República Dominicana entra en grupo de países con nivel de “hambre cero”, según la FAO
El país produce más del 85% de los alimentos que se consume
La subalimentación cayó de 8.7 % en 2019 a 3.6 % en 2025
La República Dominicana alcanzó un hito en materia de seguridad alimentaria al ser ubicada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) entre los países con nivel de “hambre cero”.
La clasificación reconoce que la subalimentación dejó de ser un problema estructural para la inmensa mayoría de la población.
El anuncio se produce en un contexto mundial en el que el hambre continúa afectando a entre 608 y 696 millones de personas y en el que África, por primera vez, supera a Asia como el continente con mayor número de personas subalimentadas.
La decisión de la FAO no significa que en el país haya desaparecido el hambre ni que ninguna persona padezca privaciones alimentarias. Lo que refleja es que la prevalencia de la subalimentación crónica cayó por debajo del umbral utilizado por el organismo para considerar que un país ha salido del denominado “mapa del hambre”.
Es la capacidad del país para abastecer el consumo interno del país. Los alimentos consumidos en el país son producidos localmente
Esa medición se basa en la proporción de personas que, de manera sostenida, no consumen las calorías mínimas necesarias para llevar una vida activa y saludable.
El reconocimiento es el resultado de una tendencia observada durante los últimos años. De acuerdo con datos presentados por las autoridades dominicanas y validados por la FAO, la prevalencia de la subalimentación pasó de 8.7 % de la población en 2019 a 3.6 % en 2025, una reducción que colocó al país por debajo del promedio regional y lo encaminó hacia este reconocimiento internacional.
La FAO atribuye este tipo de avances a estrategias integrales más que a medidas aisladas. En el caso dominicano confluyeron el crecimiento económico, el fortalecimiento de la producción agropecuaria, la expansión de los programas de protección social y el incremento del poder adquisitivo de amplios sectores de la población.
El Gobierno también ha destacado la ampliación de los Comedores Económicos, el programa Aliméntate, el sistema de alimentación escolar y los aumentos salariales aplicados en los últimos años como factores que contribuyeron a mejorar el acceso de los hogares a los alimentos.
Producción local
Otro elemento señalado por las autoridades ha sido la capacidad del país para abastecer buena parte de su consumo interno con producción nacional. Más del 85 % de los alimentos consumidos en la República Dominicana son producidos localmente, lo que reduce la vulnerabilidad frente a las interrupciones del comercio internacional y las crisis de precios.
El reconocimiento adquiere mayor relevancia cuando se observa el panorama internacional. El más reciente informe sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo (SOFI) muestra que, aunque el hambre mundial disminuyó por tercer año consecutivo, el progreso sigue siendo desigual.
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África concentra actualmente el mayor número de personas subalimentadas del planeta y las Naciones Unidas advierten que cientos de millones de personas continuarán padeciendo hambre al finalizar la década si no se aceleran las políticas públicas y la cooperación internacional.
Para la República Dominicana, el desafío no termina con este reconocimiento. La propia FAO ha advertido en ocasiones anteriores que los avances pueden revertirse si se debilitan las políticas de apoyo al campo, la protección social o la capacidad de respuesta frente a fenómenos como el cambio climático y la inflación alimentaria. Asimismo, el organismo ha llamado la atención sobre otros retos nutricionales, como el aumento de la obesidad y el sobrepeso, que conviven con la reducción del hambre y constituyen una nueva etapa de las políticas de alimentación y salud pública.
La clasificación alcanzada representa, por tanto, un reconocimiento al progreso logrado en materia de seguridad alimentaria, pero también un compromiso para preservar las condiciones que hicieron posible ese avance y evitar que los sectores más vulnerables vuelvan a caer en la inseguridad alimentaria.