque el clima de enfrentamiento hoy es similar al de 2013 cuando lo mataron', explicó a Efe Rafik Sami, militante del Frente Popular.

'Entonces también había mucha crispación política como ahora, un gobierno débil, luchas por el poder y ascenso de los islamistas. Y ocurrió lo que ocurrió. No puede ocurrir otra vez. Luchamos mucho por la libertad y la democracia', advirtió.

Belaid, una de las grandes figuras de la oposición al partido conservador de tendencia islamista 'Ennahda', fue asesinado a balazos el 6 de febrero de 2013 cuando salía de su domicilio en la capital tunecina.

Su muerte produjo una gran conmoción social y una profunda crisis política en el país, que apenas comenzaba el proceso democrático tras la llamada Revolución del Jazmín, que en 2011 puso fin a 23 años de dictadura de Zinedon el Abedin Ben Ali.

Meses más tarde se produciría el asesinato, con el mismo modus operandi, de Mohamed Brahmi, ex secretario general del partido de izquierdas Movimiento del Pueblo, cuya muerte, al igual que la de Belaid, se atribuyo al grupo radical salafista Ansar al Sharia, asociado al Estado Islámico.

Las autoridades tunecinas anunciaron la muerte del presunto asesino, Kamel Gadhgadhi, en una operación antiterrorista, pero su familia insiste en que no se ha esclarecido ni llegado a los autores intelectuales y denuncia 'zonas oscuras' del proceso aun inacabado, como el robo de algunas pruebas materiales y la ausencia de algunos testigos clave.

Un año después de los asesinatos, la UGT, el Colegio de Abogados, la Liga Tunecina de los Derechos Humanos y la Confederación de Industria, Comercio y Artesanías (UTICA) crearon un marco de diálogo nacional que salvó la transición democrática y fue recompensado con el premio Nobel de la Paz.

PROTESTAS JUVENILES POR EL CONTRATO SOCIAL

Diez años después del triunfo de la revolución, los jóvenes han vuelto a las calles para denunciar a la élite política y exigir el contrato social que les prometieron cuando se levantaron hace una década para pedir libertad, derechos, democracia y justicia social.

Las manifestaciones se suceden desde hace semanas en todas las regiones del país y son duramente reprimidas por la Policía, que ha detenido a más de 1.500 personas y ha sido acusada por organizaciones locales e internacionales de abusos y violaciones de los derechos humanos.

Al clima de protesta social se une un enconado conflicto entre el presidente del Parlamento y líder de Ennahda, Rachid Ghannouchi, y el jefe del Estado, Kais Said, quien la semana pasada se negó a reconocer la remodelación del gobierno aprobada por la Cámara que llevó a cabo su antiguo delfín, Hichem Mechichi, ahora aliado del partido islamista.

La pugna política mantiene desde hace meses paralizadas las acuciantes reformar económicas que necesita el país. que adolece de los mismos problemas de pobreza, corrupción y paro que desencadenaron las revueltas de 2011. EFE

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