El subibaja del petróleo y la RD
Ni libre ni competitivo, la realidad del esquema de hidrocarburos en el país
Cada vez que se anuncia el “subsidio” a los combustibles, surgen incomprensiones. El ciudadano empieza a percibir la paradoja del subsidio a un precio que el propio sistema ha contribuido a encarecer.
El problema es más profundo que el debate fiscal. En la República Dominicana no opera un mercado de combustibles en sentido clásico, sino un esquema altamente intervenido, creado por otro gobierno. El Estado fija semanalmente los precios, define márgenes y mantiene una carga impositiva elevada. El resultado es visible: precios uniformes en todo el país y una competencia que no se expresa en el valor final al consumidor.
Pero los intríngulis van más allá. La cadena de suministro está concentrada en pocos importadores y distribuidores, lo que limita la dinámica competitiva incluso antes de la intervención estatal. A eso se suma una estructura de costos relativamente rígida, donde los impuestos —en buena medida específicos— pesan más que las variaciones del propio petróleo.
Además, hay un hecho determinante: no producimos crudo. Somos tomadores de precios. Dependemos por completo de lo que ocurra en los mercados internacionales. No controlamos el costo base, solo decidimos cómo amortiguar su impacto interno. Ahí entra el subsidio, convertido en herramienta de gestión política y económica. No reduce el precio, sino que contiene sus alzas. Funciona como amortiguador, no como solución estructural.
Por eso, el debate no debería limitarse a “más o menos subsidio”, ni a “control o liberalización”. La cuestión de fondo es otra: ¿tiene sentido un sistema que combina alta recaudación, baja competencia efectiva y subsidios discrecionales?
Hoy, más que un mercado, lo que existe es un delicado equilibrio entre impuestos, control y dependencia externa. Mientras no se revise ese diseño, el precio seguirá siendo el mismo en todas partes… y el debate, también.