¿Cree usted que hay que pegarle a un niño para que aprenda a respetar?

A pesar de que solo el 12.1 % de los cuidadores considera necesario el castigo físico, la violencia en la disciplina sigue presente

Imagen alusiva al maltrato infantil. (Archivo / DL)

Si respondió que no, usted forma parte de la gran mayoría de madres, padres y cuidadores que dice no considerar necesario el castigo físico para educar a un niño. Según la ENHOGAR-MICS 2025, solo el 12.1 % cree que pegar es necesario para criar o corregir.

Pero lo que ocurre dentro de los hogares muestra otra realidad. Es decir, aunque pocos adultos dicen justificar los golpes, más de la mitad de los menores estuvo expuesta a castigos físicos, agresiones psicológicas o ambas formas de violencia.

La Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples ENHOGAR-MICS 2025 establece que el 54.9 % de los niños de 1 a 14 años experimentó algún método violento de disciplina durante el mes anterior a la entrevista. En 2019 era el 63.5 %, una reducción de 8.6 puntos porcentuales.

El descenso rompe con el estancamiento observado entre las dos mediciones anteriores. En 2014, el indicador se encontraba en 62.9 % y cinco años después había aumentado ligeramente hasta 63.5 %. Es decir, la caída apreciable aparece entre 2019 y 2025.

Sin embargo, el promedio nacional oculta diferencias importantes.

En 2025, el 60.3 % de los menores pertenecientes al quintil más pobre experimentó disciplina violenta, frente al 41.4 % de los ubicados en el quintil de mayores ingresos: una diferencia de 18.9 puntos porcentuales.

La brecha era mucho menor en 2019. Entonces, la disciplina violenta afectaba alrededor del 66 % de los menores del quintil más pobre y al 61 % de los del más rico, una distancia cercana a cinco puntos.

Los datos indican, por tanto, que la mejoría registrada durante los últimos seis años no se ha distribuido de igual manera: entre los hogares de mayores ingresos la incidencia cayó cerca de 20 puntos porcentuales, mientras entre los más pobres la reducción fue de alrededor de seis puntos.

La diferencia es todavía más llamativa al retroceder hasta 2014. En aquel año prácticamente no existía brecha por ingresos: el 63.5 % de los niños del quintil más pobre y el 62.7 % de los del más rico habían experimentado métodos violentos de disciplina.

Menos golpes, pero siguen siendo frecuentes

El indicador general comprende tanto los castigos físicos como las agresiones psicológicas.

La ENHOGAR-MICS 2025 establece que el 37.9 % de los niños de 1 a 14 años experimentó algún castigo físico durante el mes previo a la encuesta, mientras el 43 % sufrió agresiones psicológicas, categoría que incluye gritos, insultos y expresiones ofensivas. El castigo físico considerado severo alcanzó al 2.5 %.

Los tres indicadores muestran mejorías frente a 2019.

En aquella encuesta, alrededor de la mitad de los menores había recibido algún castigo físico y otro 50 % había experimentado agresión psicológica. Los castigos físicos severos alcanzaban aproximadamente el 4 %.

Esto supone una reducción de alrededor de 12 puntos porcentuales en el castigo físico y de siete puntos en la agresión psicológica en seis años.

También aumentó el uso exclusivo de mecanismos de disciplina no violenta. En 2019, solo uno de cada cuatro niños había sido disciplinado únicamente mediante métodos no violentos. En 2025, la proporción alcanzó el 31.2 %.

Aun así, el método violento continúa siendo más frecuente que la disciplina exclusivamente no violenta.

Los niños de tres y cuatro años siguen siendo los más expuestos

La violencia tampoco afecta por igual a todas las edades.

El grupo de tres a cuatro años presenta la mayor incidencia, con un 61.4 %. Le siguen los niños de cinco a nueve años, con 57.9 %; los de 10 a 14 años, con 52.4 %, y los de uno y dos años, con 45.9 %.

La situación ha mejorado respecto a 2019 en todos los grupos, pero la estructura prácticamente se mantiene.

Seis años atrás, el 70.4 % de los niños de tres y cuatro años experimentaba disciplina violenta. Entre los de cinco a nueve años era 66 %; entre los de 10 a 14, 61.1 %, y entre los de uno y dos años, 55.3 %.

Los niños de tres y cuatro años, por tanto, continúan siendo el grupo de edad más expuesto pese a una reducción de nueve puntos porcentuales.

Una contradicción

Otro resultado de la encuesta introduce una aparente contradicción.

En 2025, el 12.1 % de las madres y personas cuidadoras respondió que considera necesario castigar físicamente a un niño para criarlo o educarlo adecuadamente.

En 2019 esa proporción era de apenas 8.8 %. Es decir, mientras la utilización reportada de métodos violentos disminuyó, la proporción de adultos que declara considerar necesario el castigo físico aumentó 3.3 puntos porcentuales.

El cambio equivale a un crecimiento relativo de alrededor del 38 % en la aceptación declarada del castigo físico entre ambas mediciones.

También en este indicador aparecen diferencias económicas. En 2025, el 16.1 % de los cuidadores pertenecientes al quintil más pobre consideraba necesario el castigo físico, frente al 9.4 % del quintil más rico. En la zona rural alcanzaba el 13.6 %, contra 11.5 % en la urbana.

La diferencia entre lo que los adultos consideran correcto y lo que efectivamente ocurre dentro del hogar sigue siendo considerable: solo el 12.1 % afirma que el castigo físico es necesario, pero el 37.9 % de los menores fue sometido a algún castigo físico y el 54.9 % experimentó alguna forma de disciplina violenta.

Violencia aprendida y normalizada

Un estudio cualitativo publicado por Unicef en agosto de 2026 ayuda a explicar esa distancia.

La investigación sobre los determinantes asociados al castigo físico y la violencia psicológica concluye que intervienen simultáneamente las experiencias de crianza de los propios adultos, las creencias sobre la autoridad, las condiciones de vida y normas sociales históricamente arraigadas que permiten que la violencia continúe siendo percibida como una forma legítima de disciplina.

El organismo señala, al mismo tiempo, que existe disposición entre muchas familias para modificar esas prácticas, pero que requieren herramientas para establecer límites y manejar conflictos sin recurrir a golpes, gritos o humillaciones.

Carlos Carrera, representante de Unicef en República Dominicana, resumió el problema al señalar que todavía persiste la idea de que para lograr respeto de un niño es necesario generar miedo y que el desafío consiste en demostrar que ejercer autoridad y establecer límites no requiere violencia.

Una encuesta de casi 30,000 hogares

Los resultados proceden de la ENHOGAR-MICS 2025, realizada por la Oficina Nacional de Estadística con apoyo técnico y financiero de Unicef y de la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales.

La investigación seleccionó 35,238 hogares, identificó 30,110 y completó entrevistas en 29,676, para una tasa de respuesta de 98.6 %. El trabajo de campo se desarrolló entre agosto y octubre de 2025.

La metodología MICS permite comparar los indicadores con las mediciones anteriores realizadas en República Dominicana y con encuestas efectuadas internacionalmente. La ONE considera la ENHOGAR-MICS como la principal fuente estadística nacional sobre las condiciones de vida y los derechos de la niñez y la adolescencia.

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