Copa Mundial, inmigración y la apuesta de RD
Casi un cuarto de los jugadores en esta cita nació fuera del país que representa
La Copa del Mundo 2026 refleja un planeta interconectado por la migración y revisar los planteles demuestra una realidad contundente: el talento ya no entiende de fronteras, y las canteras de Europa son manufactureras de identidad futbolística global.
De los 1,248 jugadores inscritos en el torneo, 289 nacieron en un país distinto al que representan; son un 23 % o casi un cuarto. Los 26 de Curazao nacieron en Países Bajos, un caso entendible pues el primero es territorio autónomo del segundo. El fenómeno se explica mejor con la República Democrática del Congo (20), Marruecos (19), Bosnia y Herzegovina (17), Argelia (16), Haití (16) y Túnez (15) donde los “extranjeros” superan a los nativos.
Ni siquiera la campeona defensora, Argentina (2), se escapa; tampoco candidatos al cetro como Francia (3), Portugal (2), Inglaterra (1), España (1) y Alemania (1) o países con baja inmigración como Japón (1) y Corea del Sur (1). Hasta México (5) cedió.
Cuando arrancó el siglo, en la cita de Corea-Japón 2002, bajo el formato de 32 equipos y 736 jugadores, los futbolistas en esta condición eran 63, equivalente al 8.6 %. El punto de quiebre antes del escenario actual se dio en Qatar 2022. Con 32 selecciones, de los 832 jugadores hubo 137 que nacieron en el país distinto al que defendían, trepando al 16.5 %.
Las fábricas de talento
El fenómeno sociopolítico de la inmigración y las sofisticadas estructuras de formación en Francia (que tendrá 99 jugadores repartidos en 12 países), Países Bajos (67), Alemania (50), Inglaterra (49), España (36), Bélgica (36) y Suecia (36) transformó a estas naciones en auténticas factorías de futbolistas transnacionales.
Ya sea por identidad con el país de sus padres o por menor posibilidad de jugar para el territorio donde nació por una mayor competencia, la flexibilidad de la FIFA se presta para crear este paisaje.
- Los padres de Zinedine Zidane, mito que hizo a Francia campeona en 1998, son argelinos. Ahora, su hijo Luca será el portero de Argelia, tras agotar su paciencia esperando una llamada de los galos.
Lejos de debilitar el deporte, el factor migratorio ha democratizado el nivel competitivo del torneo. Gracias a la doble nacionalidad y a los flujos migratorios de las últimas décadas, países que históricamente contaban con menos infraestructura deportiva ahora compiten en la élite con atletas formados bajo los más altos estándares europeos. En 2026, el éxito en la cancha se escribe con los pies de una juventud global que celebra sus raíces sin olvidar dónde se formó su talento.
La República Dominicana ya aprovecha ese enfoque y apunta al futuro con él. Del equipo que fue a Copa Oro en 2025 hubo 14 suministrados por la diáspora. Y el futuro apunta a ir en esa dirección, sin renunciar a trabajar en las bases en Quisqueya.