Jefry Yan: de cargar techos y hacer entregas a lanzar a 101 millas en Grandes Ligas

Jefry Yan, nacido en San Rafael del Yuma, ha recorrido un camino lleno de desafíos para llegar a las Grandes Ligas

Jefry Yan festeja tras lograr su primera entrada en MLB. (ARCHIVO / AFP)

Cuando Jefry Yan soltó una recta a 101.1 millas por hora con el uniforme de los Mets, el radar registró algo más que el lanzamiento más veloz de un zurdo en la franquicia desde que existe Statcast. Detrás de esa pelota viajaban años de una carrera que, en algún momento, parecía cerrada: una cirugía Tommy John, techos bajo el sol de Arizona, jardinería, repartos a domicilio y entrenamientos al caer la tarde, cuando terminaba la jornada laboral.

Nacido en San Rafael del Yuma el 17 de agosto de 1996, Yan llegó a las Grandes Ligas a los 29 años, sin seguir el itinerario habitual del prospecto dominicano que firma adolescente y asciende por las menores hasta recibir la llamada. El suyo fue un camino de salidas, regresos y una obstinación difícil de explicar solo con estadísticas.

Los Angelinos lo firmaron como agente libre internacional en 2013, con 16 años y un brazo zurdo que despertaba interés. Mejoró notablemente en 2015, pero el codo cedió, y en 2016 pasó por Tommy John, con buena parte de los dos años siguientes dedicados a la rehabilitación en Arizona. Cuando la organización quiso reenviarlo a la liga de verano dominicana, se negó a reportarse; lo colocaron en la lista restringida y su carrera quedó en suspenso. Pero Yan se quedó en Arizona.

Los Expendables

Fuera del béisbol organizado y necesitado de ingresos, construyó otra vida sin abandonar del todo la primera. Se integró a The Expendables, equipo semiprofesional de Phoenix formado por exjugadores de sistemas profesionales, y allí siguió compitiendo los fines de semana mientras colocaba techos, cortaba césped y repartía pedidos, una etapa que MLB documentó en unos tres años y medio. Entrenaba mientras tanto, porque nunca dejó morir el sueño de llegar a las Grandes Ligas.

En ese equipo conoció a Víctor Silverio, antiguo ligamenorista de los Angelinos, a quien pidió que lo entrenara. Nació así una rutina reveladora: a las cinco de la tarde, tras la jornada laboral, se encontraba con Silverio y su hijo Joseph en Cielito Park, y en ocasiones dormía en casa de la familia. Al mismo tiempo insistía a los Angelinos para que lo liberaran; la libertad llegó en 2019, la oportunidad no. Envió videos a scouts sin respuesta inmediata, se casó con María y siguió esperando, hasta que el radar volvió a hablar por él.

Miami abre otra puerta

Para 2021 su recta viajaba de nuevo en la parte alta de las 90 millas, y los Marlins se adelantaron a los Yankees con un contrato de ligas menores. Con Miami llegó hasta Triple A y en 2023 firmó 102 ponches en apenas 57 entradas. También pulió la celebración que lo haría reconocible: tras ciertos ponches salta, abre las piernas en el aire y cae casi en split, gesto que dice no dirigir contra el bateador, sino celebrar.

Japón y el viejo problema

Agente libre tras 2023, firmó en 2024 con los Saitama Seibu Lions de Japón. En 37 apariciones y 30? entradas ponchó a 35 bateadores, pero permitió 32 hits y 19 boletos, con efectividad de 5.58. El dilema de siempre: puede ponchar, pero no siempre sabe dónde terminará la pelota.

De vuelta en Estados Unidos firmó con Colorado, donde en la primavera de 2025 se volvió sensación por sus celebraciones y por un repertorio que Bud Black consideraba difícil de descifrar, aunque tampoco entonces subió a Grandes Ligas. Los Mets lo incorporaron después y allí la velocidad dio otro salto: de los 97-98 con los Rockies a tocar y superar las 100 millas, con una recta/sinker y un slider que, saliendo del lado zurdo, complican identificar temprano el lanzamiento.

En 2026, entre Doble A Binghamton y Triple A Syracuse, sumó 77 ponches en 41? entradas con 3.24 de efectividad, antes de la llamada esperada por más de una década. Debutó el 5 de agosto ante Cleveland: llenó las bases con dos sencillos y una base por bolas, se creó su propio problema y salió de él ponchando a dos sin permitir carrera. Y saltó, como siempre lo hace tras el primer ponche.

El brazo y el control

Que Yan tiene material de Grandes Ligas ya no se discute: 101.1 mph desde el lado izquierdo, marca más alta de un zurdo de los Mets en la era Statcast, y más de 16 ponches por cada nueve innings antes del ascenso. La duda es si lanzará suficientes strikes. Cuando controla la recta obliga al bateador a reaccionar cerca de las 100 millas y saca el swing fallido con el slider; cuando pierde el comando, los boletos se acumulan y el brazo termina jugando en su contra. Así ocurrió este martes ante Atlanta, donde entró como relevista y concedió boletos y lanzamientos descontrolados que contribuyeron a una carrera de los Braves.

  • A punto de cumplir 30 años, Yan ya no es un prospecto convencional, sino algo más raro: un pitcher que llegó tarde por tener que abrirse camino desde fuera del sistema. El brazo que se negó a abandonar lo llevó hasta los Mets. El control decidirá cuánto tiempo podrá quedarse.

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