Informalidad: salvación del dominicano emprendedor y fracaso de las instituciones

Impuestos y regulaciones como incentivos a la economía informal

Un mercado laboral que empuja a los dominicanos fuera de la formalidad (Archivo/Diario Libre)

La informalidad es un fenómeno universal, que afecta a unos países más que a otros. En sentido general, existe informalidad como reflejo de que el costo de la legalidad es muy alto. Las reglas de juego prevalecientes en el caso de la República Dominicana impulsan a los ciudadanos a operar fuera del ámbito legal. 

El dominicano es muy emprendedor y resiliente. En consecuencia, no debe sorprender que, ante la incapacidad de las instituciones formales para generar un entorno favorable a las actividades económicas —con pocas trabas y bajos costos—, la informalidad laboral alcance el 54.6 % según datos de la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo (Encft). En términos más generales, nuestras estimaciones sitúan la informalidad en la economía en torno al 60 %.

De acuerdo con los datos de la Encft, en el último año el número de empleados formales aumentó en 103,203 personas. Nos referimos a empleados, no a ocupados en la economía.

El punto a resaltar es que de esos asalariados formales, 64,909 fueron nuevos empleados del Estado. Los restantes 38,294 encontraron trabajo en el sector privado. Lo anterior indica que el 62.8 % de los empleados formales nuevos del último año fueron empleados por una entidad estatal. Esa cifra contribuyó a que las cifras de informalidad o de desempleo no fueran más elevadas.

Dificultades de la economía formal 

La economía formal presenta muchas dificultades. Está diseñada para que la mayoría de los ocupados tengan que recurrir a la informalidad como una vía de salvación para poder obtener ingresos

¿Qué dice la ciencia económica sobre la informalidad y sus incentivos? Que los impuestos y las costosas regulaciones llevan a las empresas y a los empleados a la clandestinidad. Los costos de operar una empresa, incluyendo los laborales, y de pagar impuestos no son triviales. En consecuencia, influyen en las decisiones de las personas sobre si establecer una operación formal o en la informalidad.

La ciencia económica nos enseña que los impuestos inciden sobre los asalariados. Las empresas pagan los impuestos, pero sus menores ingresos recaen sobre todos los agentes económicos que participan en sus procesos de producción.

Por lo general, los empleados son los más perjudicados cuando las empresas deben reducir la contratación de más personal o de invertir.

Las inversiones en forma de maquinarias, herramientas, y hasta de activos intangibles que ayudan a los asalariados a ser más productivos, se vuelven más escasas y, por vía de consecuencia, se reducen las oportunidades de mayores remuneraciones y de contratación de un mayor número de asalariados.

Los costos laborales no salariales también inciden sobre las posibilidades de las empresas de poder ofrecer salarios más altos para una cantidad superior de empleados en condiciones de formalidad.

Este es un principio general y ha sido analizado en diferentes países: aumentos en los costos laborales no salariales, y en otros costos, como impuestos a los empleados, tienden a reducir las contrataciones dentro de la formalidad. El estudio Reducing the Costs and Enhancing the Benefits of Formality, publicado por el Banco Mundial, ofrece evidencias sobre la literatura económica al respecto.

Sin ganancias generales de productividad y tras un año de pobre desempeño económico, en febrero se producirá un incremento salarial por ley que tendrá un efecto, en el margen, sobre las decisiones de contrataciones formales.

En adición, sin una reforma que simplifique el sistema tributario, en mayo deberá empezar la tercera etapa de la factura electrónica, impactando a las empresas más pequeñas. Con un sistema tributario oneroso y complejo no debe esperarse un impacto relevante de esta medida sobre la informalidad. 

Por último, si se aprueba una reforma laboral sin reducir los costos laborales no salariales, en particular la cesantía, permanecerán incentivos para que un número importante de trabajadores y emprendedores continúen realizando contrataciones en la informalidad.

A partir de trabajos como los de Deirdre McCloesky, o del Nobel de Economía de 2025, Joel Mokyr, se comprende cómo la cultura que moldea a las instituciones y a la sociedad permite que la ciencia y la tecnología se vuelvan parte de la creación de valor en una economía. 

En esta semana las autoridades dieron a conocer sus proyectos estratégicos para el 2026. Sorprendió a más de uno que la estrategia de empleo formal esté basada en formación técnica.

Las enseñanzas del mismo Mokyr debieron haber hecho reflexionar sobre la necesidad del cambio en las condiciones del clima de negocios si se desea que esa formación, pagada con dinero de los ciudadanos, sea aprovechada, no ya en la formalidad, sino en la propia economía.

Se pueden introducir inputs en un proceso, pero si las condiciones no son favorables, no se obtendrán resultados de valor. 

En resumen, los ciudadanos de la República Dominicana merecen mayor libertad para realizar actividades productivas que les permitan generar empleos y obtener un salario, dentro de la formalidad. Lograrlo, pensar de esa forma estratégica, implicaría menos regulaciones, empezando por las impositivas, las laborales y extendiendo las transformaciones hacia las sectoriales.

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Una colaboración del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (Crees).