La campeona del fútbol
La revolución silenciosa de la España que volvió a tocar el cielo
Al fútbol se juega de muchas maneras. Desde muy pequeños se nos enseña el vínculo con la pelota, el control, el pase, me la das, te la devuelvo. Cómo ubicarse en la cancha, la noción de los espacios, el regate, el desborde, el centro, el balón al vacío, el remate, el gol. Son fundamentos que se repiten una y otra vez para poder convertirse en una idea de juego que caracteriza y le da identidad a los equipos.
El juego de tenencia del balón ha sido, en los últimos veinte años, el modelo que más éxito ha alcanzado en el fútbol de alto nivel. Ataco y me defiendo con la posesión; cuando no la tengo, la recupero, avanzo, retrocedo, me repliego, inicio la jugada las veces que sea necesario, pero con ella siempre pegada al pie.
España es campeón del mundo jugando a ese fútbol, fiel a su estilo, sin renunciar ni un ápice a una apuesta que a muchos, a pesar de haber amanecido celebrando, no les termina de gustar.
Dieciséis años después vuelven a salir campeones. En el ínterin, recuerdo bien las críticas tras las eliminaciones en Brasil, Rusia y Qatar, donde se pedía de forma muy aireada el cambio de estilo. Como la esencia se asemejaba, yo diría que ahí nace, al modelo de un determinado club, el recelo era latente.
Una de las primeras preguntas que le hicieron a Luis De la Fuente al asumir como seleccionador fue precisamente si llegaba para cambiar el estilo. Y las cosas cambiaron, sí: trabajó para estructurar un grupo cuya fortaleza es el colectivo, pero sin darle la espalda jamás, ni siquiera en los momentos más complicados de su gestión, a la posesión.
Contra Portugal, Bélgica, Francia y, en la final contra Argentina, asistimos a verdaderos recitales de fútbol. La banda de De la Fuente sonó al ritmo del mejor fútbol colectivo posible. Lo de Rodri iguala o supera a su versión Balón de Oro, la defensa se mantuvo excelsa, apenas un gol recibido en todo el torneo, con un Cubarsì que, con apenas diecinueve años, se proyecta para leyenda; fue la banda también de los cinco goles de Oyarzabal, los de Merino y el histórico de Ferrán.
El campeón del mundo es el campeón del fútbol, un equipo que refleja la España de estos tiempos: joven, trabajadora, con sueños, con historias de hijos de las migraciones que aportan, y de qué manera; un grupo, como dice el seleccionador, de buenos futbolistas, pero sobre todo de buenas personas.