Un factor de riesgo en adultos jóvenes (COVID-19)
Vamos a encontrar a la variable ‘obesidad’ como un factor de riesgo que se coloca en un valor estadístico cada vez más relevante
¿Aprovecha la cuarentena para hacer recetas poco saludables o ingerir alimentos altamente calóricos?
Nuevos estudios con los casos recientes en Nueva York sugieren que los pacientes obesos (definido por un índice de masa corporal mayor de 30 kg/m2) tienen un mayor riesgo de complicaciones principalmente si son menores de 60 años. Se encontró que estos casos tenían una mayor tasa de ingreso a cuidados intensivos. (Simmonet, 2020)
¿Qué asociación podría existir entre obesidad e infección por SARS-CoV-2 (virus del COVID-19)?
La obesidad es un estado inflamatorio crónico que predispone a los pacientes a un mayor riesgo de complicaciones que incluye el uso de ventilación mecánica. Según un estudio (Luzi,2020) que evaluó el impacto de la obesidad con el virus de la influenza y las expectativas que se esperan con el COVID-19 de forma extrapolada, en pacientes obesos influye tanto la pobre inmunidad como el sedentarismo, y estos afectan no sólo al paciente en obesidad, sino que entendiendo el alto porcentaje de prevalencia (hasta un 40% de la población en Estados Unidos tiene obesidad) se sugiere que estos pacientes podrían contribuir al desarrollo de una cepa de virus más resistente al tratamiento, arrastrando consigo mayor mortalidad a quien se contagie.
Se proponen tres aspectos para trabajar este problema: ajuste nutricional con reducción leve de calorías, ejercicio físico de leve a moderado y considerar el uso de medicamentos para control de peso si se asocia con diabetes.
Si revisamos las publicaciones de nuevos casos, los análisis de pacientes hospitalizados y muertes ocurridas por esta pandemia, vamos a encontrar a la variable “obesidad” como un factor de riesgo que se coloca en un valor estadístico cada vez más relevante.
Nos preocupa la ligereza con la que se está manejando el cuidado del estilo de vida, principalmente con los niños en casa, el alto consumo de alimentos procesados y la tendencia que invita a aumentar de peso como una consecuencia ‘permitida’ de la cuarentena. Nuestra propuesta para prevención de este magno problema de salud incluye todo lo pertinente a fortalecer el sistema inmunológico y esto será posible, principalmente, con una alimentación saludable y ejercicio moderado.
Las pautas nutricionales no son generales, por lo que dar una “dieta de cuarentena” no tiene ningún valor si no se evalúa el contexto del paciente. Que esta información sirva de llamado de atención a realizar cambios positivos y en apoyo a la prevención.