Ataques ambiciosos
A medida que los años pasan, los ataques cibernéticos se hacen más graves y notorios. Lo que comenzó como intrusiones de piratas informáticos aficionados en equipos de cómputo personales, se extendió luego a la esfera de los negocios, dejando de ser actividades de jóvenes interesados en probar su destreza, para convertirse en actuaciones para causar daños maliciosos, o ganar dinero extorsionando a las víctimas. Y a partir de ahí se propagó al ámbito de gobiernos y entidades multinacionales.
Pero aparte de que los ataques son más serios y visibles, con el transcurso del tiempo los hackers se han hecho más ambiciosos. Todavía persisten las intrusiones realizadas por estudiantes desde sus habitaciones, de las que después se jactan entre sus colegas, pero ahora se menciona la participación de grupos organizados, algunos amparados o auspiciados por gobiernos y dependencias oficiales, cuyas metas involucran sustraer secretos tecnológicos y militares, secuestrar instalaciones, desestabilizar sistemas políticos, y conocer los planes y estrategias de países y empresas rivales.
En ese sentido, las víctimas poco importantes no son tan atractivas. Estudios al respecto muestran que la probabilidad de que una compañía con 300 o más empleados sea atacada, es dos y media veces la de que lo sea una empresa con menos de 50 trabajadores. Y a mayor tamaño, mayor es la recompensa y el valor de los datos que pueden extraerse.
Las perspectivas no son optimistas, pues los hackers parecen estar siempre un paso adelante de los desarrollos de programas de seguridad, y de la vigilancia de las agencias estatales que los persiguen. Cada vez que sale un nuevo programa, o incluso un nuevo dispositivo de procesamiento o comunicación, los hackers descubren vulnerabilidades que pueden aprovechar.
Encriptar las informaciones es un procedimiento muy utilizado, pero los nuevos computadores cuánticos que están por llegar descifrarán las claves actuales en poco tiempo.