¿Qué son los “therians”?

“Sentí deseos de adentrarme en el bosque y acechar a alguna presa”: testimonio de un “therian”

Las redes sociales se han inundado de clips donde jóvenes a cuatro patas y ataviados con máscaras de animales muestran una agilidad asombrosa en una escena recurrente en los parques y plazas de Argentina, México, Perú, Uruguay y España, entre otros. (Foto Vika Glitter/Pixels.)

Las redes sociales y los contenidos virales han sacado a relucir a una comunidad que, sin embargo, existía antes de la era de los algoritmos: jóvenes que se identifican con animales y llevan una estética con la que expresarlo. 

Therians”. Quizá hace unas semanas esta palabra fuera desconocida para la mayoría. Pero, a estas alturas, es imposible que no hayan oído hablar de ellos. Primero fueron los vídeos cortos con millones de reproducciones; ahora, la tendencia ha saltado de las pantallas a las calles. 

Este febrero de 2026, las redes sociales se han inundado de clips donde jóvenes a cuatro patas y ataviados con máscaras de animales muestran una agilidad asombrosa en una escena recurrente en los parques y plazas de Argentina, México, Perú, Uruguay y España, entre otros.

Pero lo que no todos los transeúntes saben es que bajo esas máscaras y atuendos de temática animal no hay solo jóvenes siguiendo un reto viral, sino aquellos que abrazan la identidad “therian”: personas que se identifican total o parcialmente, con un animal. Una vivencia que describen como “profunda, involuntaria y ajena a la elección personal”.

Ahora, con el altavoz que suponen Instagram y Tiktok, esta corriente ha despertado la inquietud de familiares y expertos. Sin embargo, lejos de ser una ocurrencia de última hora nacida del algoritmo, cuenta con más de tres décadas de historia, una terminología propia y comunidades que, hasta hace poco, vivían al margen del foco digital.

Una subcultura de la prehistoria digital

Para entender este fenómeno, es necesario acudir a la etimología. El término “therian” hunde sus raíces en el griego: nace de la palabra “teriantropía” (“therianthropy”), una unión de “therion” (bestia) y “anthropos” (ser humano). 

Y, aunque en el estricto lenguaje de la biología el grupo “Theria” clasifica a una subclase de mamíferos (que incluye tanto a marsupiales como a placentarios), en el tejido social del siglo XXI la palabra ha adquirido un matiz mucho más personal e identitario.

Hoy, ser “therian” define a quienes experimentan una identificación con un animal no humano. En el corazón de esta comunidad, esta conexión no se ve como un disfraz o un pasatiempo, sino como el “teriotipo” (o “theriotype”): la especie animal con la que el individuo siente que su esencia está vinculada.

Y, para ellos, esto no es una elección deliberada, o así lo recalca Therian Guide, la plataforma que desde 2010 sirve como punto de encuentro para la comunidad a nivel global: “No sabemos qué causa la teriantropía, pero no es una creencia ni es una religión, la mayoría sentimos que hemos nacido así”.

En cuanto a sus orígenes, se remontan a la prehistoria del internet comercial, mucho antes de que existieran los “hashtags”. Concretamente, hay que viajar hasta el 16 de noviembre de 1992, con la creación del grupo de noticias de Usenet “alt.horror.werewolves” (AHWW).

La plataforma, que originalmente nació como un punto de encuentro para aficionados al cine de terror y la literatura sobre licántropos, se transformó también en un espacio de debate para usuarios que empezaron a explorar una supuesta identidad animal auténtica más allá de la ficción.

El punto de inflexión definitivo llegó casi un año después, el 7 de noviembre de 1993. Un usuario conocido como Ron P. (o Ron Werebat) lanzó un mensaje de hartazgo: “Dejen de aullar, ya los hemos escuchado”. Paradójicamente, lejos de hacerle caso, esto motivó a la comunidad a compartir sus experiencias de cambios mentales o “shifts”. 

Entre aquellos testimonios destaca el de KatmanDu, un usuario que describió su experiencia en el bosque: “sentí el deseo de adentrarme y moverme silenciosamente, acechando alguna presa entre los pinos”.

El espacio animal de la mente humana

Y, si la identidad “therian” es el motor interno, el “quadrobics” (o simplemente “quads”) es su expresión más física y visible. Esta disciplina, cuyo nombre nace del acrónimo entre “cuadrúpedo” y “aeróbic”, se ha consolidado como un deporte que consiste en caminar, trotar y saltar utilizando las cuatro extremidades.

Aunque la práctica está estrechamente ligada a la comunidad “therian”, los expertos matizan: el “quadrobics” es, ante todo, una actividad física que puede realizar cualquier persona, independientemente de su identidad. 

Sin embargo, para un “therian” estos movimientos van más allá del ejercicio: son una vía para “mitigar el estrés” y sincronizar el cuerpo con su “teriotipo”. Como resume una de las frases más emblemáticas de la comunidad: “Tengo cuatro piernas, ¿por qué tengo que caminar solo sobre dos?”.

Otro de los conceptos centrales es el “shifting” (cambio), que Therian Guide define como un término paraguas que “engloba las transiciones percibidas en el estado mental o sensorial: un tránsito donde la percepción humana cede espacio a la animal”.

Esta vivencia se manifiesta de diversas formas. Puede ser un cambio mental, donde la persona reacciona o procesa estímulos como lo haría su animal; un cambio sensorial, que agudiza la percepción del entorno; o incluso la sensación de “miembros fantasmas”, donde el individuo siente físicamente partes que no posee, como garras o una cola.

Y para gestionar esta brecha entre lo que sienten y lo que ven en el espejo, muchos recurren al “gear” o equipo. No son simples disfraces, sino herramientas como máscaras artesanales o colas que ayudan a exteriorizar su identidad. 

Otro de los malentendidos más extendidos al abordar este fenómeno es confundir a los “therians” con el universo “furry”. Aunque estéticamente puedan compartir elementos, la raíz de cada movimiento es radicalmente distinta. 

Mientras que el “furry” engloba un interés por personajes animales con rasgos humanos, la subcultura “therian” se sitúa en un plano ontológico: para ellos, no es algo que se tiene, sino algo que se es.

Regreso al instinto ancestral

Sin embargo, a pesar de la intensidad de estas vivencias, la comunidad parece consciente de las limitaciones de la ciencia: “Es biológicamente imposible transformarse en tu ‘teriotipo’ real”, aclaran con rotundidad desde la sección de preguntas frecuentes de Therian Guide

Esta identidad no viaja sola: los “therians” forman parte de un ecosistema más amplio conocido como “Otherkin”, una comunidad que engloba a quienes se identifican con seres mitológicos y fantásticos, desde dragones hasta elfos pasando por vampiros o hadas. 

El salto de los foros privados al escaparate global de TikTok (donde ya hay más de 1,7 millones de publicaciones relacionadas) ha sacado a la luz una realidad que, hasta hace poco, permanecía en su nicho. 

Y, mientras el fenómeno se viraliza, el debate social se intensifica, alimentado por la preocupación de padres y expertos, y salpicado por la polémica de quienes ven una viralidad fácil en hablar sobre esta tendencia.

En esta línea, el manifiesto para familias de Therian Guide intenta rebajar la tensión, señalando que “es común que los adolescentes exploren quiénes son y su lugar en el mundo probando diferentes identidades”. Eso sí, señalan que “si hay una explicación más simple para tus experiencias, probablemente sea la correcta”. 

Además, muchos de los miembros de esta comunidad aseguran llevar vidas normales, pero subrayan que comprender su “lado animal” les ayuda a “gestionar el estrés del mundo moderno” y a ser, paradójicamente, más funcionales.

Pero, ahora, a raíz de la reciente viralización, en redes sociales han circulado vídeos de “quedadas `therian´” que terminaron en enfrentamientos, con grupos de detractores acosando a los jóvenes tras sus máscaras y que han requerido en algunos casos intervención policial.

En una era donde los límites de lo que significa ser “humano” se ven constantemente desafiados por la tecnología y la cultura digital, estos jóvenes eligen, irónicamente, mirar hacia lo ancestral y lo instintivo para intentar encontrar su lugar en el mundo veloz e hiperconectado.

Por Nora Cifuentes.

EFE / Reportajes.

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